En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 8: El peligro de la noche y el instinto de la pantera
Capítulo 8: El peligro de la noche y el instinto de la pantera
La noche había caído por completo sobre el Distrito Norte, pintando las calles de un negro húmedo que reflejaba las luces de neón en los charcos que dejó la tormenta. En el piso doce de la constructora, el exceso de trabajo había obligado a gran parte del personal a realizar horas extras. Cuando por fin se anunció el cierre de la jornada, un suspiro de alivio colectivo resonó en los pasillos.
El aire de la noche era perfecto para Oleg: húmedo, frío y sumamente fresco. Al salir al vestíbulo principal del edificio junto al resto de los empleados, el omeguita se ajustó su bufanda blanca. El ambiente estaba lleno de murmullos; los trabajadores se organizaban en grupos para marcharse juntos. Al ser una ciudad tan grande, la mayoría se dividía según las zonas donde vivían: los distritos Sur, Este y Oeste.
Oleg, manteniéndose al margen como el "fantasma" que era, planeaba caminar solo hacia la estación o tomar un taxi discreto hacia su apartamento de alta gama en el Distrito Norte. Sin embargo, su llamativa apariencia —las orejas blancas moteadas que sobresalían de su cabello platinado y su hermosa y pesada cola invernal— atraía miradas incluso en el cansancio de la noche.
—Vaya, vaya... Pero si es el nuevo pasante estrella —una voz siseante y arrastrada rompió el espacio personal de Oleg.
Al darse la vuelta, el omeguita se topó con un alfa de rango superior del departamento de compras: un suin serpiente. Su aroma era denso, pastoso y cargado de unas feromonas de cortejo bastante agresivas que hicieron que las orejas de Oleg se aplastaran por completo contra su cabeza.
—Se-Señor... buenas noches —susurró Oleg, retrocediendo un paso por instinto. Su larga cola gris se enroscó fuertemente alrededor de su pierna, buscando protección.
—Es muy tarde para que un omega tan tierno y hermoso camine solo —continuó el alfa serpiente, ignorando la distancia social y dando un paso hacia el frente. Sus ojos alargados recorrieron la figura de Oleg con evidente interés—. Un leopardo de las nieves... Es obvio que vives en el Distrito Norte, el área más fría. Qué coincidencia, yo voy hacia allá. Déjame llevarte en mi auto. Insisto.
El tono del alfa se volvió encimoso, y extendió una mano para rozar el hombro de Oleg. El omeguita se tensó por completo, experimentando un pánico helado. Sus dedos comenzaron a amasar con desesperación la tela interior de los bolsillos de su gabardina para no perder el control, y sus pequeños colmillos superiores mordieron su labio inferior. Oleg no sabía cómo quitárselo de encima; aquel hombre era un superior en la empresa y, debido a su timidez y naturaleza pacífica, temía que una escena afectara su pasantía o hiciera quedar mal los contactos de su padre.
—No... no es necesario, de verdad. Puedo irme solo... —intentó decir Oleg, sintiendo cómo el aroma de la serpiente lo sofocaba.
—Vamos, no seas tímido, precioso. Un superior te está ofreciendo un favor, no deberías rechazarlo —insistió el alfa, tomándolo del antebrazo con un agarre que empezaba a ser molesto.
—Dijo que no.
Una voz brutalmente profunda, fría y cargada de una autoridad absoluta cortó el aire del vestíbulo como una cuchilla de hielo.
El aroma a café amargo y madera oscura de Wú Zhìyuān inundó el lugar en un segundo, pero esta vez no era la fragancia calmada de la oficina; era el aroma de una pantera negra dominante marcando su territorio con furia contenida. Los empleados de alrededor guardaron silencio de inmediato, y el alfa serpiente soltó el brazo de Oleg por puro reflejo biológico ante un depredador superior.
Zhìyuān apareció desde el pasillo de los ascensores, con su abrigo largo oscuro y sus ojos amarillos dorados brillando con una fijeza peligrosa. Sus orejas negras de pantera estaban completamente erguidas, captando el siseo nervioso del otro alfa.
—Señor Wú... —el alfa serpiente intentó sonreír, aunque dio un paso atrás—. Solo le estaba ofreciendo un aventón al pasante, ya que vivimos en el mismo distrito...
—El departamento financiero no necesita que el personal de compras gestione el transporte de sus empleados —sentenció Zhìyuān, colocándose firmemente entre el alfa serpiente y Oleg, bloqueando por completo al omeguita con su imponente y ancha espalda. El aroma protector de la pantera envolvió a Oleg como una manta cálida, haciéndolo soltar un imperceptible suspiro de alivio—. Oleg tiene trabajo pendiente que revisar conmigo de camino. Retírate. Ahora.
El alfa serpiente, sabiendo que no tenía ninguna oportunidad contra un alfa dominante de rango felino, tragó saliva, hizo una reverencia apresurada y se alejó rápidamente hacia las puertas de salida junto al resto de los empleados que miraban la escena con asombro.
Una vez que el vestíbulo quedó casi vacío, Zhìyuān se dio la vuelta para mirar al omega.
Oleg seguía temblando ligeramente, con las orejas aplastadas y su pesada cola abrazada contra su pecho, escondiendo la mitad de su rostro en el pelaje moteado por la pura vergüenza y el susto. Al ver la mirada severa pero extrañamente atenta de su jefe, Oleg bajó la vista.
—Gracias... muchas gracias, señor Wú —susurró el omeguita en un hilo de voz—. Siento haber causado problemas...
Zhìyuān guardó silencio un par de segundos, observando cómo las orejas del leopardo se movían tímidamente, buscando aprobación. Las feromonas de la pantera se suavizaron de golpe, perdiendo su agresividad y volviéndose reconfortantes.
—No causaste ningún problema, Oleg. Pero en este mundo debes aprender a usar tus garras cuando alguien invade tu espacio sin tu permiso —dijo Zhìyuān con su voz grave, aunque el tono huraño había disminuido considerablemente—. Camina. Mi auto está en el sótano. Yo te llevaré a tu apartamento en el Distrito Norte. No dejaré que mis pasantes sean intimidados fuera de mi oficina.
Oleg levantó las orejas de golpe, dándose cuenta de que la imponente pantera negra realmente se preocupaba por él a su manera. Con las mejillas completamente rojas y un tímido pero dulce ronroneo comenzando a vibrar en su pecho, el omeguita asintió con la cabeza y siguió los pasos firmes de su jefe hacia el ascensor, sintiendo que la fría noche del Distrito Norte ya no parecía tan peligrosa.