Bruno, un joven omega y estudiante apasionado por la historia china, siempre creyó que el pasado debía permanecer intacto… hasta que el pasado lo eligió a él.
Durante una excursión, descubre que el antiguo collar que ha llevado toda su vida perteneció al emperador Cheng, una joya entregada a su prometido como símbolo de un amor eterno. Un amor que, sin embargo, fue rechazado por orgullo, odio y la sombra de otro hombre.
Pero el destino le concede a Bruno una oportunidad que jamás imaginó.
Transportado a la era imperial, Bruno no solo conocerá al emperador que siempre admiró… sino que también tendrá la oportunidad de cambiar su historia, sanar sus heridas y reclamar el lugar que siempre le ha pertenecido.
Aunque el pasado guarda secretos, errores y decisiones que aún pueden destruirlo todo.
Esta vez, Bruno no huirá.
Esta vez, luchará por su emperador.
—¡Emperador, cásate conmigo!
NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
UN AMOR BAJO EL MISMO CIELO
La mansión del primer ministro comenzó su rutina como siempre. Los sirvientes caminaban limpiando los pisos, arreglando los floreros, regando las plantas y dándole de comer a los peces del estanque bajo el pequeño puente de piedra.
También los cocineros se apresuraban a preparar el desayuno, los tónicos y los brebajes para cuando alguien los necesitara. El aroma del arroz recién hecho y las hierbas medicinales flotaba en el aire.
Así eran las mañanas en la mansión: realmente movidas.
Luo había despertado desde temprano, intentando recordar lo poco que había leído sobre la enfermedad de la emperatriz. Su ceño estaba levemente fruncido mientras repasaba en su mente fragmentos de textos antiguos.
—Joven señorito —dijo Xiao entrando a los aposentos de Luo—. Parece que despertó más temprano.
—Hay cosas que deben solucionarse, Xiao —respondió él, mirándola con seriedad—. ¿Mis hermanos ya se levantaron?
—Sí, señorito. ¿Desea que le prepare su baño?
—No, a partir de hoy tomaré baños durante la noche —respondió el omega escribiendo en las hojas sobre la mesa—. Solo ayúdame a peinar mi cabello.
La chica asintió. Se le hacía extraño el cambio de su señorito. Era alguien bastante cuidadoso con lo que comía, con lo que vestía e incluso detestaba andar sucio o con la más mínima mancha.
Sí, su señorito había cambiado tanto que parecía ser otra persona. Antes detestaba escribir; ahora pasaba la mayor parte del tiempo inclinado sobre el escritorio, como si no hubiera un mañana.
—¿Le gusta de esta forma o prefiere que lo trence? —preguntó Xiao señalando la larga cabellera del chico.
—Así está bien.
Luo ni siquiera se había fijado en el peinado que Xiao le había hecho. Su mente estaba demasiado ocupada con estrategias y recuerdos de su vida pasada.
La joven colocó las peinetas largas sobre la cabeza del chico, haciendo resaltar su belleza natural. Su reflejo en el espejo parecía casi etéreo bajo la luz dorada del amanecer.
De pronto, el sonido de varios pasos yendo y viniendo se escuchó en el exterior.
—¿Qué pasa afuera? —cuestionó Luo.
Ella negó moviendo su cabeza de lado a lado.
—Iré a investigar.
Mientras ella salía, él se quedó mirándose en el espejo, notando cómo su rostro brillaba con la luz del sol.
—De nada sirve que sea bello si no puedo proteger al príncipe heredero, a mi familia y a la suya —dijo apretando los puños—. Debo esforzarme más que nunca.
Cinco minutos después llegó Xiao de nuevo, esta vez agitada, cansada de correr.
—¿Xiao, estás bien? —preguntó Luo, alarmado.
—El príncipe… el príncipe heredero… está en el salón principal —dijo entrecortadamente.
Las palabras resonaron en su mente unos momentos. Su corazón dio un vuelco.
"Hoy, después de días sin verlo, podré verlo… Tal vez vino a ver a mi padre", pensó, y su rostro se entristeció ligeramente.
—Lo… lo está… está buscándolo.
Al decir por fin esas palabras, Xiao se quedó sola, pues Luo comenzó a caminar casi corriendo.
Avanzó lo más rápido que sus pies le permitieron. Al llegar al salón principal, lo vio de pie, observando la decoración con aparente calma.
Se miró en el reflejo de un cuenco de agua, arregló sus cabellos y revisó que no tuviera alguna imperfección en su rostro. Acomodó la peineta que se había movido, respiró profundo, retuvo el aire unos segundos y lo soltó lentamente.
—Saludos al príncipe heredero —lo llamó con voz suave.
