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Código Rojo

Código Rojo

Status: Terminada
Genre:Equilibrio De Poder / Amor eterno / Romance de oficina / Completas
Popularitas:34.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

🩺 Código Rojo

En Altavalle, los errores no se corrigen.
Se pagan.

El Dr. Thiago Ferrer es el neurocirujano más temido y respetado del Hospital Central. Su pulso nunca tiembla. Su autoridad nunca se cuestiona. Y jamás ha permitido que una emoción interfiera en su trabajo.

Hasta que una cirugía cambia todo.

La Dra. Emilia Duarte, residente brillante y orgullosa, queda en el centro de un procedimiento que termina en escándalo. Una familia influyente exige culpables. La prensa huele sangre. El hospital necesita un sacrificio.

Pero Thiago no está dispuesto a perderla.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Guardias que no perdonan

La guardia nocturna era lo único que Emilia odiaba y amaba al mismo tiempo.

Odiaba el cansancio, los monitores pitando sin descanso, las urgencias que llegaban sin previo aviso.

Amaba la intensidad. La adrenalina. La forma en que el hospital parecía latir como un organismo vivo bajo luces blancas.

Esa noche, el hospital estaba inquietantemente tranquilo.

Demasiado.

Emilia revisaba una historia clínica en la estación de enfermería cuando sintió su presencia antes de verlo. No necesitó levantar la mirada para saber que era Thiago.

Habían pasado tres días desde la conversación en el vestidor.

Tres días de distancia medida.

Tres días de profesionalismo impecable.

Tres días sin rozarse siquiera por accidente.

Y eso estaba empezando a doler más que la cercanía.

—¿Cuántos ingresos? —preguntó él con voz baja, controlada.

—Dos apendicitis. Un trauma leve. Nada grave.

—Bien.

Silencio.

Emilia sintió el peso de ese silencio como si fuera una pared entre ellos. Antes, hablaban con naturalidad. Se desafiaban. Se sonreían en medio del caos.

Ahora era formalidad.

Y eso la estaba volviendo loca.

—¿Vas a quedarte en la guardia? —preguntó ella, intentando que sonara casual.

—Sí. —Su respuesta fue corta. Pero sus ojos no lo fueron.

Porque cuando Emilia levantó la mirada, lo encontró observándola. No como jefe. No como cirujano.

Como hombre.

Y esa mirada no era profesional.

Era hambre contenida.

Un sonido interrumpió el momento.

Código azul en urgencias.

Ambos reaccionaron al instante. Corrieron por el pasillo como si el mundo dependiera de ello. En cierto modo, así era.

Un hombre de cuarenta años, paro cardiorrespiratorio. Maniobras inmediatas. Emilia tomó el control de la vía aérea. Thiago coordinaba compresiones.

Sus manos trabajaban sincronizadas.

Sus cuerpos demasiado cerca.

Demasiado coordinados.

Demasiado conscientes uno del otro.

—Intuba —ordenó Thiago.

Ella lo hizo sin titubear. Perfecta.

El paciente respondió. Ritmo recuperado.

Silencio tenso.

Cuando todo terminó y el equipo salió, quedaron solos unos segundos en la sala.

Emilia se quitó los guantes. Sus manos temblaban ligeramente.

Thiago lo notó.

Se acercó.

Demasiado.

—Lo hiciste bien —murmuró.

Su voz ya no era la del jefe.

Era la del hombre que llevaba días conteniéndose.

—No necesito que me evalúes cada vez —respondió ella, pero su voz no tenía fuerza. Tenía otra cosa.

Calor.

Él dio un paso más.

Ahora estaban a menos de un palmo.

—No te estoy evaluando —dijo bajo—. Estoy reconociendo que confío en ti.

Esa palabra.

Confío.

El aire cambió.

Emilia tragó saliva. —Thiago… dijimos que mantendríamos distancia.

—Lo intenté.

Esa confesión la golpeó.

