Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 09.
El sol de la mañana se filtró por las ventanas, arrojando una luz dorada sobre la cama. El calor de Jian era normal y su respiración, uniforme y tranquila. Lin se había quedado dormida sentada, con la manta de Xen sobre sus hombros.
Xen la observó por un momento, había algo inusual en ver a la General en Jefe tan desarmada. Se aclaró la garganta suavemente.
—Lin —dijo Xen, su voz baja.
Lin despertó de golpe, la agudeza de la General regresó en un instante. Se llevó la mano a la sien, dándose cuenta de dónde estaba.
—El Príncipe —preguntó, incorporándose—¿Cómo está?
—La fiebre ha pasado —respondió Xen, con una sonrisa genuina—Está bien. Te debo una disculpa por haberte despertado, General.
Lin suspiró, el alivio la inundó.
—Estoy segura de que tiene asuntos de Estado que atender, su majestad. Yo permaneceré con Jian hasta que despierte.
Xen se puso de pie, pero en lugar de dirigirse a la puerta, caminó hacia la ventana.
—Mis asuntos pueden esperar, de hecho, el asunto más urgente está relacionado con tu despliegue en el Norte. Necesito discutir algunos mapas cruciales.
Lin frunció el ceño.
—¿Ahora? ¿No podemos discutir esto en el Cuartel más tarde?
—Podríamos —replicó Xen, girándose para mirarla. Había un brillo de cálculo y algo más en sus ojos— Pero necesito aire fresco. ¿Recuerdas la vieja ruta de cabalgata que usábamos cuando estabas a cargo del entrenamiento de la Guardia de la Montaña? Está fuera de la muralla de la ciudad, podríamos cubrir los mapas en un ambiente más silencioso y luego desayunar.
Lin se quedó en silencio. Esa ruta era un camino rocoso y difícil, muy alejado del protocolo imperial, que ambos habían disfrutado hace años, antes de que el deber los consumiera. Era una invitación a su "ambiente", el mundo militar y la libertad que ambos compartían.
—¿Una cabalgata? Es inusual, su majestad.—
—Es una tregua, General —la corrigió Xen—he cumplido mi parte al defenderte ante la corte. Ahora, dame la oportunidad de discutir la estrategia en un lugar donde nadie pueda escuchar o chismear. ¿Te atreves a cabalgar conmigo?
Lin sintió el desafío. Si se negaba, parecería débil o poco dispuesta a honrar el espíritu de su acuerdo. Se puso de pie, su expresión volviendo a ser la de la General impasible.
—Me atrevo. Dele mis órdenes al Capitán de la Guardia, quiero dos caballos listos en media hora.
—Lo haré yo mismo —dijo Xen, ya moviéndose hacia la puerta—no demores, General, el sol ya ha salido.
Una hora después, Lin estaba en el establo sur, vestida con su ropa de montar sencilla y práctica. El caballo estaba listo, aquel de pelaje blanco, un animal fuerte y rápido que ella había entrenado personalmente, la esperaba.
Xen estaba a su lado, con su propia túnica de montar oscura. No había séquito, solo dos guardias montados esperando a una distancia prudencial.
Una vez que estuvieron en el camino de la montaña, Xen dejó que los caballos galoparan libremente por un rato. La velocidad y el aire fresco eran un alivio para el alma de Lin, una libertad robada que añoraba.
Cuando llegaron a un mirador con vistas a la frontera Norte, Xen se detuvo y desplegó un mapa detallado sobre una roca plana.
—General —dijo Xen, adoptando el tono de comandante—. Necesito tu opinión sobre la frontera norte.
Pasaron la siguiente hora discutiendo líneas de suministro, puntos débiles y movimientos de tropas. Lin se sumergió por completo en la estrategia, olvidando por un momento que el hombre que estaba a su lado era su casi ex-esposo. Xen, por su parte, escuchaba con una atención que nunca le había mostrado cuando se trataba de su matrimonio.
Finalmente, Lin se reclinó, satisfecha con las modificaciones.
—Es una buena estrategia, su majestad. La frontera norte estará segura.
Xen enrolló el mapa.
—¿Te arrepientes de haber aceptado quedarte para esto?
—No —dijo Lin con honestidad—. Es el trabajo que amo.
—¿Y es por eso que elegiste el color jade oscuro anoche? —preguntó Xen de repente, saliendo del tema militar—. ¿Porque era el color del guerrero, y no el del Emperador?
Lin se cruzó de brazos.
—Lo elegí porque me sentía mas cómoda no hay más razones.—
Xen asintió lentamente, aunque no satisfecho del todo por la respuesta de Lin.
—Lo sé, pero me hizo pensar. Te pregunté si lamentabas el contrato y dijiste que no. Yo te respondí que sí lamentaba los días en que no te visité, pero hay una cosa que no te he dicho, Lin, no solo lamento el pasado.— Xen tomó un paso hacia ella, su mirada era intensa.—Cuando me doy cuenta de que este contrato significa que te irás en un año, Lin, no solo lamento no haberte visto la noche de boda. Lamento no haberte mirado a los ojos en lugar de mirar los mapas, y lamento haber usado el deber como una armadura contra el miedo que tenía de que me rechazaras.
Lin se sintió expuesta de repente. La atmósfera de comando militar se había roto.
—El miedo es una debilidad, su majestad. No debería afectarle.
—En la batalla, sí. Pero contigo... —Xen sonrió ligeramente, con amargura—. Contigo, General, ese miedo me ha costado la única persona que podría haber estado a mi lado, de verdad. Si tengo este año es para probarte que la única mujer que quiero a mi lado, es la General que se ve tan magnífica con ese vestido de jade oscuro.
Xen se detuvo en ese punto, sin presionar más.
—Ahora, vamos a desayunar, el aire de la montaña ha abierto mi apetito.
...
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada