⚠️➕21 no denunciar ⚠️, ZAIRO y RUBÍ, una pareja de sicarios independientes, que cobran millones por cada trabajo bien realizado...
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5: la llamada
La tarde en Acapulco caía suave, con ese calor pegajoso que solo el mar puede hacer tolerable. El yate de Zairo y Rubí, un modelo de treinta y ocho pies llamado “Libertad”, se mecía con calma sobre las aguas turquesas de la bahía. Habían salido después del mediodía, sin prisa, solo para disfrutar el primer día completo de descanso real. La música sonaba baja desde los altavoces: una playlist de salsa y reggaetón viejo que les recordaba las fiestas de su juventud en México.
Rubí estaba recostada boca abajo en la cubierta de proa. Llevaba un bikini negro y el cabello suelto y desordenado para no quemarse la nuca. El sol bronceaba su piel dorada y resaltaba cada curva de su espalda, su cintura estrecha y la forma redonda de sus glúteos. Tenía los ojos cerrados, los auriculares puestos y una sonrisa tranquila en los labios. De vez en cuando movía los pies al ritmo de la canción, completamente relajada.
Zairo estaba sentado al timón, con un short de baño gris claro y sin camisa. Su cuerpo brillaba ligeramente por el sudor y el protector solar. Tomaba una cerveza fría de vez en cuando y miraba el horizonte, sintiendo esa rara paz que solo duraba cuando no había contratos de por medio. El teléfono seguro vibró dentro de la pequeña mochila impermeable que siempre llevaba a bordo. Lo sacó con desgano, miró la pantalla y frunció el ceño. Número desconocido, pero con código de Japón.
Contestó con voz neutra.
—¿Sí?
La voz al otro lado era calmada, educada y con un leve acento japonés marcado.
—Señor Zairo, soy yatsuki Hiroshi. Represento a un cliente muy importante. Entiendo que usted y su esposa son los mejores en la industria de sicarios. supongo que también se especializan en recuperar objetos de alto valor sin dejar rastros innecesarios. Tengo una pieza que nos fue robada hace tres semanas. Un grupo de mafiosos estadounidenses la tiene ahora. La pieza vale cien millones de dólares en el mercado negro. En el mercado legal su valor se triplica fácilmente. Mi cliente está dispuesto a pagarles cincuenta millones de dólares si la recuperan y se la entregan intacta.
Zairo se quedó callado unos segundos, procesando la información. Miró hacia Rubí. Ella seguía disfrutando del sol, ajena a la conversación, moviendo ligeramente los hombros al ritmo de la música. Las vacaciones apenas habían empezado. Habían planeado quedarse al menos dos semanas en Acapulco: paseos en yate, comidas en la playa, noches sin preocupaciones. Y ahora esto.
—Necesito más detalles —dijo Zairo, manteniendo el tono profesional pero sin entusiasmo—. Ubicación aproximada de la pieza, quiénes la tienen, nivel de seguridad y plazo.
Tanaka respondió con precisión, como si hubiera ensayado la conversación.
—Los ladrones están en Las Vegas. Operan desde un casino privado en las afueras. La pieza es un artefacto antiguo japonés: un katana ceremonial del siglo XVI con incrustaciones de oro y jade, perteneciente a la familia de mi cliente por generaciones. Tienen protección de varios hombres armados y sistemas de seguridad modernos. El plazo ideal sería antes de que la intenten subastar en dos semanas. Cincuenta millones, mitad por adelantado, mitad al entregar la pieza en Tokio.
Zairo soltó un suspiro bajo. La paga era excelente. Cincuenta millones por un robo de recuperación era más de lo que solían cobrar por eliminaciones. Sería un desperdicio rechazarlo solo por querer broncearse un poco más.
—Necesito hablarlo con mi esposa. Le respondo en una hora.
—Entendido. Espero su llamada.
Colgó y guardó el teléfono. Se levantó, caminó descalzo por la cubierta y se acercó a Rubí. Se hacerco y le hablo.
—Oye, princesa.
Rubí se quitó un auricular y giró la cabeza, mirándolo con un ojo entrecerrado por el sol.
—¿Qué pasó? ¿Se hundió el yate?
Zairo sonrió apenas, pero su expresión era seria.
—Llamada de trabajo. Un japonés, representando a un multimillonario. Quieren que recuperemos un katana antiguo que le robaron unos mafiosos gringos en Las Vegas. Ofrecen cincuenta millones de dólares. Mitad por adelantado.
Rubí se incorporó sobre los codos, el bikini ajustándose a su cuerpo. Su cara cambió por completo. Primero sorpresa, luego un puchero claro, como una niña a la que le acaban de decir que tiene que salir del parque de diversiones antes de tiempo.
—¿Cincuenta millones? ¿En serio? —bufó, sentándose del todo—. Apenas llevamos un día y medio aquí, Zairo. Un día y medio de sol, de no hacer nada, de estar los dos sin mirar por encima del hombro. ¿Ya nos van a joder las vacaciones?
Se cruzó de brazos, el cabello sacudiéndose por el viento. Zairo la miró con cariño. Le encantaba cuando se ponía así, aunque sabía que era puro teatro.
