Cande, ceo de una gran empresa, muere y reencarna en Fiorella. Volviéndose la niñera del hijo del villano. El frívolo Giovanni. Tiene que proteger al niño para que no muera de una traición por parte de la corona. De lo contrario, ella es quien morirá. ¿lo malo a parte de que su vida depende de un niño? Es que nunca tuvo uno o cuido tan siquiera. Por eso, el joven amo le resulta tan estresante.
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Capitulo 13: Muerde el cebo, su majestad.
Fiorella permaneció en la sala de audiencias el tiempo suficiente para entender el ritmo de aquel lugar. Las voces se sucedían unas a otras con formalidad, algunos nobles hablaban más de lo necesario, otros preferían observar en silencio, esperando el momento correcto para intervenir. A pesar de que las palabras llenaban el espacio, el ambiente seguía siendo tenso, cada frase parecía medir cuidadosamente su peso antes de ser pronunciada.
Después de un rato Fiorella se inclinó ligeramente hacia Giovanni.
—Necesito salir un momento.
Giovanni giró apenas la cabeza para mirarla. Pero en su voz se notó una breve preocupación.
—¿Te sientes mal?
—No, solo necesito un poco de aire.
Gabriel levantó la vista desde la mesa.
—¿Vas a tardar?
—No demasiado —respondió Fiorella con calma—. Quédate aquí con tu padre.
El niño asintió, aunque su expresión mostró una ligera duda.
Giovanni la observó unos segundos más, luego hizo un gesto corto con la cabeza.
—Ve.
Fiorella se levantó sin llamar la atención. Caminó hacia la salida con paso tranquilo, sintiendo varias miradas seguirla, aunque nadie dijo nada. Cuando la puerta se cerró detrás de ella el ruido de la audiencia quedó apagado, el pasillo estaba más silencioso.
Avanzó unos metros, respirando con calma. Fue entonces cuando escuchó una voz femenina.
—No recuerdo haberla visto antes.
Fiorella giró la cabeza.
Una mujer estaba de pie cerca de una mesa pequeña junto al ventanal. Vestía con elegancia, sin exceso de joyas, pero con una presencia que imponía respeto sin necesidad de anunciarse.
Fiorella entendió de inmediato quién era.
La reina madre Lorin.
Lorin la observaba con una mezcla de curiosidad y análisis. Sus ojos recorrieron el vestido de Fiorella, su postura, la forma tranquila en que sostenía la mirada.
—Perdón si interrumpo —continuó la reina madre con tono cordial—. Pero la corte es un lugar pequeño cuando uno presta atención a los rostros, y estoy segura de que no nos han presentado.
Fiorella inclinó la cabeza con respeto.
—No, Majestad, no hemos tenido esa oportunidad.
—Eso pensé —respondió Lorin con una leve sonrisa—. ¿Forma parte de alguna de las casas del norte?
—No exactamente.
La reina la miró con más interés.
—Eso suena interesante.
Hubo un pequeño silencio.
Lorin tomó la taza de té que tenía frente a ella y luego señaló la mesa.
—Estaba a punto de tomar el té, pero no me gusta hacerlo sola, ¿le gustaría acompañarme?
Fiorella comprendió la importancia de aquella invitación.
—Sería un honor.
Se sentó frente a la reina madre con calma. Un sirviente apareció poco después para servir otra taza.
Desde el fondo del pasillo, sin que ellas lo notaran, Giovanni salió de la sala de audiencias un momento. Su mirada se detuvo cuando vio a Fiorella sentarse frente a Lorin.
Las observó durante unos segundos. Después regresó a la sala.
Sabía que aquella conversación podía ser útil, pero también sabía que acercarse a Lorin siempre implicaba riesgos. Y sin darse cuenta, le preocupaba Fiorella, porque no salía de su pensamiento en la audiencia.
Gabriel levantó la vista.
—¿Dónde está Fiorella?
—Volverá pronto —respondió Giovanni.
Massimo se inclinó un poco hacia su hermano.
—Dime algo que aún no me has contado.
Giovanni lo miró con calma.
—¿Sobre qué?
—Sobre los ataques contra el niño.
El silencio entre ambos duró apenas un segundo.
—No han terminado —respondió Giovanni.
Massimo frunció el ceño.
—¿Hubo otro intento?
—Anoche.
El rey se enderezó en su asiento.
—¿Dentro del castillo?
—Sí.
Gabriel estaba escuchando, aunque fingía mirar unos documentos sobre la mesa.
Massimo bajó la voz.
—Explícate.
—Encontré a dos hombres en el ala oeste —dijo Giovanni con total tranquilidad—. No pertenecían a la guardia, no eran sirvientes, entraron con la intención clara de llegar hasta el niño.
Massimo apretó la mandíbula.
—¿Los interrogaste?
—Intenté hacerlo.
—¿Intentaste?
—Ninguno quiso hablar.
El rey lo miró con atención.
—¿Qué hiciste entonces?
Giovanni no cambió el tono.
—Los maté.
Massimo se quedó en silencio unos segundos.
El rey pasó una mano por su barba con gesto pensativo.
—Eso significa que alguien dentro del castillo los ayudó.
—Exacto.
Massimo lo miró fijamente.
—¿Descubriste quién?
Giovanni sostuvo la mirada de su hermano.
—Tú y yo ya sabemos la respuesta.
El silencio que siguió fue más pesado.
Massimo negó lentamente con la cabeza.
—No.
—Massimo.
—No —repitió el rey con firmeza—. Puede que mi esposa haya cometido errores, puede que me haya mentido en algunas cosas, pero ordenar asesinatos dentro del castillo… no lo creo.
Giovanni lo observó sin suavizar la expresión.
