Un delegado de policía consumido por la venganza. Un chef que carga con una condena que no le pertenece. El mismo enemigo. Un deseo que ninguno de los dos puede controlar.
Vinícius Cruz lleva años cazando al narcotraficante que destruyó a su familia. Frío, implacable y sin espacio para el amor, su vida se reduce a una obsesión: hacer justicia con sus propias manos. Hasta que una noche, en medio del caos de una discoteca, sus ojos se cruzan con los de un desconocido que le roba el aliento.
Saullo Dantas acaba de salir de prisión después de cumplir tres años por un crimen que no cometió. Carga con cicatrices que no puede mostrar, secretos que no puede contar y un plan de venganza que podría costarle la vida. Lo último que necesita es caer rendido ante un hombre que esconde su propia identidad.
Lo que empieza como una atracción imposible de ignorar se convierte en algo que ninguno de los dos sabe nombrar. Pero cuando las mentiras se derrumban y el pasado los alcanza, Vinícius y Saullo descubrirán que comparten mucho más que una cama: comparten al mismo demonio.
Entre traiciones, secretos policiales y un enemigo que acecha en las sombras, tendrán que decidir si el amor es suficiente razón para arriesgarlo todo... incluso la vida.
Una historia de pasión sin límites, segundas oportunidades y la certeza de que el corazón no entiende de reglas.
Para mayores de 18 años. Contenido adulto explícito.
NovelToon tiene autorización de Rita Maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo XXI (Narradora: Sara Dantas)
Sara tenía un cliente al que debía acompañar a la delegación donde trabajaba el delegado Cruz. Al salir, se encontró con el delegado justo cuando él entraba.
—¿Todo bien, Dra. Sara?
Vinícius le dirigió la palabra a la abogada, buscando conversación.
Sara intentó ignorar al delegado, pero cambió de opinión.
—Todo bien, delegado Vinícius —respondió ella con frialdad.
—¿Cómo está... Saulo?
Sara se sorprendió al oír al delegado preguntar por su hermano.
—Ahora está bien, gracias a Dios —respondió sin pensarlo.
—¿Cómo que "ahora está bien"? ¿Qué le pasó?
Ni siquiera intentó disimular la enorme preocupación que le causó escuchar aquello.
—¡Mi hermano fue herido la semana pasada! —respondió ella.
—¿Herido cómo? ¿Quién lo hirió? ¿Levantó una denuncia en alguna delegación?
Eran tantas preguntas que Sara no supo cuál responder primero.
—Lo hirieron en el brazo. Un tipo lo cortó a la salida del restaurante, pero él no quiso levantar ninguna denuncia.
—¿Por qué no vino a denunciar?
—Como usted sabe, delegado Vinícius, mi hermano es expresidiario. Le tiene pánico a entrar en cualquier delegación —dijo ella con tristeza en la mirada.
Sara lo justificó así, aunque no estuviera de acuerdo con la decisión de su hermano de no denunciar el ataque.
—Su hermano fue preso por tráfico de drogas —dijo Vinícius.
—Mi hermano pagó caro por algo de lo que no tuvo culpa. Es el mejor hombre que conozco en este mundo. Pagó un precio muy alto por eso, y hasta hoy lo sigue pagando al tener que mantenerse lejos de las personas que quiere. Yo sé que mi hermano quiere a...
Sara se calló. Había hablado de más.
—¿Quiere decir que él me quiere a mí, Dra. Sara?
—Discúlpeme... creo que hablé de más. Espero que mi hermano no sufra más por un sentimiento que no es correspondido.
—Lamento mucho lo que le ha pasado. Aunque no le gusten las delegacións, debió haber hecho la denuncia. Pero... ¿dónde está él?
—Pasó unos días conmigo en mi departamento, pero ya volvió a su viejo departamento. Es muy terco para salir de ese lugar.
Vinícius no necesitaba que se lo dijeran; lo poco que conocía de Saulo le bastaba para saber que era un hombre bastante terco.
Sara se despidió y salió de la delegación, dejando a Vinícius preocupado por el chef.
Vinícius ahora quería descubrir quién había lastimado a Saulo. Esa noche decidió ir hasta el restaurante para ver si podía hablar con Saulo al final de su turno.
El delegado no bajó del carro. Se quedó observando todo el movimiento de entrada y salida del restaurante. Sara y su novio salieron primero; enseguida salió Saullo. Pudo ver que llevaba el brazo cubierto con una venda. Vinícius se preparó para bajar del carro e ir con Saulo, pero se detuvo al ver un carro negro estacionándose frente al restaurante. Un tipo bajó del vehículo, muy bien vestido, se paró frente a Saulo y conversaron un rato. El chef parecía mostrarle lo que le había pasado.
Se notaba que el desconocido dijo algo que a Saullo no le agradó, pero se abrazaron y el tipo volvió al carro y se fue.
Vinícius seguía dentro del carro, todavía pensando en correr hasta Saulo, cuando de pronto vio que Saullo era abrazado por detrás por uno de los muchachos que trabajaba en el restaurante. Pensó que lo apartaría, pero hizo lo contrario: se volteó y besó al tipo en la boca.
Lo que Vinícius quería en ese momento era bajar del carro y romperle la cara al sujeto que estaba besando a Saullo.
No podía condenarlo; él estaba siguiendo adelante con su vida, igual que Vinícius con la suya. Continuó observando a Saullo alejarse del restaurante hasta un carro estacionado más adelante. Pensó que el chef subiría al carro y se iría con el muchacho, pero se despidieron ahí mismo. Dio gracias a Dios cuando el tipo se fue y Saullo siguió su camino. No iba a soportar la idea de imaginar a Saullo siendo tocado por otra persona.
Decidió no ir a hablar con Saullo; podría terminar diciendo algo que empeorara la situación entre ellos. Le pareció mejor seguirlo hasta que entrara al edificio donde vivía. Pero las ganas eran enormes de correr hasta él, abrazarlo y subir con él hasta el cuarto donde habían tenido sexo durante varias noches, antes de descubrir sus secretos.
Ahora más que nunca necesitaba descubrir quiénes eran las personas que sembraban el terror en el vecindario. No quería que Saullo corriera peligro.