—Sé que apenas empezábamos a relajarnos —dijo él con voz calmada, pasándole un dedo por el brazo—. Pero la paga es demasiado buena para dejarla pasar. Es un robo de recuperación, no una ejecución. Entrar, tomar la pieza y salir. Podemos hacerlo rápido y volver aquí en menos de dos semanas. O incluso tomarnos más tiempo después, con el dinero extra.
Rubí hizo un sonido de protesta y se dejó caer de nuevo sobre la proa, boca arriba esta vez.
—Odio cuando tienes razón con el dinero… —murmuró, mirando el cielo—. Quería quedarme aquí flotando, tomando margaritas y que tú me untaras bronceador todo el día. Ahora vamos a terminar en Las Vegas, rodeados de luces neón y gente rara.
Zairo soltó una risa baja y se inclinó sobre ella, apoyando las manos a cada lado de su cuerpo. Su sombra la cubrió del sol.
—Vamos, no pongas esa cara. Tú y yo juntos, como siempre. Entramos al casino, encontramos el katana, lo sacamos sin que nadie se dé cuenta y regresamos a México con cincuenta millones más en la cuenta. Después podemos desaparecer un mes entero donde quieras.
Rubí lo miró desde abajo, intentando mantener el puchero, pero las comisuras de sus labios ya empezaban a temblar. Zairo se acercó más y le dio un beso suave en la boca, luego otro en la mejilla, y otro en el cuello.
—Además —susurró contra su piel—, imagínate lo bien que nos vamos a divertir planeando esto juntos. Tú con tus trucos de distracción y yo con la parte física. Somos buenos en esto.
Ella suspiró teatralmente, pero ya sonreía.
—Eres un manipulador… Sabes que no puedo decirte que no cuando me besas así.
Zairo se rio y la besó de nuevo, esta vez más profundo. Rubí enredó los dedos en su cabello y lo atrajo hacia ella por unos segundos. Cuando se separaron, ella tenía esa mirada decidida que él conocía tan bien.
—Está bien —aceptó al fin—. Acepta el trabajo. Pero con una condición: después de esto nos tomamos el mes libre. Nada de llamadas, nada de objetivos. Solo tú y yo.
—Trato hecho —dijo Zairo, sellando el acuerdo con otro beso corto—. Voy a llamar al japonés ahora. Mitad por adelantado, como siempre.
Se levantó y regresó al timón para hacer la llamada. Rubí se quedó sentada, mirando el mar. El puchero había desaparecido por completo, reemplazado por esa expresión concentrada que ponía cuando empezaba a pensar en estrategias. Ya estaba imaginando posibles disfraces, rutas de escape y cómo podrían usar el bullicio de Las Vegas a su favor.
Zairo habló brevemente con yatsuki. Aceptó los términos, confirmó que recibirían los veinticinco millones de adelanto en las próximas horas y pidió toda la información disponible sobre el katana y los mafiosos estadounidenses. Cuando colgó, guardó el teléfono y regresó con Rubí.
—Ya está —anunció, sentándose a su lado—. Dinero en camino. Salimos en tres días hacia Estados Unidos. Primero a Los Ángeles, luego a Las Vegas. Tenemos tiempo de disfrutar un poco más aquí antes de empacar.
Rubí se acercó y se sentó sobre sus piernas, rodeándole el cuello con los brazos.
—Entonces aprovechemos estos tres días como si fueran los últimos —dijo con una sonrisa traviesa—. Porque después vamos a estar trabajando otra vez.
Zairo la abrazó por la cintura y la besó con ganas, sintiendo el calor del sol en su piel y el balanceo suave del yate bajo ellos.
—Ese es el plan —murmuró contra sus labios—. Ahora ven aquí y ayúdame a olvidar que tengo que volver a ponerme ropa de civilizado.
Rubí rio y lo empujó suavemente hacia atrás sobre la proa. El yate siguió meciéndose tranquilamente mientras el sol bajaba en el horizonte, tiñendo el cielo de naranja y rosa. Las vacaciones se habían acortado, pero la emoción de un nuevo desafío ya empezaba a correr por sus venas. Cincuenta millones de dólares esperaban en Las Vegas, y ellos dos, como siempre, lo enfrentarían juntos.
Esa noche, de regreso en la casa de Las Brisas, revisaron juntos los primeros archivos que Tanaka les envió. Rubí ya no parecía molesta; al contrario, sus ojos brillaban con esa energía que solo aparecía cuando tenían un objetivo claro. Zairo la observaba mientras ella tomaba notas, pensando que, aunque las vacaciones se habían interrumpido, tenerla a su lado en cada misión hacía que todo valiera la pena.
Mañana empezarían los preparativos serios. Pero por ahora, solo quedaba disfrutar el poco tiempo libre que les quedaba en Acapulco.
me gusta la forma que describe cada personaje, la forma qué hace, qué el lector se imaginé esas escenas dónde él personaje vive ese momento de placer,angustia, desesperación y miedo todo eso me gusta sentir en las historias y si una historia no me atrapa con el título o la sinopsis, no la leo no es que sea exigente, pero creó que como lector quiero disfrutar de esa adrenalina o sentimiento que como escritores quieren transmitir le felicito por otra, historia y espero que puedan llegar a mas lectoras 👏👏💐💐
pero me quedo una duda 🤔🤔 que pasó con la traidora de Mariana, no me diga que piensa hacer una 2da historia 🤣🤣🤣 no creó pero si quiero saber si Mariana se fue a dormir con los peces 🤣🤣