🚫⚠️Esta historia, termina en POLIAMOR. Sigan de largo si no les gusta y, no denuncien por fa...⚠️🚫
Seleriun, una deidad que intenta esconderse y encajar en un mundo mortal, a aceptar su inmenso poder.
Lucha contra su propia naturaleza, mientras el destino y sus enemigos lo obligan a revelarse.
(Es la continuación de "Luna de Plata")
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El amor no necesita cronistas
El mes de tregua en el Palacio de Cristal transcurría con una paz engañosa. Aunque los pasillos brillaban con la luz de la luna, la tensión romántica entre los tres jóvenes era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo. Seleriun, ahora liberado de su disfraz de Sil por unas semanas, caminaba con su cabello de platino fluyendo como agua, tratando de asimilar que su vida de estudiante solitario había terminado para siempre.
Susy, por otro lado, estaba en su elemento. Para ella, esto no era solo la vida real... era la mejor trama que jamás hubiera tenido el placer de presenciar. Estaba sentada en una mesa de mármol en el jardín, con una pila de pergaminos y su pluma de fénix lista. A su lado, Muelén podaba con delicadeza unas rosas de cristal, observando a su esposa con una sonrisa llena de ternura y resignación. Él sabía que cuando a Susy se le metía una idea en la cabeza, ni siquiera el Espíritu de la Luna podría detenerla.
-¡Es que no tienen iniciativa!- Exclamó Susy, dándole un golpe a la mesa cuando vio a Galen y Alec entrenando a lo lejos, cada uno por su lado -Se salvaron del vacío, se juraron lealtad, pero actúan como si todavía tuvieran miedo de romperse. Necesitan una cita. ¡Urgente!-
Muelén rió suavemente, dejando sus tijeras.
-Cariño, dales tiempo. Han pasado de ser enemigos a ser compañeros de alma en menos de una semana. No es fácil procesar que ahora comparten el corazón de una deidad.-
-¡El tiempo es para los mortales, Muelén!- Replicó Susy con dramatismo -Yo estoy más enamorada de esta relación de tres que ellos mismos. ¡Es la tríada perfecta! El fuego, el agua y la plata. Si no los empujo un poquito, llegarán a la academia y seguirán lanzándose miraditas desde lejos.-
Sin perder un segundo, Susy llamó a los dos príncipes. Galen se acercó secándose el sudor de la frente, con sus alas azules desapareciendo en su espalda, mientras Alec caminaba con la elegancia innata de las mareas, aunque se veía inusualmente distraído.
-Escúchenme bien, par de tortolitos.- Diijo Susy, señalándolos con su pluma -Seleriun los aceptó, sí. Pero apenas se conocen. Si quieren que esto funcione, necesitan una cita. Una de verdad. Nada de entrenamientos, nada de política. Solo ustedes tres, conociéndose como personas.-
Galen se puso rojo hasta las orejas, algo raro en un dragón tan orgulloso.
-¿Una cita? Yo... yo no sé cómo hacer eso con dos personas a la vez. En Arev, simplemente llevamos una presa a la cueva y ya está.-
Alec soltó un suspiro refinado, aunque sus dedos juguetearon con su túnica.
-En las islas somos más sutiles, Susy. Pero Galen tiene razón. La dinámica es... nueva. ¿Cómo se supone que invite a Seleriun sin que el dragón intente quemar mi invitación?-
-¡Haciéndolo juntos!- entenció Susy -Sorpréndanlo esta noche en el mirador de las estrellas. Preparen algo que le guste. Conózcanse. Si no lo hacen, escribiré un capítulo de malentendidos que les durará todo el semestre.-
Muelén negó con la cabeza, divertido por las amenazas de su esposa, mientras los dos príncipes se alejaban discutiendo en susurros sobre qué flores le gustarían más a Seleriun.
Mientras esto ocurría, Seleriun estaba en la biblioteca del palacio, tratando de concentrarse en un mapa. Pero su paz se vio interrumpida por un aroma a ceniza y una risa burlona que conocía demasiado bien.
Argolux entró pavoneándose, con su capa imperial arrastrándose por el suelo de cristal. Se acercó a su sobrino con esa cautela fingida que siempre usaba antes de soltar un comentario impertinente.
-Vaya, vaya... el Pequeño Rayo de Luna está muy pensativo.- Diijo Argolux, apoyándose en la mesa de Seleriun -¿Estás repasando el mapa de las estrellas o estás contando cuántos minutos faltan para que tus dos escoltas vengan a molestarte?-
Seleriun suspiró, cerrando el libro.
-Tío Argolux, no tengo tiempo para tus bromas. Tengo mucho que estudiar antes de volver a la academia.-
Argolux puso una mano en su pecho, fingiendo indignación.
-¡Qué frío! Casi me congelas el corazón. Ten cuidado, Seleriun, recuerda que eres una deidad con ojos de galaxia. Si te enojas demasiado conmigo y haces un chasquido con esos dedos de plata, podrías mandarme al otro lado del universo o convertirme en un sapo de cristal. ¡Qué miedo me das!-
Kallan, que venía entrando para buscar a su esposo, se detuvo en la puerta con un suspiro cansado.
-Argolux, deja de tentar a la suerte. Seleriun tiene mucha paciencia, pero hasta los dioses tienen un límite.-
-¡Oh, mi amor! Solo le recuerdo sus nuevas responsabilidades.- rio Argolux, inclinándose hacia Seleriun -Pero en serio, sobrino. ¿Cómo vas a hacer con esos dos? Uno es fuego puro y el otro es un mar de dudas. Si se pelean en tu cama, vas a terminar durmiendo en un baño de vapor. ¿Ya decidiste quién dormirá a la izquierda y quién a la derecha? Porque si quieres consejos de cómo domar a una bestia difícil, yo soy el experto... aunque Kallan diga que el domado soy yo.-
Seleriun sintió que sus mejillas se calentaban.
-¡Tío! ¡Vete de aquí antes de que realmente use mi magia para que te crezca una pata de palo.-
Argolux soltó una carcajada sonora, saltando hacia atrás justo cuando un pequeño destello plateado salió de los dedos de Seleriun.
-¡Ven, mi amado Kallan! ¡Nuestro rayo de luna ya está lanzando chispas! ¡Es el amor, te lo digo yo! ¡El amor pone a la gente muy agresiva!-
Kallan agarró a Argolux por el cuello de su túnica y lo arrastró fuera de la biblioteca.
-Lo siento, Seleriun. Seguirá siendo un tonto aunque pasen mil años. Ignóralo.-
Seleriun se quedó solo, pero ya no podía concentrarse. Las palabras de su tío, aunque molestas, daban en el clavo. ¿Cómo sería esa relación? Él los quería a ambos, de una manera que todavía no terminaba de entender. Galen le daba una fuerza que lo hacía sentir vivo, y Alec le daba una paz que lo hacía sentir seguro.
Esa noche, cuando el sol de eclipse se ocultó, Seleriun fue citado al Mirador de las Rosas de Plata. Al llegar, se encontró con una escena que parecía sacada directamente de los sueños de Susy. Había una mesa pequeña con frutas de las islas y carnes asadas al fuego azul de Arev.
Galen y Alec lo esperaban, ambos vestidos con sus mejores ropas, luciendo tan nerviosos que parecían otros chicos.
-Nosotros... Susy dijo que necesitábamos hablar. -Comenzó Galen, rascándose la nuca -Y tiene razón. No quiero que seas solo un trato diplomático. Quiero saber qué piensas cuando miras la luna.-
-Y yo quiero saber qué libros te hacen sonreír cuando crees que nadie te mira.- Añadió Alec, extendiéndole una mano con timidez -Queremos ser tus esposos algún día, Seleriun. Pero hoy, solo queremos ser tus amigos en una cita.-
Seleriun sintió que su corazón, se llenaba de una calidez humana muy real. Se acercó a ellos, tomó sus manos y se sentó en medio de ambos.
A lo lejos, escondida detrás de una estatua, Susy observaba con unos binoculares mágicos, chillando de emoción contenida.
-¡Mira eso, Muelén! ¡Se tomaron de las manos! ¡Es el capítulo más romántico de la temporada!-
Muelén, parado detrás de ella, le puso una manta sobre los hombros y sonrió.
Lo lograste, Susy. Ahora déjalos tranquilos. El amor no necesita cronistas todas las noches.-
-Solo un poquito más.- Susurró Susy -¡Esto tiene que quedar perfecto en los registros!-
Esa noche, bajo la luz de una luna que parecía brillar solo para ellos, el dragón, el príncipe y la deidad comenzaron a escribir su propia historia. Una historia que no tenía clímax de batallas, sino susurros de promesas y risas suaves que se perdían en el viento del jardín. El mes de vacaciones estaba por terminar, pero su vida juntos apenas comenzaba.