—Yo también —susurró ella.

Y fue ahí cuando algo se quebró.

No la culpa.

No el profesionalismo.

La barrera.

Thiago levantó la mano lentamente, como si le diera tiempo a detenerlo. Como si esperara que ella retrocediera.

Pero no lo hizo.

Sus dedos rozaron la mandíbula de Emilia.

Un toque mínimo.

Explosivo.

El mundo desapareció por un segundo.

—Esto no es correcto —murmuró ella.

—Lo sé.

—Estamos en el hospital.

—Lo sé.

—Estamos en medio de un escándalo.

—Lo sé.

Entonces, ¿por qué no se alejaba?

Porque la tensión no se había ido en tres días.

Había crecido.

Thiago inclinó el rostro apenas.

No la besó.

Se quedó a un suspiro de hacerlo.

Y eso fue peor.

Porque el beso habría sido un error.

Pero la anticipación… era tortura.

—Si cruzamos esta línea —dijo él, voz baja, casi ronca— no habrá marcha atrás.

Emilia sostuvo su mirada.

Su corazón latía tan fuerte que parecía audible.

—Entonces deja de advertirme y decide.

El silencio explotó.

Y esta vez fue él quien perdió el control.

La besó.

No fue suave.

No fue delicado.

Fue contenido durante días.

Fue tensión acumulada.

Fue culpa transformada en necesidad.

Sus manos se aferraron a su cintura. Ella respondió con la misma intensidad, como si necesitara comprobar que aquello era real.

El beso no era solo deseo.

Era descarga.

Era una forma de olvidar que alguien había muerto en su mesa quirúrgica.

Era sentir que aún estaban vivos.

Pero cuando Thiago la presionó contra la pared fría de la sala de urgencias, algo cambió.

No miedo.

Conciencia.

Emilia separó los labios lentamente, respirando con dificultad.

—Esto no es solo atracción —dijo ella, aún cerca de su boca.

—No.

—Y eso es lo que me asusta.

Thiago apoyó la frente contra la suya.

Por primera vez desde que lo conocía, no parecía tener respuestas.

—A mí también.

El monitor del paciente pitó en la distancia.

La realidad regresó.

El hospital seguía allí.

La demanda seguía allí.

La culpa seguía allí.

Pero ahora había algo más.

Algo imposible de ignorar.

Thiago retrocedió un paso, recuperando compostura.

—Si seguimos… esto puede destruirnos profesionalmente.

—Y si no seguimos… —respondió ella— nos va a consumir igual.

Se miraron largo.

No era solo deseo.

Era reconocimiento.

Era admitir que el error que habían cometido en quirófano los había unido de una forma que no esperaban.

Porque cuando compartes una decisión que termina en muerte…

compartes algo más que responsabilidad.

Compartes cicatriz.

Thiago tomó su bata del respaldo de una silla.

—Guardia termina a las seis. Mi oficina estará libre.

No era una orden.

Era una invitación.

Emilia sintió el vértigo en el estómago.

—Thiago…

—Decide tú esta vez.

Y salió de la sala.

Ella quedó sola, apoyada contra la pared.

Su cuerpo aún recordaba el calor de sus manos.

Su boca aún ardía.

Y por primera vez desde la muerte de Hernán Ibarra, Emilia no sentía solo culpa.

Sentía algo más peligroso.

Deseo.

Y deseo en medio del caos… es una bomba silenciosa.

La noche apenas comenzaba.

