El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”
Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.
Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.
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Capítulo 9: El Banquete de las Sombras
El aire en el salón principal de la planta superior de la florería se sentía como si hubiera sido filtrado a través de siglos de polvo y seda. Demon no solo poseía un edificio; poseía una burbuja de tiempo donde la modernidad de San Jude no se atrevía a entrar. Para la "Cena de Presentación" de Clara, el espacio había sido transformado: largas mesas de mármol negro, cubiertos de plata maciza que parecían garras, y una iluminación compuesta exclusivamente por cientos de velas negras que lloraban cera sobre candelabros de hueso.
Clara se miraba en el único espejo de la habitación que no había sido cubierto, un pesado marco de bronce en la antesala. Vestía un atuendo que Demon mismo había elegido: un vestido de encaje rojo carmesí, tan oscuro que en la penumbra parecía sangre coagulada. El anillo de obsidiana en su mano derecha pulsaba con una intensidad sorda, una advertencia rítmica que ella intentaba ignorar.
—Estás radiante, hija mía —la voz de Francois sonó desde el umbral.
Él no llevaba su delantal de cuero. Vestía un esmoquin de un corte impecable, pero sus movimientos seguían siendo los de un autómata elegante. Se acercó a ella y, por un momento, sus ojos dorados recorrieron el rostro de Clara con una intensidad que ella no pudo descifrar.
—Recuerda lo que te enseñé en el invernadero —susurró él, ajustándole un collar de rubíes que se sentía como una soga fría—. Hoy no eres una invitada. Eres el plato principal que ha decidido sentarse a la mesa. Si huelen tu miedo, te devorarán antes de que se sirva el vino.
—¿Quiénes vienen, papá?
—Los iguales de Demon. O lo más parecido que existe. El Cónclave de la Noche. Nobles de linajes que se extinguieron antes de que se inventara el papel. Pero sobre todo... viene Julianis.
Clara sintió un escalofrío. El nombre de Julianis era un eco de autoridad superior incluso a la de Demon.
Los Comensales del Abismo
A medida que avanzaba la noche, los invitados comenzaron a llegar. No vinieron en coches, sino que parecieron materializarse desde las sombras del callejón, entrando por la puerta trasera de la florería como si las cerraduras no existieran para ellos. Eran figuras de una belleza pavorosa y una palidez que hacía que la de Francois pareciera saludable.
Había mujeres con ojos de gato y hombres con manos tan largas que recordaban a las arañas. Todos ellos portaban un aura de depredación que hacía que el instinto de Clara gritara por una salida.
Demon presidía la mesa, luciendo como un emperador del inframundo. A su derecha estaba el sitio vacío reservado para Clara; a su izquierda, Francois, siempre vigilante.
—Amigos, hermanos de sangre —dijo Demon, levantando su copa de cristal—. Hoy celebramos un hito en nuestra historia. La unión de lo antiguo y lo nuevo. Os presento a Clara, la heredera de la sangre destilada.
Un murmullo como el siseo de serpientes recorrió la mesa. Las miradas se clavaron en Clara, evaluando su temperatura, el ritmo de su corazón, la pureza de su esencia híbrida.
La Prueba de la Depredadora
La cena no consistía en comida normal. Se servían carnes crudas maceradas en esencias exóticas y copas llenas de brebajes que hacían que la cabeza de Clara diera vueltas con solo olerlos. Pero el momento crucial llegó cuando se retiraron los platos principales.
—Una reina debe demostrar que sabe proveer para su corte —dijo una mujer de cabello plateado llamada Lady Vora—. La teoría del invernadero es hermosa, Demon, pero ¿qué hay de la práctica? ¿Sabe la niña distinguir entre la presa y el juego?
Demon sonrió, mirando a Clara con una mezcla de desafío y expectación.
—Clara tiene un regalo para vosotros —dijo Demon—. Una demostración de su linaje. Francois, trae al voluntario.
Francois desapareció un momento y regresó arrastrando a un hombre joven, de unos veinte años. Estaba atado y amordazado, con los ojos desorbitados por el terror. Clara lo reconoció de inmediato: era uno de los mensajeros que a veces traía suministros a la tienda durante el día. Un humano inocente.
—La Adelfa, Clara —susurró Francois al oído de ella mientras colocaba al joven en el centro del salón, sobre un tapiz bordado—. Recuerda el mensaje.
Demon le entregó a Clara una pequeña daga de cristal.
—No tienes que matarlo, Clara. No todavía —dijo Demon con una suavidad letal—. Solo marca su piel. Deja que tu sangre reconozca la suya. Muéstrales a todos que el hambre ya vive en ti.
