Ella nunca imaginó que el peor día de su vida terminaría con un anillo en el dedo.
Él juró no volver a amar… hasta que la obligación lo ató a una mujer que se convirtió en su debilidad.
Un matrimonio por contrato para salvar el honor, los negocios y una familia en ruinas.
Mentiras, secretos y enemigos ocultos pondrán a prueba un vínculo que nació de la conveniencia, pero que pronto se vuelve demasiado real.
En un mundo donde nada es lo que parece, ¿el amor será suficiente para sobrevivir?
NovelToon tiene autorización de Cenit Tapia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8 – La entrevista
Las cámaras brillaban como cuchillas en el estudio de televisión. El set estaba decorado con tonos dorados y un aire de espectáculo que Valeria detestaba. Se sentó junto a Adrián en el sillón principal, sintiendo el calor de los focos sobre la piel y el peso de cientos de miradas invisibles detrás de las pantallas.
La presentadora, una mujer de sonrisa demasiado perfecta, abrió el programa con entusiasmo.
—Hoy tenemos a la pareja del momento: el poderoso empresario Adrián Montenegro y su prometida, Valeria Aranda. Bienvenidos.
Valeria sonrió apenas, mientras Adrián inclinaba la cabeza con cortesía. Su porte impecable hacía que pareciera dueño de la sala.
La primera pregunta llegó afilada.
—Se habla de que su compromiso es más un arreglo entre familias que una historia de amor. ¿Qué tienen que decirle al público que duda de ustedes?
Valeria sintió la presión en el pecho. Iba a responder, pero Adrián tomó la palabra con voz firme.
—Las habladurías son inevitables. Lo que importa es la verdad que construimos juntos. Y esa verdad es que encontré en Valeria a alguien que comparte mis valores y mi visión de futuro.
La entrevistadora arqueó una ceja, insatisfecha.
—¿Entonces niegan que haya intereses económicos detrás de esta unión?
Adrián estaba a punto de contestar, pero Valeria lo interrumpió, sorprendiendo a todos.
—El dinero no limpia un apellido ni compra dignidad. Si acepté este compromiso, fue porque creo que juntos podemos enfrentar a cualquiera que intente destruirnos.
El estudio enmudeció un segundo. Adrián la miró de reojo, y por primera vez no fue con frialdad, sino con un atisbo de respeto.
La presentadora sonrió con malicia.
—¿Y cómo lleva usted, Valeria, la presión de ocupar un lugar al lado de un hombre como el señor Montenegro? No cualquiera soporta tanta… oscuridad.
El comentario era venenoso. Valeria sintió la sangre hervir, pero no se dejó intimidar.
—La oscuridad no me asusta. Me asustaría más vivir en una mentira.
Un murmullo de aprobación recorrió al equipo detrás de cámaras. La entrevistadora, algo incómoda, cambió de tema con rapidez.
—Y hablando de confianza… ¿Qué opina de Elena Ruiz, la exnovia del señor Montenegro, que estuvo presente en su fiesta de compromiso?
El ambiente se tensó. Valeria notó cómo el aire se volvía más pesado, pero antes de que pudiera hablar, Adrián tomó su mano frente a todos. Su gesto fue calculado, pero el calor de su piel la estremeció.
—El pasado no tiene cabida en nuestro futuro —declaró con firmeza—. Elena es un capítulo cerrado.
Las cámaras captaron el contacto de sus manos, la intensidad de su mirada. Para la audiencia parecía amor verdadero; para Valeria era un juego peligroso de apariencias. Pero en lo más profundo de su pecho, algo traicionero palpitó con fuerza.
Cuando la entrevista terminó, salieron entre flashes y preguntas gritadas por periodistas. Ya en el auto, Valeria soltó su mano con brusquedad.
—No vuelvas a usarme como parte de tu espectáculo.
Adrián giró el rostro hacia ella, sus ojos grises brillando bajo la penumbra.
—Tú también me usaste. Y lo hiciste bien.
El silencio se instaló entre ellos mientras el coche avanzaba por la ciudad. Afuera, los titulares ya explotaban en redes. Adentro, Valeria comprendió que acababa de cruzar otro límite: había jugado el juego de Adrián Montenegro… y no había perdido.