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Destinada a Cinco Bestias

Destinada a Cinco Bestias

Status: En proceso
Genre:Romance / Poli amor / Mujer despreciada / Bestia / Harén Inverso
Popularitas:24.7k
Nilai: 5
nombre de autor: elmira brazil

Aitana nació como la omega más débil de su manada. Sin garras, sin colmillos y sin una marca digna de respeto, fue humillada por todos, incluso por su propia sangre.
Pero la noche en que la venden como si no valiera nada, la Diosa Luna despierta en ella un poder que llevaba mil años dormido.
Aitana no es una omega cualquiera.
Es la Luna Sagrada, la Elegida destinada a cambiar el mundo de los cambiantes. Y su destino no pertenece a un solo hombre, sino a cinco bestias de clanes distintos: Leandro, la serpiente dorada que la protegería con su vida; Mateo, el curandero lince que sana sus heridas; Quirón, el halcón orgulloso que arde como un fénix; Iván, el tigre blanco que desafía todo por ella; y Nereón, el sireno que guarda secretos bajo el mar.
Mientras antiguos enemigos codician su sangre y los clanes se preparan para la guerra, Aitana deberá construir una nueva manada desde las cenizas, proteger a las hembras olvidadas y demostrar que la omega que todos rechazaron puede convertirse en la fuerza más poderosa del mundo.
Cinco vínculos. Cinco destinos. Una sola Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: Bodas de sangre y luna

La choza ceremonial olía a copal, flores nocturnas y miedo.

Aitana estaba sentada sobre una banca de madera mientras Paloma le desenredaba el cabello con dedos más cuidadosos de lo normal. Afuera, la manada se movía como si se preparara para una guerra en lugar de una ceremonia de vínculo. Voces, pasos, órdenes de Don Romualdo, el sonido de vasijas colocándose alrededor del altar.

Todo había pasado demasiado rápido.

Una hora antes, Aitana era la muchacha a la que Fausto llamaba ratoncita.

Ahora dos curanderas visitantes discutían qué manto debía usar una Luna Sagrada.

—Si vuelves a morderte el labio, vas a sangrar antes de tiempo —dijo Paloma.

Aitana soltó el labio de inmediato.

—No sé qué estoy haciendo.

—Elegiste.

—Eso no significa que sepa qué viene después.

Paloma dejó el peine sobre la mesa y se arrodilló frente a ella. Tenía los ojos rojos de tanto llorar, aunque intentaba fingir lo contrario.

—Viene algo que por fin no decidió Roque.

Aitana bajó la mirada.

—También decidí por Leandro. Tal vez lo metí en problemas.

—Él aceptó.

—Todos lo miraban como si hubiera robado algo.

—Porque pensaban que podían robarte a ti.

La frase era dura. Verdadera.

Aitana tomó aire. La marca bajo su clavícula seguía tibia. Cada vez que alguien pronunciaba la palabra vínculo, palpitaba.

—¿Y si esto lo lastima?

Paloma la miró con una ternura rara en ella.

—Amiga, ese hombre detuvo a Fausto con una mano. Creo que puede sobrevivir a los chismes.

—No hablo de chismes.

—Lo sé.

Durante un momento no dijeron nada.

Aitana pensó en la lágrima de Leandro. En su pregunta, áspera, casi incrédula. "¿Estás segura de que hablas de mí?" Nadie lloraba así por ambición. Nadie miraba así a una oportunidad de poder.

Paloma le tomó las manos.

—Aitana, mírame.

Ella obedeció.

—Si en algún momento no quieres seguir, me lo dices. Yo grito, rompo algo, llamo a mi padre, lo que haga falta.

Aitana soltó una risa temblorosa.

—Muy tranquilizador.

—Soy excelente en crisis.

La puerta se abrió antes de que Aitana pudiera responder. Abuela Remedios entró con un manto blanco doblado sobre los brazos. Detrás de ella venía otra curandera, llevando un cuenco de agua plateada.

—Es hora.

El estómago de Aitana se encogió.

Paloma se puso de pie.

—¿Puedo quedarme con ella hasta el altar?

Abuela Remedios la miró.

—Puedes caminar detrás. En el centro solo estarán la Elegida, el guardián elegido y las curanderas.

Aitana se levantó despacio. Le dolía la espalda, pero el dolor parecía lejano, como si perteneciera a una vida anterior. La curandera le colocó el manto sobre los hombros. Era ligero, casi transparente, bordado con hilos plateados que reflejaban la luna.

—No parezco yo —susurró.

Abuela Remedios le acomodó el borde.

—Tal vez nunca te dejaron verte completa.

Aitana la miró, sorprendida.

La anciana no dijo más.

Afuera, el patio ceremonial había cambiado. Las antorchas estaban apagadas; solo quedaban cuencos de resina ardiendo con llamas pequeñas y la luz de la luna llena sobre el altar. Los visitantes formaban un círculo amplio. Nadie reía ahora. Nadie se atrevía.

Leandro esperaba al otro lado de la piedra central.

También llevaba un manto oscuro, sin adornos, sujeto sobre un hombro. Bajo la luz, las escamas de sus antebrazos parecían líneas de obsidiana. Al verla, su rostro cambió apenas. Lo suficiente para que Aitana supiera que él también estaba tratando de mantenerse entero.

Roque estaba en la primera fila, con los labios apretados.

Bruna, junto a los zorros, observaba cada detalle.

