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Yo Nunca Me Fui

Yo Nunca Me Fui

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Romance oscuro / Traiciones y engaños / Reencuentro / Romance
Popularitas:33
Nilai: 5
nombre de autor: Angy_ly

Hace veinte años, la Mansión Blackwood se convirtió en una pira funeraria. Tres niños entraron, pero solo uno fue visto salir con vida. Marta, la pragmática, construyó un imperio sobre las cenizas de su pasado, creyendo que el silencio era su mejor armadura. Pero el fuego no consume los recuerdos; solo los transforma en algo más volátil.
​Ahora, las sombras han regresado para reclamar su lugar en el tablero.
​Niclaus, el hermano que la historia dio por muerto, ha emergido de las tinieblas convertido en un arma de precisión quirúrgica, movido por una obsesión que roza la locura. Y en medio de su guerra privada se encuentra Elena, la pieza perdida, cuya mente fue fragmentada y reconstruida bajo una identidad falsa para ocultar el secreto más peligroso de la humanidad: la Iniciativa Quimera.

NovelToon tiene autorización de Angy_ly para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El Heredero del Maestro

El eco del mar golpeaba contra los acantilados de aquel pequeño pueblo costero, un sonido rítmico que intentaba sepultar los fantasmas de la mansión De la Vega. Elena, ahora despojada de su corona de seda y de su identidad de cristal, caminaba por la orilla. El sobre con la fotografía quemaba en su bolsillo. "Sé libre por nosotros". La frase de Niclaus no era un regalo, era una última cadena. ¿Cómo ser libre cuando llevas el ADN de un incendio en la médula?

​Pero la paz de Elena era un espejismo. A kilómetros de allí, en la prisión federal, el silencio entre Marta y Niclaus no era de redención, sino de gestación.

​La celda de Niclaus no era una celda común. Gracias a los restos de la fortuna Valmont que Marta había ocultado con la precisión de una cirujana, los guardias miraban hacia otro lado. Niclaus pasaba las horas dibujando en las paredes con un trozo de grafito. No dibujaba a Elena, ni la mansión. Dibujaba un rostro que Marta nunca había mencionado.

​Un rostro que el Maestro había guardado en el archivo más profundo del búnker.

​I. El Visitante Inesperado

​Una tarde de lluvia gris, un hombre joven, de no más de veinticinco años, se presentó en la sala de visitas. Vestía un uniforme de abogado de oficio, pero sus ojos tenían esa fijeza magnética, esa falta de parpadeo que Niclaus reconoció al instante.

​—Nicholas Vane —dijo el joven, sentándose frente al cristal—. O debería decir... hermano.

​Niclaus no se inmutó. Pegó la palma de su mano al cristal, justo sobre la cicatriz que compartía con Marta. —El Maestro siempre dijo que había una "variable de control". Pero nunca dijo que había una "consecuencia".

​El joven sonrió. Se llamaba Gabriel. Era el hijo biológico del Maestro, el experimento que sobrevivió fuera del orfanato mientras los Blackwood se devoraban entre ellos.

​—Mi padre murió en ese búnker por tu culpa, Niclaus. Y Marta cree que ha ganado porque Elena es "libre". Pero la libertad de Elena es una deuda que el Magistrado nunca terminó de pagar. He venido a decirte que el Detective Aranda ha cometido un error.

​Niclaus se inclinó hacia adelante. —¿Qué error?

​—Aranda cree que el Magistrado actuaba solo. No sabe que la Fundación Valmont era solo la fachada de algo mucho más grande. Una red que sigue operando, y que ahora que Marta está encerrada, ha decidido que Elena es el cabo suelto que debe ser cortado.

​II. La Fuga de la Sombra

​En el pabellón de mujeres, Marta recibió un mensaje encriptado en un libro de la biblioteca. "El lobo joven ha despertado. Elena corre peligro. El búnker no estaba vacío".

​Marta sintió que el suelo desaparecía. Ella había pasado veinte años vigilando a Niclaus, creyendo que él era el único peligro. Había olvidado que el Maestro no era solo un torturador, sino un ideólogo.

​Esa noche, la prisión experimentó un fallo eléctrico coordinado. No fue una explosión ruidosa, sino un apagón silencioso y quirúrgico. Marta no dudó. Conocía los protocolos de seguridad porque ella misma los había ayudado a diseñar para las empresas de Julián.

​Se deslizó por los conductos de ventilación, reviviendo el trauma de la mansión Blackwood. Al salir al patio exterior, una figura la esperaba en las sombras de la torre de vigilancia. Era Niclaus. Había salido de su celda como si las rejas fueran de humo.

​—¿Gabriel? —preguntó Marta, jadeando.

​—Viene por ella, Marta —respondió Niclaus, entregándole un arma y un juego de llaves—. El hijo del Maestro quiere terminar el experimento. No busca venganza, busca perfección. Quiere ver si Elena sobrevive a un fuego que ella no puede ver venir.

​III. El Regreso al Origen

​Marta y Niclaus no huyeron hacia la frontera. Condujeron hacia el pueblo costero, pero no para rescatar a Elena de forma heroica, sino para convertirse en su sombra una vez más.

​Mientras tanto, en la librería de Elena, el timbre de la puerta sonó. Eran las ocho de la noche y la lluvia arreciaba. Elena levantó la vista de sus libros, esperando ver a un cliente rezagado. En su lugar, vio a Gabriel.

​—Hermosa librería, Elena —dijo el joven, cerrando la puerta con pestillo—. Mi padre siempre decía que tenías una debilidad por las historias con final feliz. Lástima que la biología no entienda de finales, solo de ciclos.

​Elena sintió el olor. No era pino, ni humo de madera. Era el olor químico de los laboratorios del Maestro. El olor de las descargas eléctricas que Isabel había olvidado, pero que Elena recordaba perfectamente.

​—¿Quién eres? —preguntó ella, retrocediendo hacia el mostrador donde guardaba un abrecartas.

​—Soy el futuro que Marta intentó borrar —respondió Gabriel, sacando un pequeño dispositivo de su bolsillo—. Y he venido a ver si la reina blanca puede sangrar sin romperse.

​En ese momento, los cristales de la librería estallaron. Pero no fue Gabriel quien disparó. Desde la oscuridad de la calle, dos figuras entraron como espectros: Marta, con su mirada de hierro, y Niclaus, con la furia de un hombre que ha regresado de entre los muertos por segunda vez.

​—Yo nunca me fui, Gabriel —rugió Niclaus, lanzándose sobre el joven—. Y nadie toca lo que es mío.

​Elena gritó, viendo cómo sus hermanos, los monstruos que la habían atormentado y buscado, volvían a invadir su paz. Pero esta vez, algo cambió en ella. No se encogió. No lloró. Tomó el abrecartas y se posicionó entre Marta y Gabriel.

​—Basta —dijo Elena, y su voz tenía la misma autoridad gélida que la de Marta y la misma intensidad maníaca que la de Niclaus—. Si este círculo de sangre tiene que cerrarse, lo cerraré yo. No soy vuestra víctima, ni vuestro experimento. Soy una Blackwood.

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