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El Lado Oscuro De La Pasión

El Lado Oscuro De La Pasión

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amante arrepentido / Reencuentro
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Durante diez años, Rebecca le volvió la espalda al pasado, decidiendo aceptar la traición de Jay Lorence y abrirse paso sola en la vida. Pero ahora, nada podía apartarla del lecho de su madre; ni siquiera para enfrentarse a Jay de nuevo... Después de todo, él jamás se molestó en averiguar qué le sucedió a la adolescente que huyó de Thornley, jurando nunca regresar, ni cómo sobrevivió la chica cuyo amor y confianza rechazó con tanta crueldad...

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Capítulo 8

Pasaron frente a la casa del conserje... en reparación. Le dijo la verdad. Al ver las ventanas también se vio de adolescente, medio oculta tras las cortinas, espiando a Jay. Se moría de celos cuando lo contemplaba en su traje de etiqueta, guapísimo, saliendo a una función de gala ‘‘en lugar de mi padre”. Esas noches lo acompañaba Olivia, la princesa rubia, más conveniente que Rebecca, la campesina despeinada.

¿Se casó con ella? No se atrevió a averiguarlo, pero observó las manos de Jay sobre el volante.

No las adornaba un maldito anillo de matrimonio. Aunque eso no significaba nada. Jay siempre despreció las joyas, ni siquiera usaba relojes ostentosos.

Contempló la mansión georgiana que se alzaba ante ella. Tendría que enfrentarse a Olivia en el papel que siempre ambicionó sobre todas las cosas: la de ama y señora de Thornley Hall.

Recordó ese último verano en que aprendió las diferencias entre plebeyos y nobles... y no sólo a manos del padre de Jay; Olivia también jugó una parte importante en ese descubrimiento. Gracias a ella, se peleó con Jay y empezó a rebelarse contra su dominación, sexual y moral.

-Si crees que es correcto que te sientes cerca de la piscina para coquetear con Olivia, mientras lavo su ropa sucia, entonces también yo coquetearé con mis amigos -le gritó, enfrentándosele en el claro del bosque, cerca del río.

-No coqueteo con Olivia -negó él, acalorado-. Voy a su casa para verte.

- ¡Mentiroso! -lo acusó-. ¿Crees que no me doy cuenta de la manera en que la tocas, le sonríes... la deseas?

- ¡Ella es la que me toca! -Frunció el ceño-. No yo.

-Entonces, no se lo permitas.

-Cálmate, Becky -suspiró, empezando a acariciarla cuando comprendió que sus argumentos no lo llevaban a ninguna parte-. Sabes que adoro el suelo que pisas.

-Pero no me llevas al baile del club -refunfuñó-. No te atreves a decirles que me amas a mí.

-No es tan simple y lo sabes -se movió, incómodo, y bajó la vista- Recuerda cuan conservador es mi padre y también tu mamá. Dios del cielo, Rebecca, ¡apenas tienes dieciséis años! -gruñó-. Me lincharían si se enteraran de lo qué hice.

-Quizá te lo mereces -lo atajó, detestándolo porque comprendía que había mucho de razón en lo que le decía. El había cumplido veintitrés y debió evitar seducir a la hija de la criada. Alzó la barbilla, todavía recordaba con cuánto orgullo, y le indicó:

-Pues, confórmate con Olivia. Finge que eres el muchacho obediente y limpio que todos creen... ¡pero no esperes que me quede en casa mordiéndome las uñas mientras tú te diviertes! Hay muchos peces en el mar, además de ti, Jason Lorence.

-Si sales con alguien, te mato, Becky -le advirtió y ella se estremeció de excitación porque la amenazaba en serio-. Te lo juro.

-Yo también -lo retó, empezando a saborear esa pelea-. Hay un baile en la taberna esta noche. Joe quiere llevarme.

-Acepta y lo mato contigo -barbotó.

-Sal con Olivia esta noche y me voy con Joe.

Ambos, lo hicieron. Aún ahora, diez años después, ignoraba cuál de los dos ganó esa batalla amarga. Quizá ella pues Jay regresó a la mansión justo cuando Joe le daba el beso de despedida y su rabia mereció haber cumplido la amenaza. Quizá él porque fue la primera vez que la llamó una cualquiera. Y se dio cuenta, aunque entonces se negó a aceptarlo, que así la veía Jay... corno a una excitante y deseable cualquiera... y nada más.

Los neumáticos chirriaron al detenerse y Rebecca parpadeó, volviendo al presente. Otro coche se estacionaba frente a ellos.

- ¡Maldición! -Musitó Jay-, ¡Olivia! Me olvidé de ella.

Rebecca se puso tensa y entonces la puerta de la mansión se abrió. Un rayo de luz iluminó las dos cabezas que giraron para observar a la figura rubia, todavía alta y delgada de Olivia vestida con un traje de seda azul que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Les sonrío segura de que su sonrisa hallaría una grata acogida.

La esposa perfecta dándole la bienvenida al hogar al cansado esposo.

1
Alexandra Ortiz Posada
Me enfurece que ella se deje menospreciar de esa manera
Alexandra Ortiz Posada
Cada vez más odioso
Alexandra Ortiz Posada
Demasiado tonta
Alexandra Ortiz Posada
Odioso, y ni siquiera le pide perdón por la haberla golpeado
Alexandra Ortiz Posada
Malvado, egoísta, no se interesa en el sufrimiento de ella
Alexandra Ortiz Posada
Odio como la trata este estupido
Alexandra Ortiz Posada
Desgraciado, como se atreve a pegarle
Alexandra Ortiz Posada
Es odioso este tipo
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