Fausto no estaba cerca del círculo. Don Romualdo lo había mandado al borde del patio con dos guardias del Clan Jabalí. Aun así, Aitana sintió su rabia desde lejos.

Abuela Remedios levantó el bastón lunar.

—Bajo la mirada de la Diosa Luna, la Elegida ha nombrado a su primer guardián de vínculo. Antes de sellar, ambos deben hablar con verdad. Sin presión de clan, sin orden de tutor, sin deuda de sangre.

La curandera se volvió hacia Leandro.

—Leandro, del Clan Serpiente. Si aceptas este vínculo, tu vida quedará atada a la protección de Aitana. No como dueño. No como carcelero. Como guardián, compañero y primer escudo. Su voluntad estará por encima de tu deseo. ¿Aceptas?

Leandro no miró a la manada.

Solo a Aitana.

—Acepto.

La marca de Aitana palpitó.

Abuela Remedios se volvió hacia ella.

—Aitana, reconocida por la Luna. Si aceptas este vínculo, Leandro podrá sentir tus llamados de peligro y sostener parte del peso de tu marca. La primera mordida no consumará todo el lazo, pero abrirá el camino. ¿Lo eliges por voluntad propia?

Aitana respiró.

Miró a Roque. Él no podía ordenar nada.

Miró a Bruna. Ella no podía sonreír por ella.

Miró a Paloma. Su amiga asintió, con lágrimas en los ojos.

Finalmente miró a Leandro.

—Lo elijo.

Abuela Remedios tomó el cuenco de agua plateada y mojó dos dedos. Trazó una línea sobre la frente de Aitana, luego sobre la de Leandro.

—Entonces, sangre y luna sean testigos.

Aitana y Leandro se arrodillaron frente a frente.

La curandera colocó entre ellos una pequeña hoja de obsidiana.

—Una gota de sangre de cada uno.

Aitana extendió la mano. Leandro se adelantó apenas.

—Yo primero.

No fue una orden. Fue una petición silenciosa para que ella viera que no dolía.

Él se cortó la yema del pulgar. Una gota oscura cayó sobre la piedra. Luego le ofreció la hoja a Aitana por el lado limpio.

Ella se pinchó el dedo.

El dolor fue pequeño. La reacción no.

Cuando su sangre cayó junto a la de Leandro, ambas gotas se movieron una hacia la otra como si tuvieran voluntad. Se tocaron.

La marca de Aitana ardió.

Leandro inhaló con fuerza.

Una línea dorada apareció en la piedra, subiendo desde la sangre hasta sus manos. Aitana sintió un tirón en el pecho, no doloroso, pero intenso. Como si una cuerda invisible acabara de encontrar el otro extremo.

—No tengas miedo —dijo Leandro, muy bajo.

—No estoy segura de poder obedecer eso.

Sus ojos dorados se suavizaron.

—Entonces ten miedo conmigo.

Aitana casi perdió el aire.

Abuela Remedios continuó el canto ritual. Las palabras eran antiguas, más cercanas a música que a lenguaje. Alrededor, el círculo de la manada se volvió borroso. Solo quedaban la luna, la piedra fría bajo las rodillas y Leandro frente a ella.

La línea dorada subió por los dedos de Aitana.

Ella vio cómo otra línea, oscura y brillante, recorría la mano de Leandro. Ambas avanzaron hacia las muñecas, dibujando curvas finas como escamas y hojas. No era la marca completa. Todavía no. Pero estaba empezando.

Un murmullo de asombro recorrió el patio.

—Sello de vínculo —susurró una curandera visitante.

Abuela Remedios abrió los ojos.

—La Luna acepta.

La frase debió tranquilizarla.

Pero en cuanto la luz tocó la marca bajo su clavícula, Aitana sintió algo despertar dentro de ella.

No una voz esta vez.

Una fuerza caliente, antigua, demasiado grande.

Leandro lo sintió también. Sus pupilas se afilaron hasta volverse dos rendijas doradas.

—Aitana —dijo.

La piedra bajo sus rodillas vibró.

El símbolo de la luna en su pecho brilló con tanta fuerza que el manto se volvió transparente de luz. Aitana cerró los ojos, pero la luz estaba dentro. Le subía por la sangre, por la garganta, por las manos unidas a las de Leandro.

Y en el centro de ese ardor, sintió algo más.

Como si otra cosa, dormida muy hondo en su cuerpo, acabara de abrir los ojos.

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Maria Diosdado Velázquez
esto es lo que a mí no me gusta, porque después se pierde la novela y no se sabe en qué termina, 😞😞 repruebo esto de no poner toda la novela entera, si usted escritora pudiera no hacer eso se lo agradecería
La novela está buenísima, pero no la pone completa y eso le resta puntos
Maria Diosdado Velázquez
no, no se abren las fotos🤔🤔🤔🤔🤔
Mary Salazar
me encanta 👏👏👏🤣🤣🤣👌👌😂😂
Mary Salazar
Woow 👏👏👏
Mary Salazar
OMG 😱😱😱😭😭😭
🏳️‍🌈ZOE GIANNI 🇮🇹🇦🇷
no puedo ver las imágenes, no soy solo yo no??
Elizabeth Vargas: yo tampoco puedo 😭
total 1 replies
Mary Salazar
Woow 👏👏👏👏👏👏 fantástico
Mary Salazar
guacala 😂😂😂🤣🤣🤣👌👌👌
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