En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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El acuerdo entre Max y el Canciller
El amanecer no trajo la paz, mientras el grupo se ocultaba en las ruinas de una antigua fundición a orillas del río, un zumbido rítmico anunció la llegada de un mensajero. No era un misil, sino un dron de reconocimiento de color blanco inmaculado, con el emblema de la balanza plateada: el sello del Consejo Supremo de los Venatores.
Del dron emergió una proyección holográfica. No era Karl. Era un hombre de aspecto pulcro, con el cabello canoso y una mirada que destilaba una sabiduría fría y calculadora. Era el Gran Canciller, el hombre que movía los hilos por encima de los ejércitos de cazadores.
-Selene- dijo la voz del Canciller, proyectándose con una claridad asombrosa -No deseo más cenizas. Karl es un carnicero, pero yo soy un hombre de orden-
Leo se coloca delante de Selene, protegiéndola del holograma. Víctor permaneció en las sombras, observando al Canciller con un reconocimiento amargo.
-Propongo un pacto de caballeros- dijo Max -Detén la caza global y a los Eliminadores, danos 45 días de paz absoluta. Cuarenta y cinco días para que Selene viva como una humana, para que se despida y pueda haber terminado sus estudios, para que vea el mundo sin el miedo de ser perseguida.
-¿A cambio de qué?- preguntó el Canciller con un tono amargo y con una expresión seria.
-A cambio de la esencia de Selene- respondió Max sin pestañear -Al final del día 45, te entregaremos voluntariamente al Consejo. Usaremos el Leteo Alquímico para borrar su memoria. Olvidará que era una Argentum. Olvidará a sus amigos, ancestros, sus poderes y... a nosotros. Volverá a ser una humana común, bajo vuestra vigilancia, y la paz entre los linajes se mantendrá. Si te niegas, la guerra total comenzará mañana. Y te aseguro que tus hombres sufrirán las consecuencias. No sobrevivirán a la primera noche-
-Bien, que así sea- dijo el Canciller y sin más nada que decir el holograma se desvaneció, dejando un cronómetro digital flotando en el aire antes de apagarse. 45:00:00:00.
El silencio en la fundición era más pesado que el plomo. Leo fue el primero en hablar, su voz cargada de una furia contenida que hacía vibrar el aire.
-Es una trampa. Quieren convertirte en una cáscara vacía para poder estudiar tu sangre sin que te resistas. No dejaré que te toquen, Selene. Prefiero luchar contra todo el Consejo-
-No es una trampa, es un acuerdo entre caballeros- le respondió Max mientras se da la vuelta para mirarlo.
Eitan, sin embargo, miraba al suelo, con las manos temblando ligeramente -45 días...- susurró -45 días sin que mis hermanos sean masacrados. Sin que los bosques ardan. Leo, tú eres un vampiro, tienes la eternidad. Pero mi raza está al borde de la extinción. Si ella acepta... el mundo dejará de sangrar-
-¡A costa de su alma!- rugió Leo, agarrando a Eitan por la solapa -¡La estás vendiendo para salvar tu pellejo!-
-¡Basta!- gritó Selene.
Ambos se detuvieron. Selene miró a Max, quien estaba apoyado contra una viga, con el rostro oculto mirando abajo.
-Max, tú sabías que esto pasaría, ¿verdad?- preguntó Selene.
Max asintió lentamente -El Canciller es un estratega. Sabe que no puede matarte porque la plata de un Argentum se libera de forma violenta al morir el portador. Necesita que aceptes el borrado. El Leteo no solo borra recuerdos; sella el poder. Serás libre, Selene, pero serás una extraña para ti misma. No recordarás la promesa que nos hiciste, el sacrificio que Eitan hizo por tí para protegerte y escapar aquí. Serás una página en blanco, no recordarás habernos conocido-
Selene caminó hacia la ventana rota, observando el río. El cronómetro en su mente ya había empezado a descontar los segundos. 44 días, 23 horas, 58 minutos.
-El Canciller cree que me ha dado una elección- dijo Selene, volviéndose hacia ellos -Pero no conoce a los Argentum. Mi padre escribió en su diario que la memoria no reside en la cabeza, sino en la sangre..Ahora entiendo de lo que hablaba-
Se acercó a Leo y puso una mano sobre su mejilla fría. Luego miró a Eitan -Aceptaré el trato de Max. Pero no para rendirme-
Leo intentó protestar, pero ella le puso un dedo en los labios -Aceptaré los 45 días de paz. Pero los usaremos para encontrar el Monasterio de las Sombras. Si logro dominar el conocimiento de mis ancestros antes de que el tiempo se agote, podré revertir el proceso del Leteo o encontrar una forma de protegerlos a todos sin perder quién soy-
-Es una apuesta suicida- dijo Eitan, aunque en sus ojos brillaba una chispa de esperanza -Si fallamos y el día 45 llega... te perderemos para siempre-
-Entonces asegúrense de que estos 45 días valgan la pena- respondió Selene con una sonrisa triste -Si voy a olvidar quién soy, quiero que mis últimos recuerdos sean los de una mujer libre que luchó por quienes amaba-
Esa misma noche, el mundo cambió. Los cazadores se retiraron de las calles. Los helicópteros regresaron a sus bases. Hubo una calma extraña, casi antinatural, que cayó sobre la ciudad.
Pero para Selene y sus amigos, la verdadera batalla acababa de empezar. No era una batalla de espadas, sino contra el tiempo.