1
Melisuga
Muy linda novela.
👏🏼🩺🩹🩺👏🏼
Melisuga
A estas alturas ,yo no me atrevería a asegurar eso. Ya la misma comisión había determinado el cierre del expediente porque se había procedido de acuerdo con los protocolos médicos, y lo reabrieron por el reclamo de un familiar asesorado por un nuevo abogado.
Melisuga
De hecho, la decisión fue conjunta. Ella es una residente y Thiago, el especialista a cargo.
Melisuga
Creo que acá la conjugación verbal sería: hicimos lo correcto. Las decisiones antes y durante la operación del sr. Hernán Ibarra fue conjunta, y eso lo estuvieron defendiendo durante todo el proceso anterior.
Melisuga
Una tremenda incoherencia, estimada escritora. En los primeros capítulos, usted dice que Emilia es una residente de otro lugar y que ganó la posibilidad de hacer el entrenamiento en neurocirugía en el Hospital Central de Altavalle. Luego, se fue al Hospital Universitario San Gabriel a hacer la pasantía de 4 meses en nuevas técnicas y equipamiento quirúrgico. Lo de los 11 años operando no es discutible, pero no fue en Altavalle.
Melisuga
Es increíble cómo sacaron a Thiago de la decisión conjunta en el caso y lo volvieron responsabilidad y "culpa" de Emilia.
Melisuga
Sí, la hubieran hecho pedazos, inhabilitado su título, y listo: a dedicarse a cualquier cosa y ni siquiera en la cafetería de un centro de salud podría trabajar.
Melisuga
Estimada escritora, con laejor de las intenciones y sin que esto me motive a una mala calificación o comentario inapropiado, me parece importante decirte que hay algunas inconsistencias e incoherencias en la trama que dificultan un poco su entendimiento:
- Emilia estaba en una pasantía en San Gabriel, no en Altavalle.

- quien lleva años, y prestigio y reputación más que ganadas y confirmadas, en el hospital de Altavalle es Thiago. De hecho, todo lo quirúrgico , sobre todo lo neuroquirúrgico, pasaba por su tamiz; era un lobo defendiendo su territorio,... Y ahora parece un cordero bravucón y con poca capacidad organizativa en situaciones complejas. No luce como cansancio, sino como inconsistencia del personaje.

- los cambios de apellidos del paciente fallecido y de los doctores.
Melisuga
Será para Thiago porque para Emilia, no.
Melisuga
🚨🚨🚨
Cambio de apellido de Thiago: es Ferrer, no Álvarez.
Melisuga
¿Cuando regresó Emilia a trabajar en el Hospital Central de Altavalle? Ella estaba contratada en el Hospital Universitario de San Gabriel.
Melisuga
🚨🚨🚨
Cambio de apellido: Navarro en lugar de Duarte.
Melisuga
Ella no estaba embarazada cuando sucedió lo del paciente. Quieren juzgar un episodio anterior con las condiciones actuales, debería ser improcedente pero hay abogados que son capaces de cualquier cosa, hasta de vender su alma al diablo.
Melisuga
¿Por qué lo harían? ¿Quién está detrás de todo eso? ¿Quién está usando el luto y sufrimiento de una familia para lucrar y destruir a una profesional competente e inocente?
Melisuga
Acabo de releer un par de capítulos atrás y es como pensaba, ya está cerca de las 12 semanas según lo dicho en esa parte de la novela.
Melisuga
Acá hay un par de incoherencias, estimada escritora. Para cuando Thiago fue a verla, Emilia había dicho que estaba cerca de las 11 semanas. Por otro lado, el marcapasos cardíaco se forma entre las semanas 7 y 8. Con 6 semanas no se escucha latido fetal.
Melisuga
Esa respuesta sonó muy tercerizada. Su pareja es ella, no alguien cualquiera.
Melisuga
¿El abogado? Creí que Arboláez había quedado claro de todo. Digo, con todo y el cambio de apellidos, creo que siguen hablando de la muerte del sr. Ibarra.
Melisuga
Hay personas tan ruines que son capaces de incendiar un bosque por deshacerse de un árbol. Espero que tanto el dr. Cárdenas como ese "prestigioso" hospital de Altavalle paguen con creces tanto ensañamiento y alevosía contra Emilia y Thiago.
Melisuga
¿Herrera? Creo que hubo confusión de nombres: el paciente fallecido se llamaba Hernán Ibarra.
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