Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.
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Capítulo 15: El beso que rompió el tratado
...Lazos de Sangre y Luna...
A las 6 de la mañana en la ansión Cullen Bella despertó con el olor a canela pegada a la piel. La venda de Jacob todavía estaba enrollada en su muñeca, aunque ahora tenía un color marrón oscuro, como si la sangre se hubiera secado. Al lado, Alice la miraba con sus ojos dorados fijos en su rostro.
—¿Cuánto tiempo llevas mirándome? —preguntó Bella, con la voz ronca.
—Dos horas.
—¿Dos horas?
—Eres muy bonita cuando duermes. También cuando estás despierta. Pero cuando duermes no te quejas de que te mire.
Bella se incorporó y la empujó suavemente.
—Eres una acosadora.
—Soy tu acosadora.
Alice se levantó de la cama con un movimiento tan fluido que parecía una coreografía. Llevaba puesta una camiseta negra y unos pantalones cortos que dejaban ver sus piernas pálidas, cubiertas de cicatrices diminutas.
—Hoy va a ser un día importante —dijo Alice mientras se estiraba. Aunque los vampiros no necesitaban hacerlo, a ella le gustaban esas pequeñas costumbres humanas—. Carlisle quiere hacerte algunas pruebas más. Y Edward y Jacob… bueno, siguen en el bosque.
—¿Siguen en la madriguera?
—Sí. Jacob perdió mucha sangre anoche. Edward está ayudándolo a recuperarse.
—¿Cómo ayuda un vampiro a recuperarse a un lobo?
Alice sonrió. Era una sonrisa pícara, de esas que Bella empezaba a conocer bien.
—Compartiendo energía. Es un proceso… "íntimo".
—¿Íntimo cómo?
—Íntimo como "no quieres saberlo"
Bella sintió que las mejillas se le encendían. Decidió no preguntar más.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En la madriguera de los lobos a las siete de la mañana Jacob estaba tumbado boca abajo sobre una piel de ciervo, con la espalda al descubierto. Las quemaduras de plata habían dejado marcas rosadas en su piel morena, y Edward las recorría con la punta de los dedos, con una suavidad que no sabía que poseía.
—¿Duele? —preguntó Edward.
—Un poco. Pero duele más tu frialdad. Pareces un cubito de hielo con dedos.
—Lo siento. No puedo calentarme.
—No te disculpes. Me gusta. Cuando hace calor en la manada, todos huelen a sobaco. Tú tienes un aroma agradable.
Edward sonrió. Era raro que sonriera, pero con Jacob le salía solo.—¿Te sientes mejor? —preguntó.
—Mejor que ayer. Pero sigo mareado.
—Es normal. Perdiste casi un litro de sangre.
—¿Un litro? —Jacob se incorporó, apoyándose en los codos—. ¡Eso es un montón!
—Por eso Edward está tan cerca de ti —dijo una voz desde la entrada.
Era Leah. La loba estaba apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión entre enfadada y preocupada. Su pelo rapado brillaba con la luz de la hoguera.
—Leah —dijo Jacob, cubriéndose la espalda con la camiseta—. ¿Qué haces aquí?
—Billy me envió. Dice que siente la presencia de vampiros cerca desde hace dos días y que si no vuelves a la reserva, irá a buscarte personalmente.
—Dile a mi padre que no voy a volver.
—Jacob…
—No voy a volver, Leah. No hasta que Selene se vaya.
Leah lo miró fijamente. Luego miró a Edward. Luego volvió a mirar a Jacob.
—¿Estás… en celo? —preguntó, y su voz era un susurro.
Jacob enrojeció.
—No es asunto tuyo.
—Es que se siente desde lejos. Tus fermonas están saliendo de control Y Edward sus fermonas tiene un aroma a posesión. ¿Qué está pasando entre vosotros?
—Nada —dijeron Jacob y Edward al unísono.
Leah resopló.
—Mentirosos. Los dos. Pero no soy quién para juzgarlos. Yo también mis feromonas se sale de control cuando siento a Rosalie cerca cada vez que la veo aunque sea de lejos.