El príncipe Cheng volteó.
Ambos quedaron sorprendidos por la intensidad con la que el otro lo miraba.
Cheng se acercó con pasos suaves, aunque su corazón latía más rápido de lo que le hubiera gustado admitir.
—Luo Lang… necesito tu ayuda —dijo con una mirada preocupada.
Luo lo guió hacia uno de los asientos y ordenó a Xiao que preparara té. La joven salió apresurada a la cocina, transmitiendo la orden a los cocineros.
Mientras tanto, en el salón principal, Luo no dejaba de mirar el rostro del que sería su esposo.
"¡Dios mío, es tan guapo! ¡Las pinturas no le rinden un buen homenaje!", pensó, sintiendo que su corazón quería escapar de su pecho.
—Y por eso necesito tu ayuda —terminó de explicar el príncipe heredero.
—¿Eh? Ah, sí… estoy seguro de que mi madre puede ayudarnos —respondió Luo con rapidez.
"Aunque no haya escuchado en qué", pensó, sonriendo con torpeza.
Cheng lo miró con una mezcla de confusión y ternura.
—Veo que es cierto lo que tu padre le dijo al emperador.
—¿Mi padre ha dicho algo? —preguntó Luo, confundido.
—Le dijo que aceptaste nuestro compromiso.
Los sirvientes llegaron en ese momento con la bandeja de té, interrumpiendo el intercambio de miradas.
—Es cierto… pero antes de eso quiero disculparme por lo que dije antes —dijo Luo Lang, arrodillándose ante él—. Me excedí en las palabras y en mis acciones. Prometo que valoraré mucho nuestro matrimonio.
Los sirvientes y Cheng quedaron estupefactos. Luo Lang nunca se disculpaba.
—Levántate, no es necesario hacer eso…
—No, sí lo es. Te herí y merezco que me atraviese un sinfín de espadas como castigo —dijo Luo con dramatismo sincero.
Cheng casi se atragantó con su propio aliento.
—Bien, bien… disculpa aceptada —respondió apresurado, ayudándolo a levantarse.
Sus manos se rozaron un instante. Ambos sintieron el calor subir hasta las orejas.
Desde la ventana, el primer ministro, su esposo Chao y la señora Jiao observaban la escena.
—Se ven tan lindos —susurró la señora Jiao con ojos brillantes.
—Estoy seguro de que a su majestad el emperatriz estará contento con esta noticia —comentó Chao.
—Tal vez debería entrar. No deben estar mucho tiempo solos —dijo el primer ministro.
—Kao Lang, no te atrevas —dijo Chao tomándolo de la oreja—. Nuestro hijo ya ha madurado. Si desea casarse, debes respetar esa decisión.
El alfa tembló ligeramente. Aquella historia previa a su matrimonio todavía le recordaba que no debía subestimar a su omega.
Sin embargo, no eran los únicos observando.
—¡Maldita sea! —gritó Wei en otro pabellón, arrojando la taza que sostenía—. ¿Qué le ven a un simple omega? ¡En comparación conmigo soy más bonita! ¡AH!
En el ala oriental del palacio, el segundo príncipe Fang también fue informado.
—¡MALDICIÓN! ¡Todo mi esfuerzo se fue a la basura! ¡Maldito Cheng! —sus gritos resonaron en sus aposentos.
Mientras tanto, en la mansión, Cheng y Luo tomaron el té preparado por el cocinero. Dieron un breve paseo por los jardines como tapadera para la estrategia que planeaban para salvar a la primera princesa.
—Haremos eso. Además, si llega a haber un disturbio, las habitaciones privadas pueden funcionar. Me aseguraré de no separarme de ella —dijo Luo con firmeza inesperada.
Cheng lo observó con atención. Ese Luo no era el joven caprichoso que recordaba.
—Te lo agradezco. Antes de irme, mi madre me pidió que te entregara este brazalete. Espera tu visita.
Colocó con cuidado la pulsera de jade negro en la muñeca de Luo.
El contacto fue suave, casi reverente.
Luo Lang se sonrojó a más no poder. Su corazón latía desenfrenado. No fue el único: las orejas de Cheng se tornaron rojas, delatando que él también sentía timidez.
—Es hermoso… —murmuró Luo, acariciando el jade—. Dile al emperatriz que iré pronto a verle.
—Se lo diré.
Hubo un breve silencio cargado de significado.
—Cheng… —dijo Luo en voz baja—. Pase lo que pase en el festival, confía en mí.
El príncipe sostuvo su mirada.
—Confío.
Las palabras pesaron más que cualquier promesa.
Bajo el mismo cielo, sin que el resto del mundo lo supiera, el destino comenzaba a cambiar.