El Juego de Espejos y Veneno
Clara se acercó al joven. El aroma del miedo humano era embriagador, una fragancia dulce y metálica que hacía que sus encías le dolieran y que el anillo de obsidiana ardiera contra su dedo. Su parte híbrida quería ceder, quería probar esa vida que latía tan cerca.
Miró a su padre. Francois estaba de pie, con las manos cruzadas tras la espalda. Sus ojos dorados estaban fijos en el ramo de Adelfas que decoraba el centro de la mesa, justo detrás de Demon.
“Estrategia mental... cuidado con el veneno.”
Clara comprendió. No era el momento de una rebelión física abierta; era el momento de infectar el sistema.
Se arrodilló ante el joven y le quitó la mordaza. Él comenzó a suplicar, pero ella le puso un dedo sobre los labios.
—Silencio —le dijo Clara en un susurro que no era humano—. Esto va a doler, pero te mantendrá vivo.
Con la daga de cristal, Clara no hizo un corte profundo. En lugar de eso, realizó una serie de rasguños superficiales en el brazo del joven, siguiendo un patrón intrincado que Francois le había enseñado esa mañana. Pero mientras lo hacía, ella había untado previamente la daga con el jugo concentrado de la Adelfa que llevaba oculto bajo su manga, mezclado con una pequeña cantidad de su propia sangre híbrida.
—Bebe —le dijo ella al joven, obligándolo a tragar una pequeña cantidad de la mezcla de flores y esencia que ella había preparado en secreto en el invernadero.
Para los invitados, parecía que Clara estaba realizando un ritual de marcaje y consumo. Vieron cómo ella probaba una gota de la sangre del joven y cómo sus ojos se tornaban momentáneamente de un dorado brillante.
—¡Exquisito! —exclamó Lady Vora, aplaudiendo con sus dedos largos—. Tiene el refinamiento de su padre y la crueldad necesaria de su mentor.
El Efecto Retardado
Demon observaba la escena con una satisfacción casi lasciva. No se dio cuenta de que el joven, tras el ritual de Clara, no se desplomó de miedo, sino que entró en un estado de letargo profundo.
Clara se levantó y se limpió los labios con elegancia. El anillo en su dedo se enfrió. Había engañado a la joya; había engañado a Demon.
—Es un buen comienzo, Clara —dijo Demon, levantándose para abrazarla por los hombros—. Has demostrado que la sangre es más fuerte que la moralidad.
Lo que Demon no sabía es que la sangre de Clara, impregnada con el veneno de Adelfa que Francois había estado cultivando especialmente para este propósito, ahora estaba circulando por la habitación a través de la fragancia de las flores y el contacto táctil. La Adelfa no mataría a los vampiros de inmediato; era un veneno de acción lenta, una "parálisis de la voluntad" diseñada para que, cuando llegara el momento de la verdadera pelea, sus reflejos sobrenaturales fueran nulos.
La Advertencia de Francois
Cuando la cena terminó y los invitados se desvanecieron de nuevo en las sombras de San Jude, Demon se retiró a sus aposentos, visiblemente cansado pero eufórico por el éxito de su pupila.
Clara se quedó sola en el salón con su padre, mientras Margaret limpiaba silenciosamente los restos del banquete, con el rostro oculto bajo su cabello cano.
—Lo hiciste bien, Clara —dijo Francois, acercándose para recoger el ramo de Adelfas—. Pero Julianis no vino. Eso significa que no está convencido.
—¿Qué significa eso para nosotros, papá?
—Significa que enviará a sus propios recolectores a vigilarte. Demon es un artista, pero Julianis es un arquitecto. Él no busca una reina; busca una herramienta perfecta. Lo que le diste a ese joven... —Francois miró al humano, que era retirado por otros sirvientes— ...es el primer hilo de nuestra red. Pero el veneno necesita tiempo. Y tiempo es lo que menos tenemos.
Francois se detuvo frente al gran espejo que Clara había estado mirando antes de la cena. El cristal pareció temblar bajo su presencia.
—Mañana, Demon te llevará a la ciudad. Querrá que realices tu primera "cosecha" real en un lugar público. Querrá romper tu vínculo con la humanidad de forma definitiva ante los ojos de Julianis.
—No lo haré —dijo Clara con firmeza.
—Lo harás —corrigió Francois, y por primera vez, puso su mano sobre el hombro de ella de forma afectuosa—. Porque mañana, el veneno de la Adelfa estará en su punto máximo. Y mientras él cree que estás cazando para él, tú estarás abriendo las puertas de su imperio para que todo se derrumbe.
Margaret levantó la vista desde el otro extremo del salón. Sus ojos, antes apagados, tenían ahora una chispa de esperanza que Clara no había visto nunca. La familia de la florería estaba lista para el acto final de su tragedia, y esta vez, el veneno no estaba en la espina, sino en la misma sangre que el demonio creía poseer.
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!