🚫⚠️Esta historia, termina en POLIAMOR. Sigan de largo si no les gusta y, no denuncien por fa...⚠️🚫
Seleriun, una deidad que intenta esconderse y encajar en un mundo mortal, a aceptar su inmenso poder.
Lucha contra su propia naturaleza, mientras el destino y sus enemigos lo obligan a revelarse.
(Es la continuación de "Luna de Plata")
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Furia silenciosa de sus prometidos
La tensión en el pasillo de la Academia era tan tangible que los estudiantes que pasaban por allí rodeaban al grupo como si evitaran una zona de desastre natural. Galen, el príncipe de Arev, tenía los puños tan apretados que sus nudillos soltaban pequeñas chispas azules, un signo de que su paciencia estaba a punto de estallar. A su lado, Alec mantenía una mirada tan gélida que el aire alrededor de sus pies comenzaba a escarcharse, creando una fina capa de hielo sobre las baldosas de piedra antigua.
-No vas a ir.- Sentenció Galen, bloqueando físicamente el paso hacia la gran puerta de roble de la biblioteca -Ese tipo tiene la palabra PROBLEMAS escrita en la frente con letras de oro. No me gusta cómo te mira, Sil.-
-Esta vez estoy de acuerdo con el dragón.- Añadió Alec, tratando de sonar razonable aunque su voz vibraba con una nota de celos posesivos -No sabemos cuáles son las verdaderas intenciones del hijo del Archiduque. Es un riesgo que no deberíamos correr.-
Seleriun, ajustándose las gafas de su disfraz de Sil, soltó un suspiro de cansancio. Sabía que sus prometidos estaban actuando desde el amor, pero su sobreprotección estaba empezando a ser contraproducente para su camuflaje.
-Si lo evito ahora, solo confirmaré que tengo algo que ocultar.- Susurró Seleriun con firmeza -Confíen en mí. Es solo una sesión de estudio. Eliot no puede hacerme nada en medio de la biblioteca.-
Los príncipes intentaron seguirlo a hurtadillas, ocultándose torpemente tras las armaduras decorativas, pero antes de que pudieran dar diez pasos, una mano firme se posó sobre sus hombros. Muelén, el elfo de paz, apareció con su habitual aura de serenidad infranqueable.
-Príncipes, qué coincidencia.- Dijo Muelén con una sonrisa que no aceptaba réplicas -Estaba buscándolos. Han llegado unos pergaminos antiguos sobre las corrientes marinas que Alec debe estudiar para ayudar a sus islas, y Nick ha solicitado que Galen use su fuego controlado para descifrar las runas térmicas. Es una tarea urgente.-
-Pero Muelén...- Intentó protestar Galen, mirando desesperadamente hacia la biblioteca.
-Es una orden de sus tutores reales.- Interrumpió el elfo con suavidad -Sil estará bien bajo mi vigilancia remota. Andando.-
A regañadientes, los novios fueron arrastrados hacia la sala de investigación profunda, dejando a Seleriun a merced del astuto Eliot.
Ya en la biblioteca, el silencio era absoluto, roto solo por el rasguear de alguna pluma lejana. Eliot no se molestó en buscar libros de historia. Se sentó en una mesa apartada, cruzó las piernas con elegancia y clavó sus ojos azules en Sil, analizándolo como si fuera un acertijo que finalmente había resuelto.
-Basta de teatro, "becado".- Soltó Eliot con una sonrisa peligrosa—. Sé que escondes algo masivo. Nadie con ese promedio atrae la atención devota de dos príncipes que usualmente se odian. ¿Quién eres realmente?-
Seleriun sintió un escalofrío. Sabía que Eliot no se detendría. Tras un momento de cálculo, decidió que una verdad parcial sería su mejor escudo. Bajó la voz y, con una seriedad impropia de un simple becado, le reveló que Galen y Alec eran sus prometidos y que estaban allí debido a un vínculo místico que requería protección absoluta.
Eliot se quedó mudo por un segundo, procesando la información, y luego, para asombro de Seleriun, saltó de su asiento y comenzó a aplaudir con un júbilo casi infantil.
-¡Es fantástico! ¡Mejor que cualquier chisme de la corte!- Exclamó Eliot -Mi padre quería que viniera a "disciplinarme", pero esto es mil veces más divertido. Hagamos un trato, Sil: yo seré tu escudo. Como hijo del Archiduque, tengo más peso político que esos dos príncipes extranjeros. Si alguien sospecha de ti, diré que estás bajo mi protección personal. A cambio, solo pido un asiento de primera fila para ver cómo esos dos estallan de celos. Es un trato justo, ¿no?-
Seleriun, tras consultar esa tarde con sus padres y Nick a través del espejo mágico, quienes aceptaron que un aliado local era mejor que un enemigo curioso, aceptó la oferta.
Al caer la noche, Seleriun no regresó a su habitación. Se coló sigilosamente en la habitación 321, el lujoso aposento de sus príncipes. Galen y Alec saltaron de sus camas al verlo entrar, pero sus rostros se ensombrecieron al enterarse del nuevo "aliado".
-¡Es un loco!- Rugió Galen -¡No confío en él!-
Seleriun, recordando las estrictas advertencias de Nick sobre la moralidad y la convivencia antes de tiempo, tomó el control de la situación.
-Me quedaré aquí para que dejen de preocuparse.- Anunció Seleriun -)】Pero... Galen, Alec, ustedes dormirán juntos en esa cama grande. Yo dormiré solo en la otra. Y ni una palabra al respecto.-
-¡¿Qué?!- Exclamaron ambos. Dormir juntos era un sacrificio que su orgullo no estaba listo para hacer.-
Seleriun entonces usó su arma secreta: la carita tierna. Entornó sus ojos grises, apretó sus manos contra el pecho y dejó que sus labios temblaran un poco.
-Por favor... estoy agotado de fingir todo el día. Solo quiero dormir sabiendo que están cerca y que no están peleando. ¿No lo harían por mí?-
El ataque de ternura fue devastador. Los dos guerreros, derrotados, se metieron en la misma cama, dándose la espalda con una rigidez cómica. Seleriun se acomodó en su cama y, arropado por la presencia de sus vínculos, se durmió profundamente.
La noche fue una odisea de mantas robadas y codazos accidentales. Galen roncaba como un volcán en erupción y Alec se movía con la fluidez de una marea inquieta. Sin embargo, al amanecer, Seleriun se asomó a la cama de al lado y se encontró con una escena que le derritió el corazón: en algún punto de la madrugada, el frío y el instinto habían ganado. Galen estaba profundamente dormido, acurrucado de forma inconsciente entre los brazos de Alec, quien lo rodeaba protectoramente. Seleriun sonrió. Aunque pelearan, sus almas ya se reconocían como familia. No podía imaginar un futuro sin los dos a su lado.
El momento de paz terminó abruptamente en el desayuno. Al entrar al gran comedor, Eliot los esperaba con una sonrisa triunfal. Ante el silencio sepulcral de los estudiantes, Eliot tomó una uva y, con un gesto descarado, se la puso directamente en la boca a Sil.
Galen casi prende fuego al mantel y Alec estuvo a punto de invocar una tormenta en el techo, pero ambos tuvieron que contenerse. Muelén les había advertido: la academia estaba plagada de espías reales buscando al Heredero de Plata. Cualquier reacción excesiva por un "simple becado" sería la sentencia de muerte para su secreto.
Seleriun masticó la uva con resignación, sintiendo la furia silenciosa de sus prometidos. El camuflaje estaba a salvo, pero la guerra por su atención apenas comenzaba.