Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
NovelToon tiene autorización de SilvinaTracy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
HUESITOS DE CHOCOLATE
NARRADOR
Victoria volvió a su rutina. Eso no había cambiado, aunque si el destino que tomaría aquella mañana. La empresa de Christina había quedado en el pasado y debería dirigirse a la de su nuevo jefe y objetivo, Trevor Montalvo.
El desayuno le pareció más pesado esa mañana. Su estómago se negaba a recibir alimentos debido a los nervios.
Al llegar a la empresa lo hizo con temor. La presión que existía sobre sus hombros era inmensa. No debía equivocarse o sería despedida, su nuevo jefe le aterraba y además tenía que permanecer allí para seducirlo, algo que no sabía cómo haría y que no deseaba descubrirlo.
Llegó puntual, tal como siempre hacía. Vio a Mariela para que le enseñara lo que necesitaba saber. Con ella tenía una prueba silenciosa que superar y mucho que aprender.
Victoria quería hacer preguntas. Necesitaba saber si su nuevo jefe era bueno o no con sus empleados y varias cosas más, pero permaneció en silencio por educación, respeto y para no levantar sospechas. Su libertad estaba en juego si no cumplía y lo sabía.
--El señor Montalvo toma su café a las diez. Debes ser puntual-- Ella tomó nota
--Si debes viajar con él tienes que llevarle el café al mismo horario. No le puede faltar. También tienes que estar atenta. Siempre un paso por delante-- Mariela explicó
--Entiendo. Puntualidad y café. ¿Qué más?-- La secretaria asintió
-Disciplina, respeto. Aquí tendrás ojos y oídos, pero nunca cuestiones. Tampoco puedes hablar de lo que aquí ocurra. Escuchamos, no juzgamos. Le facilitamos el trabajo y recibimos un buen cheque con horas extras siempre pagas-- Mariela se puso seria de repente y en su rostro apareció un atisbo de duda
--Trabajé con la señora Jonas. Entiendo que debo cumplir mi labor-- La secretaria negó, aún dudando
--Aquí las cosas son diferentes. El lunes yo no estaré y cumplirás en mi lugar sin cuestionar. Compórtate natural pese a lo extraño que sea para ti. Después te acostumbrarás-- Victoria no comprendió a que se refería
--Creo que no entiendo de que me estás hablando-- Mariela se levantó de su asiento y la tomó del brazo con rapidez
Victoria siguió a Mariela con duda hasta la pequeña sala donde preparaba el café.
--El lunes a las 10:30 esto tiene que estar en la oficina del jefe-- Le mostró un plato de perro
--¿Esto?-- Preguntó con duda
--Estos chocolates van adentro-- Le mostró una bolsa que tenía chocolates pequeños con forma de huesitos
--No entiendo nada. Los perros no comen chocolate-- Afirmó Victoria y Mariela hizo un gesto afirmativo
--El señor tiene una amiga... ella lo visita solamente una hora y después se va. Tu aquí no opinas, no escuchas, no divulgas y tampoco juzgas. Recuérdalo siempre y te facilitará todo además de asegurarte permanencia-- Victoria tragó saliva nerviosa
Ella había entendido. Claro que lo había hecho. Hubiese querido preguntar si las "amigas" de su nuevo jefe siempre interpretaban ese papel o si era algo ocasional, pero no lo hizo. Mientras menos supiera sobre eso sería mejor.
Victoria de repente sintió temor. ¿Ella tenía que seducir a ese hombre con gustos... extraños?
Trevor llamó a Mariela a su oficina después. Le pidió que fuera sola para preguntarle si le había explicado a su reemplazo todo lo que debía hacer.
--Pídele que venga-- Le pidió a Mariela cuando ella iba a retirarse
Victoria interpretó la orden. Recibiría una advertencia. Estaba segura. Ella golpeó la puerta y esperó la autorización para ingresar. De pronto se sintió más inquieta al tener que ver a su nuevo jefe.
--Siéntate-- Ordenó él-- Mariela te explicó lo que debes hacer
--Si señor. Lo hizo-- Ella se sonrojó sin poderlo evitar y desvió su mirada. Trevor lo notó e hizo silencio
--Ya firmaste el acuerdo de confidencialidad y eso implica que Christina no sepa nada de lo que pase aquí. ¿Lo entiendes?-- Ella hizo un gesto afirmativo, en completo silencio
--Pregunté si lo entendiste-- Insistió él
--Si, señor. Lo entiendo. Vine aquí a trabajar, no a cuestionar su vida privada-- Respondió mirándolo a los ojos con dificultad. Ese día los ojos de su jefe parecían azules
--Cuando te pregunte algo espero que respondas como debe de ser. No siempre estaré observando tus expresiones. Puedes retirarte-- Ella no necesitó que se lo diga dos veces y se puso de pie con la intención de salir tan rápido como pudiera
Victoria salió de la oficina con el corazón latiendo con violencia en su pecho. Casi podía sentir el latido en sus oídos. Nunca se hubiese imaginado que su jefe fuera así ni que tuviera una aventura. Christina era hermosa, ¿Por qué la engañaba? ¿Será por eso que ella querría el divorcio? Su mente se llenó de dudas que no podría resolver.
Mariela la observó. Se acordó de ella cuando ingresó a trabajar a la empresa.
--Te acostumbrarás. El jefe siempre espera que respondas a sus exigencias con respeto. Seguramente te lo dijo-- Victoria hizo un gesto afirmativo
--Dicen que para gustos los colores-- Comentó. No sabía que más podría decir
--Es mucha información para la primera semana. Es un buen jefe y paga muy bien por nuestro silencio. Eso compensa las rarezas que pueda tener-- Mariela sonrió con simpatía
Habiendo aclarado todo, el día transcurrió sin mayores contratiempos. Trevor la llamó algunas veces para darle algunas órdenes y en cada una de ellas Victoria debió responder si señor.
Al volver a casa, la futura secretaria lo hizo temerosa. Tenía un correo de la editorial que más la hizo cuestionar su situación actual. Por cumplir su sueño tenía que soportar demasiadas cosas y ya no estaba segura si todo lo que hizo valía la pena.
En su apartamento esperó en silencio que Christina llegara o que la llamara. No lo hizo. ¿Cómo cumpliría con el acuerdo con ella sin violar la confidencialidad que tenía con su esposo? Estaba en una encrucijada y eso podría significar problemas.