—¿Rosalie? —Jacob abrió los ojos como platos—. ¿La vampira rubia?
—Cállate.
—No me callo. ¿Tú y Rosalie? ¿Desde cuándo?
—Desde que la vi partir en dos a un vampiro de la Cofradía con una espada de plata. Fue… hermoso.
—Estás enferma.
—Lo sé.
Leah se giró y salió de la madriguera. Antes de desaparecer en el bosque, añadió:
—Cuídate, Jacob. Y no dejes que Edward te muerda el cuello. Los vampiros tienen la boca llena de bacterias.
—¿Bacterias? —preguntó Edward, confundido.
—Es una broma —dijo Jacob, riendo—. Las lobas tienen un sentido del humor muy extraño.
Edward no rio. Pero puso una mano en la nuca de Jacob y lo atrajo hacia él.
—¿Qué haces? —preguntó Jacob, con el corazón acelerado.
—Algo que debería haber hecho hace días.
Y lo besó.
No fue como los besos anteriores. No fue hambriento ni desesperado. Fue *profundo*. Como si Edward quisiera memorizar el sabor de Jacob, el calor de sus labios, la forma en que su lengua se movía contra la suya.
Jacob gimió contra su boca. Sus manos se aferraron a la camisa de Edward, arrugándola.
—Edward…
—Dime.
—No pares.
No paró.
La hoguera crepitaba. Las runas de las paredes brillaban. Y en algún lugar del bosque, un lobo aulló.
No era un aullido de advertencia. Era un aullido de *celebración*.
En la mansión de los Cullen a las nueve de la mañana Bella estaba en la cocina, aprendiendo a hacer tortitas con Esme. La vampira de pelo castaño le explicaba la temperatura exacta del fuego, el punto perfecto de la masa, la importancia de no mezclar demasiado.
—El secreto está en la paciencia —decía Esme, mientras vertía un círculo perfecto de masa en la sartén—. Como en el amor.
—¿El amor también requiere paciencia?
—El amor verdadero, sí. El que no se rinde. El que espera décadas por una persona.
Bella supo que Esme hablaba de Alice.—¿Usted también esperó décadas? —preguntó.
—Yo esperé tres años. Pero Carlisle los esperó conmigo. Eso es lo importante: no esperar solos.
Bella dio la vuelta a una tortita con la espátula. Estaba dorada, perfecta.
—Creo que Alice ha esperado demasiado por mí —dijo—. Setenta años. Es mucho tiempo.
—Para un vampiro, el tiempo es diferente. No pasa igual. No se siente igual. Pero cuando duele, duele para siempre.
Esme le puso una mano en el hombro. Su tacto era frío, pero su sonrisa era cálida.
—Tú eres el sueño de Alice hecho realidad, Bella. No lo desperdicies.
—No pienso hacerlo.
—Bien. Ahora dale la vuelta a esa tortita antes de que se queme.
Bella rio y obedeció.
Más tarde en el bosque de Forks de esos de las once de la mañana.Selene caminaba entre los árboles con su brazo roto colgando a un lado. El hueso ya había empezado a soldarse, pero aún le dolía. Y el dolor la enfurecía.
—Alice Cullen —murmuró, saboreando el nombre como si fuera veneno—. Me las pagarás.
A su lado, una sombra se movía entre los pinos. Era Kaelen, el híbrido. Tenía la piel gris, los ojos negros y una sonrisa que enseñaba dientes de vampiro y colmillos de lobo al mismo tiempo.
—La profetisa es más fuerte de lo que esperábamos —dijo Kaelen, con una voz que sonaba a dos personas hablando a la vez.
—No es más fuerte. Es más *astuta*. Pero la astucia se acaba cuando la fuerza es abrumadora.
—¿Vas a pedir refuerzos a Aro?
—No. Aro no debe saber que fallé. Por ahora.
Selene se detuvo frente a un claro. En el centro, una piedra cubierta de musgo brillaba con una luz tenue.
