A los once años, Rutila Pavlov desapareció cuando su familia perdió todo. Hoy, Moscú tiembla ante "Miss Diablo" – una asesina invisible que azota la mafia.
Para vengarse, se casa con Xavier Orlov, el capo más temido de Rusia, obligado a cumplir una extraña voluntad familiar.
Nadie sabe que la esposa de Xavier es la asesina que todos buscan. Cuando él descubre la verdad, el amor podría ser su mayor peligro... o su única salvación.
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¿Que te pasa Ruth?
El salón de baile era un mar de seda negra y diamantes, un santuario de opulencia que celebraba el regreso de la heredera de los Pavlov Volkova. La música de cámara intentaba camuflar el murmullo de las lenguas bífidas que acechaban en las esquinas. Ruth recorría el lugar con la mirada, impecable. Sabía que entre los aplausos se escondían puñales, pero ella no solo esperaba a sus enemigos; deseaba que intentaran algo...
—De verdad empiezo a creer que tienes poderes —le susurró Federick al oído, acercándose lo justo para no romper el protocolo.
—¿Por qué lo dices? —respondió ella, sin que un solo músculo de su rostro se moviera.
—Nuestra gente acaba de confirmar la interceptación de tres camionetas a dos kilómetros, venían con intenciones de convertir tu banquete en un funeral —informó él con una sonrisa de orgullo —tus órdenes se cumplieron al pie de la letra...
Ruth esbozó una sonrisa gélida, una que no llegaba a sus ojos, fue una expresión siniestra que Xavier, al otro lado del salón, detectó de inmediato... Él se abrió paso entre los invitados, su presencia imponente y su traje negro impecable no lograban ocultar la irritación en su mandíbula apretada.
—¡Me vas a decir de una maldita vez qué está pasando! —espetó Xavier, bajando la voz lo suficiente para no causar una escena, pero con el veneno palpable.
Ruth simplemente hizo una leve inclinación de cabeza hacia Federick, este, con la eficiencia de una sombra, le mostró la pantalla de una tableta donde las cámaras de seguridad mostraban el destino de los atacantes, Xavier palideció un poco al ver la eficiencia del ejército personal de su esposa...
—Ah... y algo más —añadió Ruth, fijando sus ojos de acero en los de él —sacas a tu "invitada" de aquí ahora mismo, o créeme, Xavier, no te gustará mi método de desalojo..
—¿Qué? No lo haré. Olivia está bajo mi protección —respondió él, intentando reafirmar una autoridad que en ese salón pertenecía a ella,
Ruth soltó una risa seca, casi musical, y se acercó tanto que Xavier pudo oler el perfume costoso y el peligro que emanaba de su piel...
—Una sola humillación, Xavier. Un solo error más —le susurró, rozando su oreja con los labios —y ella será la próxima comida de mis bebés, te lo aseguró, a sí que no me hagas repetirlo; sácala de mi boda o lo haré yo a mi manera, donde yo estoy, ella sobra, que no se te olvide que, a partir de hoy, ella es solo la amante... una pieza desechable...
La voz de Ruth, cargada de una frialdad absoluta, provocó un escalofrío en la columna de Xavier, era una mezcla de furia y una fascinación oscura que no lograba comprender, sin decir una palabra más, él se giró bruscamente hacia el área de los baños. Ruth, con la elegancia de una pantera, le siguió el rastro a una distancia prudente.
—¿Ruth, de verdad vas a ensuciarte las manos hoy? —preguntó Federick, siguiéndola...
—Nadie me humilla en mi propia boda, Federick, y esta imbécil será la primera en aprender que el apellido de mi esposo es solo un adorno comparado con el mío —sentenció al doblar el pasillo de mármol... Las voces se filtraron desde el tocador.
—No le basto con ser tu esposa, ahora quiere borrarme... No puedes permitirlo, Xavi... —la voz chillona de Olivia cortaba el aire como un chirrido.
Ruth hizo acto de presencia sin necesidad de empujar la puerta con fuerza, simplemente entró, y el aire de la habitación pareció descender diez grados, Olivia, con un vestido que intentaba, y fallaba, competir con el de Ruth, la miró de arriba abajo con una audacia que se desmoronó al segundo de sostenerle la mirada a la heredera.
Ruth no gritó, no era necesario, la autoridad emanaba de su postura rígida, de sus hombros cuadrados de atleta y de esa mirada que parecía ver a través de la carne, se acercó a Olivia, invadiendo su espacio personal hasta que la otra mujer notó el frío de su presencia.
—Teper' ty vsego lish' lyubovnitsa, ne zabyvay ob etom —sentenció Ruth en un ruso impecable y profundo—. (Ahora solo eres la amante, no lo olvides)...
Olivia retrocedió instintivamente, chocando contra el lavabo de mármol, el miedo reemplazó la arrogancia en sus ojos al comprender que para Ruth ella no era una rival, sino un insecto que podía aplastar bajo su tacón sin remordimientos. Ruth ya ni siquiera la miraba; para ella, la mujer ya era un cadáver social...
—Uvedí yeyó (Sácala de aquí) —le ordenó a un escolta que aparecía tras Federick...
—¿Qué te pasa, Ruth? Ella es mi asunto, no el tuyo —intervino Xavier, furioso por la falta de control...
Ruth se rio, una carcajada genuina que resultó más aterradora que cualquier insulto...
—Desde que aceptaste mi dote y ser mi esposo para obtener el liderazgo de tu mafia y que no se fuera a la ruina en otras manos, Xavier, todo lo que haces es mi asunto —le espetó, tomándolo por la solapa del traje para enderezarle la corbata con un gesto violento —si tienes tantas ganas de verla, que sea en los suburbios, donde yo no tenga que olerla, ni verla, quedó claro... —sin esperar respuesta, le tomó la mano con una fuerza sorprendente y lo arrastró de vuelta al salón principal...
Las puertas dobles se abrieron y la orquesta comenzó el vals, Ruth sonrió a los fotógrafos con una calidez perfecta y falsa, mientras enterraba sus uñas en la palma de Xavier, bailaron frente a la élite de la mafia rusa, una pareja perfecta a los ojos del mundo, mientras sus ojos se prometían una guerra que apenas acababa de comenzar...