Esta es la historia de un hermoso hombre doncel que quiere ser papá.
UNIVERSO ALTERNO > M-PREG
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CAPÍTULO 9
...~NATHAN~...
La perseverancia es mi mayor virtud.
Presioné tres veces consecutivas el timbre de la pequeña casa de Lucas Smith. Eran las siete de la mañana, así que él ya debía encontrarse despierto y listo para desayunar.
Hoy desperté temprano para preparar una de mis especialidades: Waffles con crema, fresas y arándanos.
Un soñoliento y malhumorado Lucas abrió la puerta. Él estaba listo para gritarme que me largara, pero, me adelanté a sus palabras, mostrándole mi ofrenda con una sonrisa orgullosa.
La cocina es mi hobby. Y el emplatado forma parte de mis aficiones.
De nada sirve la buena comida si no es agradable a la vista.
Los ojos de Lucas se abrieron de par en par con interés. Incluso pude escuchar el rugido de su estómago, cuando, sin mediar palabra, agarró la comida y dejó la puerta abierta para que entrara.
Lucas arrastró sus pies por el pasillo hasta la cocina. El aroma a café inundó mis fosas nasales.
—Siéntate —dijo con voz ronca, y se encargó de la cafetera.
Lucas me sirvió una taza de café, antes de tomar asiento frente a mí y comenzar a devorar lo que le traje.
Me tomé un tiempo extra para quitarme el abrigo frente al futuro padre de mi hijo. Bajo este llevaba una camisa blanca con cuello de tortuga que rara vez usaba para ir a la oficina, pero sabía que lucía muy bien en ella.
Precisamente hoy tengo todo el día libre, y planeo dedicárselo al malhumorado sujeto de cabello rizado color chocolate que ya había acabado con la mitad de su desayuno.
—Esto sabe muy bien, ¿dónde lo compraste?
—No lo compré, yo lo hice —dije, ofreciéndole una sonrisa orgullosa—. ¿Te gusta?
Lucas me miró incrédulo.
—Ajam… como digas.
—Hablo en serio, yo lo hice —insistí, inclinándome hacia adelante y recargando mi rostro sobre la palma de mi mano.
Por un segundo, pude ver nerviosismo de su parte, y cómo sus ojos se deslizaron sobre mis brazos.
No promulgo con la falsa modestia. Soy un hombre atractivo y me he ganado el derecho de usar aquello como un arma para alcanzar mis objetivos.
Una sonrisa o un guiño dirigido a la persona indicada, en el momento preciso, puede hacer la diferencia entre un contrato debidamente firmado, y uno que necesita otras diez insufribles revisiones.
Prensé mi labio inferior entre mis dientes, extasiado con el obvio interés en los ojos de Lucas.
Dicen que los donceles embarazados son un hervidero de hormonas alborotadas. Y yo me encontraba más que dispuesto a servirle.
—Si quieres podría venir por las mañanas y prepararte el desayuno aquí, en tu casa, así sabrías si hablo en serio o son puras patrañas.
Lucas lo consideró mientras masticaba su comida con ojos desafiantes.
—¿Qué tal se te dan las cenas? —dijo. Tomó un trago de café en cuanto aguardaba por mi respuesta.
—Te prepararé la mejor cena que hayas probado en la vida.
—Anoche Jude dejó la vara muy alta —soltó con una mueca listilla.
Mi buen humor se hundió en un parpadeo.
—¿Él cocinó para ti? —inquirí mosqueado.
—No, fuimos a un restaurante, pero fue la mejor cena que he tenido en años.
—Ah.
Reprimí el impulso de poner mis ojos en blanco.
¿A quien carajos le importa ese abogaducho de mierda? A mí no.
Cruzado de brazos, analicé el semblante relajado de Lucas…
Él lucía mucho menos tenso que ayer, como si anoche hubiese liberado todo el estrés de su cuerpo.
Mis ojos por poco se escapan de sus orbitas, y, al parecer, mi boca reaccionó instintivamente.
—¿Anoche tuviste sexo con Jude? —pregunté receloso.
La cuchara de Lucas cayó sobre su plato de la impresión. Todo su rostro me indicaba que aquella pregunta lo había agarrado con la guardia baja.
—¿QUÈ?
—Lo que escuchaste, responde.
—Eres… —comenzó Lucas con los labios apretados—. Ni siquiera sé como definirte.
—Es una pregunta muy simple, ¿sí o no?
Lucas se puso de pie con dificultad, me dispuse a ayudarlo, pero él se negó, advirtiéndome con la mirada que si daba un paso más cerca de él, me iría muy mal.
—¿Quién carajos te crees para hablarme de ese modo?
Él se quedó en silencio, parecía evaluar cuanto de esto era su culpa. La situación no podía ser más incómoda.
—Ni siquiera sé porque te dejé entrar a mi casa.
—Soy el padre de tu bebé —dije con mis fosas nasales dilatadas. Lo que indicaba que debía salir de ahí lo más pronto posible.
Estaba a punto de tomar mi abrigo y marcharme, cuando vi como a la velocidad de un parpadeo, Lucas acortó la distancia entre ambos, e, impulsándose sobre las puntas de sus pies, me agarró de la nuca y estrelló sus labios con los míos en un beso para nada dulce.
La punta de su lengua húmeda y caliente acarició los bordes de mis labios, exigiendo que lo dejara entrar y así lo hice. Mis manos se posaron sobre su cintura abultada, y un sentimiento profundo de felicidad se apoderó de mí.
Esto era lo más cercano que he estado de mi bebé desde que supe de su existencia, y juro que seguirá siendo así el resto de mi vida.