—Tú quieres creer que no.
—Porque la conozco.
—Yo también la conozco.
Massimo se reclinó en la silla, visiblemente incómodo.
—Estás sacando conclusiones demasiado rápido.
—No —respondió Giovanni—. Estoy mirando lo que ocurre frente a nosotros.
Massimo volvió a dirigir la conversación hacia otro tema.
—Hablemos de tu esposa.
Giovanni levantó una ceja.
—¿Qué quieres saber?
—Todo.
Giovanni cruzó los brazos.
—No hay mucho que contar.
—Eso no es lo que parece —respondió Massimo con una pequeña sonrisa—. La forma en que la miras dice algo distinto.
Giovanni lo miró con evidente molestia.
—No empieces.
Massimo soltó una risa baja.
—Admite que la aprecias.
—Es fuerte —respondió Giovanni—. Más de lo que la mayoría de la gente soportaría.
—Eso no responde mi pregunta.
Giovanni guardó silencio un momento. Luego habló con cierta franqueza.
—Ha resistido cosas que habrían quebrado a otros. Gabriel la quiere y es suficiente para que ella esté aquí.
Massimo lo miró con curiosidad. Giovanni apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Además... nunca había conocido a alguien como ella.
Mientras tanto, en otra parte del castillo, Fiorella continuaba sentada frente a la reina.
Lorin sostenía su taza con elegancia mientras hablaba con naturalidad.
—El ambiente en el reino se ha vuelto complicado —dijo la reina—. Por eso Massimo convocó esta reunión de la corte. Necesita asegurarse de que los nobles sigan apoyándolo.
Fiorella escuchaba con atención.
—¿Hay desacuerdos?
—Siempre los hay —respondió Lorin—. Pero últimamente se han vuelto más ruidosos.
Fiorella inclinó ligeramente la cabeza.
—Supongo que gobernar nunca es sencillo.
—No lo es.
Hubo una breve pausa antes de que la reina hiciera la pregunta que llevaba tiempo esperando.
—Dígame algo… ¿de dónde conoce a Giovanni?
Fiorella respondió con total tranquilidad.
—Soy su esposa.
La reacción de Lorin fue inmediata. Sus dedos se tensaron alrededor de la taza.
—¿Su… esposa?
—Sí.
La reina se reclinó ligeramente en la silla, tomando cierta distancia.
—Eso es inesperado.
Fiorella mantuvo una expresión serena.
—Para muchos.
Lorin la observó con más cuidado ahora.
—Giovanni no es un hombre fácil. Y menos ahora que se resguarda siempre en su ala.
Fiorella dejó escapar una pequeña risa sin entusiasmo.
—Eso lo sé muy bien.
La reina entrecerró los ojos.
—¿Ah, sí?
Fiorella apoyó la taza sobre la mesa.
—La verdad es que lo detesto la mayor parte del tiempo.
La reina parpadeó, sorprendida.
—Oh... ¿a qué se debe?
—Me obligó a casarme con él —continuó Fiorella con tono seco—. Su carácter es insoportable, y tiene la costumbre de decidir todo sin preguntar.
Lorin comenzó a relajarse poco a poco.
—Asi es Giovanni.
Fiorella suspiró.
—Créame, si hubiera tenido opción habría elegido otra vida. No atarme a él.
La reina dejó escapar una risa breve.
—Empiezo a entenderla. Digo. Giovanni es una plaga.
El ambiente entre ambas se volvió más cómodo. Aunque para Fiorella le resulta fácil hablar mal sobre su esposo, sentía cierta incomodidad al escuchar a la reina expresarse con odio a la familia de Giovanni.
Entonces, Lorin mencionó otro nombre.
—Su primera esposa era muy distinta. Claudia. Era una mujer religiosa, amable, muy respetada por todos en la corte. Siempre tenía una palabra amable para cualquiera que se cruzara en su camino.
Fiorella se interesó mucho en ese caso. Hasta cambio de tono.
—¿Giovanni la amaba?
—Mucho —respondió Lorin—. Precisamente por eso. Los dos juntos eran como el limón más agrio bañado en la miel mas dulce.
Hubo un breve silencio. Fiorella no sabía porque sintió esa intensidad en su pecho.
—Murió en un accidente —continuó la reina, con un tono alegre sin ocultarlo—. El carruaje cayó por un barranco mientras viajaba con el niño.
Fiorella frunció apenas el ceño, pero otra cosa la hizo carta su atención.
—¿Gabriel?
—Sí, era apenas un bebé. Pero... sobrevivió.
La reina tomó un sorbo de té. Ocultando su mueca.
—Giovanni cayó en una depresión terrible después de eso —añadió—. Durante dos años apenas hablaba con nadie.
—¿Dos años?
—Muchos pensaron que no volvería a levantarse. Pero lo hizo. Y cuando volvió ya no era el mismo.
—¿En qué sentido?
—Se volvió más cruel, más frío, más peligroso. Ya no tenía sentimientos y le importa un bledo lo demás. Incluso con su hijo.
El silencio entre ambas se mantuvo unos segundos. Finalmente Lorin dejó la taza sobre la mesa.
—Ha sido una conversación interesante.
Fiorella asintió.
—Para mí también.
La reina la miró con una leve sonrisa.
—Debería visitarme mañana. En el desayuno. Aunque como siempre antes de que salga el sol. Deberes de una reina antes de comenzar a trabajar.
—¿Mañana?
—Sí —dijo Lorin—. Me gustaría seguir conversando.
Fiorella aceptó sin dudar.
—Será un placer, Majestad.
Cuando se levantó de la mesa comprendía perfectamente lo que había logrado.
La reina mordió el cebo sin esperarlo.
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