—¿Qué es eso? —preguntó Kaelen.
—Una piedra de luna. Los lobos las usan para marcar sus territorios. Jacob Black debe de estar cerca.
—¿El omega?
—El mismo. Si lo secuestramos, la omega vendrá a rescatarlo. Y cuando lo haga… la atraparemos.
Kaelen sonrió. Su sonrisa era horrible.
—Me gusta cómo piensas, Selene.
—No pienso."Cazo".
En la madriguera de los lobos en la noche Jacob y Edward estaban sentados junto a la hoguera, con las rodillas casi tocándose. La camisa de Edward estaba desabrochada. La de Jacob, directamente en el suelo.
—¿Crees que tu manada nos acepte digo nuestra relación? —preguntó Edward.
—No. Pero no me importa.
—¿Ni siquiera tu padre?
—Mi padre me dio la espalda cuando supe que era omega. Ya no me importa lo que piense.
Edward le tomó la mano. Los dedos helados del vampiro se entrelazaron con los calientes del lobo.
—Entonces huiremos juntos. A Alaska. A Canadá. A donde quieras.
—¿Y Bella?
—Bella estará bien con Alice. Ellas tienen su propio camino.
—¿Y los Volturi?
—Los enfrentaremos cuando lleguen. No antes.
Jacob apoyó la cabeza en el hombro de Edward. Las fermonas del vampiro olía a jazmín ese olor que comenzaba a sentir con como algo adictivos para él.
—Nunca pensé que encontraría a alguien como tú —murmuró Jacob.
—Yo tampoco.
—¿Crees que dure?
—No lo sé. Pero quiero intentarlo.
Jacob levantó la cara y lo besó. La hoguera crepitaba. Las runas brillaban. Y por un momento, el mundo se redujo a dos seres que no deberían estar juntos pero que no podían separarse.
—Te quiero —dijo Jacob contra sus labios.
—Yo también —respondió Edward. Y por primera vez en un siglo, no tuvo miedo de decirlo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto con Bella ella estaba en la biblioteca, leyendo el mismo libro de siempre, cuando Alice entró con una expresión rara en el rostro.
—¿Qué pasa? —preguntó Bella, cerrando el libro.
—Edward y Jacob… se besaron.
—Ya lo sé. Me lo contaste anoche.
—No. Se besaron de verdad. Con lengua y todo.
—Alice, no necesito los detalles.
—Y luego Jacob dijo "te quiero". Y Edward dijo "yo también".
Bella sonrió.—Eso es bonito.
—Es peligroso. La manada de Jacob los va a desterrar. Y cuando eso pase, no tendrán adónde ir.
—Siempre pueden venir aquí.
Alice la miró fijamente.—¿Los aceptarías? ¿Un vampiro y un lobo en nuestra casa?
—Nuestra casa también es de Edward. Y Jacob… —Bella hizo una pausa—. Jacob es mi amigo. Aunque no lo conozca bien. Es como yo. Un omega perdido.
Alice se sentó a su lado y le tomó la mano.
—Eres demasiado buena para este mundo, Bella Swan.
—No soy buena. Solo soy justa.
—Eso es peor.
Bella rio. Alice también. Y en ese momento, la puerta de la biblioteca se abrió de golpe.
Era Charlie.
—Selene está en la reserva —dijo, sin aliento—. Los lobos la vieron. Y viene hacia aquí.
Alice se puso de pie.—¿Cuánto tiempo tenemos?
—Media hora. Tal vez menos.
—Prepara a todos. Vamos a necesitar cada gota de sangre de lobo que tengamos.
Charlie asintió y salió corriendo. Bella se quedó mirando a Alice.
—¿Vamos a pelear?
—Vamos a sobrevivir.
Alice la besó en la frente. Luego salió por la ventana. Otra vez.
Bella suspiró y se puso la venda de Jacob en la muñeca. El olor a canela la envolvió como un escudo.
—Que empiece el juego —murmuró.
Continuará 🔥