Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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Chisme
Cuándo los guardias terminaron de comer los postres, nuevamente todo se puso en marcha.
El camino hasta el ducado Zalazar fue tranquilo, y al terminar de llegar, la familia de tres y su doncella se fueron a la choza en dónde vivían.
Claro, la mente de Alexandra estaba tejiendo un plan. No tiene intenciones de vivir para el resto de su vida en este lugar tan feo.
Solo espera que las dos chicas hagan su parte, que era hacer que alguien se entere de la situación que ocurre dentro del ducado.
El resto del día ya no hicieron tanto.
Mientras tanto, en la mansión del duque Zalazar, en la oficina del duque, la concubina se quejaba de por qué no ve a su doncella.
—Querido, hoy no he visto a mi doncella, quiero que la mandes a buscar con tus guardias — dice ella y el duque.
—Esperemos que pase otro día, nadie sabe si aparece— dice él y ella, aunque no estaba feliz por lo dicho por el hombre, decide esperar un poco.
Nadie sabe si la sirvienta está aún esperando escondida el tiempo preciso para llevar a cabo el plan.
La mujer por el momento se fue al jardín a disfrutar del té con su hija y claro, hablaban mal de Alexandra y el resto de su familia.
—Mamá, ¿Cómo has dejado que papá le dé provisiones a esa chusma? No se lo merecen— dice aquella niña, quien con 12 años, es toda una arpía.
—Es temporal, nadie sabe si hoy es su última cena y pasan al más allá— dice ella y ambas se ríen.
—Ojalá se mueran, no lo soporto, no sé cómo esa niña mugrosa nació con mayor magia que mi hermano y yo, eso es una injusticia — se lamenta aquella arpía y su madre la consuela.
—Tranquila hija, estoy segura de que si ella muere, esa magia será tuya y de tu hermano, tengamos fe — le alienta ella y una idea retorcida se empieza a formar dentro de la cabeza de esa niña.
Ese día no pasó nada interesante en el ducado, pero al día siguiente, la cosa comenzó a cambiar.
La sirvienta de la concubina fue encontrada muerta y con un frasco al lado, todo indica que se quitó la vida ella misma.
El duque mandó a los guardias a que enterraran su cuerpo, y amenazó a todos para que no digan nada sobre eso, o su reputación estaría en juego.
En otro lado.
Las sirvientas de las primas del emperador, fueron al mercado temprano, y en cada puesto al que iban, hablaron lo que escucharon de boca de sus amas.
Se decía sobre la dura vida que llevaba la familia principal del duque Zalazar, la duquesa Eloisa y sus hijos estaban peor que unos mendigos.
Cuándo las sirvientas se fueron del mercado, los comerciantes hablaron sobre el tema, y entre ellos pasaron el chisme.
Cuándo llegaba un cliente, ellos decían lo que estaba pasando y para mala suerte del duque, la sirvienta personal de la familia Amarante ese día fue hacer algunos pendientes de su ama.
Ella atentamente escuchaba los comentarios de las personas y se sorprendió tremendamente con todo lo que había escuchado.
Rápidamente cuando llegó a la mansión fue a hablar con la marquesa Amarante y aquella mujer casi cae para atrás cuando la sirvienta le contó todo.
Asegurando que las primas del emperador vieron la decadente apariencia de la señorita de la casa y sus hijos.
—¿Cómo es posible que ese duque trate tan mal a nuestra hija? Se le entregó nuestra hija para que la cuide, y mira como la trata— llora la marquesa Amarante, y de forma inmediata, fue a hablar con su esposo sobre lo que estaba pasando y el marqués entró en furia.
—Bastardo infame, a la familia Amarante no le falta dinero, y esté infeliz se atreve a tratar como un perro a mi hija y a mis nietos, no, esto no puede seguir así— gritó aquel hombre enojado.
Acto seguido, dejó lo que estaba haciendo y salió de la mansión enojado.
Su esposa iba detrás de él.
Ambos tomaron el carruaje de la familia, y salieron con dirección a la mansión del duque Zalazar, tenían que ver por sus propios ojos cómo es que su hija estaba viviendo en esas circunstancias.
Detrás de ellos iba un gran número de guardias.
El emperador también se enteró sobre la problemática que estaba pasando Eloisa y sus hijos, y estaba enojado, ya que aunque un hombre tenga concubina, es un acto inmoral tratar con ese desprecio a su familia principal.
Ese mismo día, el monarca le escribió al duque una carta, y lo citó a él con toda la familia al palacio imperial en tres días.
Ajeno a la problemática que se avecinaba, el duque y su familia disfrutaban del desayuno con calma.
La familia de cuatro comía sus alimentos con dicha, y hacían planes de tomar el té en la tarde.
Alexandra y su familia también hacían planes, pero no de tomar el té, sino de irse del ducado cuanto antes. Sin saber que el destino le tendió una mano.
Alexandra le aconsejó a su madre pedirle el divorcio al duque, y aunque Eloisa no quería hacerlo por el qué dirán, entendía qué sería lo mejor para su dos hijos y para ella.
—Sé que lo que te estoy pidiendo es difícil, ¿Pero qué sentido tiene vivir de ese modo? No sé sabe cuando esa mujer vuelva a hacer algo en nuestra contra, algo que ponga en peligro nuestras vidas— dice Alexandra y Eloisa lo entiende.
—Es lamentable que en poco tiempo vas a cumplir tus quindes años, y si hacemos lo que dices, no tendrás fiestas de cumpleaños, la sociedad no te va a reconocer como la hija mayor del duque — se lamenta Eloisa con pesar y Alexandra le pone una mano en sus hombros.
—Mamá, estar en paz es mejor que toda la riqueza del mundo, no necesito una fiesta de cumpleaños, solo quiero que los tres estemos seguros, esa mujer es muy maliciosa, no se sabe que pueda estar planeando y cuando quiere atacar, además, ser hija del duque no aporta a mi vida beneficio— aconseja Alexandra y Eloisa lo comprende.
Su hija tenía razón, no existe nada más importante que la paz, de nada sirve ser la familia principal, cuando el duque los trata como si fueran perros callejeros.
Si divorciarse del duque le trae paz a sus hijos, ella no lo va a dudar más, eso sí, no se casará nunca.
Después de todo, ningún hombre decente va a aceptar un matrimonio con una mujer divorciada y con dos hijos.
¿Pero, quién tiene conocimiento del destino, el cual está sujeto a cambios?
Creo que nadie.
Gracias por llevarnos a vivir tan emotiva novela.