Aceptó el trabajo por necesidad… pero nunca imaginó para quién iba a cocinar. Él es peligroso, frío y está acostumbrado a que todos obedezcan. Ella no…
NovelToon tiene autorización de niño sabelotodo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
“Donde no debía estar “
...Capítulo 6...
...----------------...
Valeria no era curiosa.
Pero tampoco era tonta.
Y había una gran diferencia entre ambas cosas.
Esa tarde, la casa estaba demasiado silenciosa.
No el silencio habitual.
No el controlado.
Uno… incómodo.
Desde que cruzó la entrada, lo sintió.
No había hombres en los pasillos.
No había pasos.
No había miradas vigilando desde las esquinas.
Eso no era normal.
Dejó su bolso en la cocina, pero no se movió de inmediato.
Sus ojos recorrieron el espacio.
Todo estaba en su lugar.
Perfecto.
Demasiado perfecto.
Entonces lo escuchó.
Un sonido bajo.
Ahogado.
Valeria se quedó quieta.
No te metas.
No es tu problema.
El sonido volvió.
Más claro.
Un quejido.
Valeria soltó el aire lentamente.
—Maldición…
Y caminó.
El pasillo parecía más largo que nunca.
Cada paso sonaba más fuerte.
El olor llegó antes que la imagen.
Hierro.
Sangre.
Valeria se detuvo frente a una puerta entreabierta.
Dudó.
Solo un segundo.
Y la empujó.
El hombre estaba recargado contra la pared.
Respirando con dificultad.
La camisa abierta… empapada en sangre.
Pero no estaba inconsciente.
Estaba luchando por mantenerse despierto.
Sus ojos se clavaron en ella apenas entró.
—No…deberías estar aquí…
Valeria ignoró eso.
—Tú tampoco deberías estar muriéndote —respondió, acercándose.
Se arrodilló frente a él.
La herida era profunda.
Costado izquierdo.
Demasiada sangre.
Pero no había pánico en sus manos.
Había experiencia.
—¿Cuánto tiempo llevas así?
El hombre soltó una risa débil.
—Lo suficiente… para saber que no eres doctora…
—Pero sí suficiente para que no te mueras en los próximos cinco minutos —respondió ella.
Él la observó mejor.
Algo en su expresión cambió.
Curiosidad.
—Interesante…
Valeria retiró su mano con cuidado y presionó la herida con una tela.
El hombre soltó un quejido, pero no la apartó.
—Aguanta.
—Valeria.
La voz cayó como una advertencia.
Adrián.
Ella no se giró.
—Se está desangrando —dijo—. Si no haces algo, lo pierdes.
Silencio.
—Te dije que no cruzaras ciertas puertas.
Ahora sí.
Valeria levantó la mirada.
Adrián Volkov estaba en la entrada.
Impecable.
Intacto.
Como si el caos no lo tocara.
—Y yo te dije que no mezclaras las cosas —respondió ella.
Los ojos de Adrián bajaron al hombre.
Y luego volvieron a ella.
—Nos encargamos, señor —dijo una voz detrás.
Valeria negó sin mirar.
—Si lo mueven así, se muere.
El hombre herido soltó una leve risa entrecortada.
—Tiene carácter…
Valeria lo ignoró.
Pero Adrián no.
Un segundo.
Dos.
—Hazlo —ordenó Adrián.
A ella.
Valeria no dudó.
—Alcohol. Vendas. Aguja. Hilo —dijo—. Rápido.
El hombre que estaba detrás dudó.
—Ahora.
Y esta vez obedeció.
El herido la observaba.
Más despierto ahora.
—No te había visto antes…
—No soy parte de esto —respondió ella.
—Nadie que entra aquí… puede decir eso por mucho tiempo.
Valeria no respondió.
Trabajó con precisión.
Limpiando la herida.
Presionando.
Controlando el sangrado.
El hombre apretó la mandíbula, pero no se quejó.
Resistente.
—¿Nombre? —preguntó Valeria de pronto.
Él la miró.
—¿Importa?
—Si te mueres, no. Si no… sí.
Una pausa.
—Mateo.
Mentía.
Pero ella no lo sabía.
—Bien, Mateo —dijo—. Entonces quédate conmigo y no te duermas.
Adrián observaba todo.
En silencio.
Analizando cada detalle.
La forma en que ella actuaba.
La seguridad.
La falta de miedo.
Y algo más.
La forma en que el hombre la miraba.
—¿Dónde aprendiste eso? —preguntó Adrián.
Valeria no levantó la vista.
—En lugares donde la gente no puede darse el lujo de esperar ambulancias.
Silencio.
Eso decía más de lo que parecía.
Minutos después, el sangrado disminuyó.
El hombre respiró mejor.
Más estable.
—No te vas a morir hoy —dijo Valeria finalmente.
Él soltó una risa baja.
—Qué decepción…
Valeria se levantó.
—Necesita un médico.
Adrián asintió apenas.
Pero su mirada seguía en ella.
—No solo cocinas.
Valeria limpió sus manos.
—Y tú no solo mandas.
El hombre herido los observó a ambos.
Interesado.
Demasiado.
—Interesante combinación… —murmuró.
Valeria tomó su bolso.
—Mañana estará peor si no lo atienden bien.
Se giró.
Pasó junto a Adrián.
Y esta vez…
él sí la detuvo.
Tomó su muñeca.
Firme.
Pero no brusco.
Valeria bajó la mirada a su mano.
Luego a sus ojos.
—Suéltame.
No fue súplica.
Fue orden.
Un segundo de tensión.
Y Adrián la soltó.
Pero no retrocedió.
—No vuelvas a hacer eso.
Valeria ladeó la cabeza.
—Salvarle la vida a alguien?
Silencio.
—Entrar donde no debes.
Ella sostuvo su mirada.
—Entonces no dejes puertas abiertas.
Y se fue.
El silencio quedó pesado.
El hombre en el suelo sonrió apenas.
—Me agrada…
Adrián no respondió.
Pero no dejó de mirar la puerta por la que ella había salido.
—No es lo que parece —añadió el hombre—. Pero tampoco es inocente.
Adrián lo sabía.
Y eso…
lo hacía aún más peligrosa.
Porque ahora no solo era alguien que no podía controlar.
Era alguien que empezaba a importar.
Y eso…
en su mundo…
nunca terminaba bien.
La historia se está tornando cíclica y monótona 😶
quién pega primero 😜
parece lengua de lavandera .....
cómo te afecta a tí eso ??? 🤔
muchas vueltas, 😶🌫️
me encanta Valeria...no se intimida..🤭
tiene el Sartén....y tiene el Sartén 😜
/Tongue//Facepalm/