Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 3: Promesas y control
El aire en la habitación aún se sentía pesado.
No por lo que había pasado.
Sino por lo que estaba por venir.
…
—Alteza… sus prometidos han llegado.
…
Prometidos.
…
Mis dedos se tensaron ligeramente sobre la tela de la cama.
…
Claro.
Ellos.
…
El recuerdo no tardó en aparecer.
Tres sombras en la oscuridad.
Tres figuras inmóviles.
Tres silencios que dolían más que cualquier palabra.
…
—¿Por qué estamos aquí…?
…
—Es una orden.
…
—De alguien más adecuada para el trono.
…
El empujón.
El vacío.
Las bestias.
…
Apreté los dedos con más fuerza.
…
—Alteza…
…
—Que pasen.
Mi voz salió firme.
Sin temblor.
…
Esta vez…
No.
…
La puerta se abrió.
…
Y entraron.
…
El primero fue el lobo.
Kael.
…
Su presencia llenó el espacio sin esfuerzo.
Firme.
Silenciosa.
Controlada.
…
Sus ojos recorrieron la habitación antes de detenerse en mí.
…
Atento.
Siempre atento.
…
El segundo…
El zorro.
…
Sonrisa ligera.
Mirada calculadora.
Como si cada detalle ya estuviera registrado en su mente.
…
Y el tercero…
El felino.
…
Imponente.
Directo.
Sin intención de ocultar su fuerza.
…
Los tres se inclinaron.
—Alteza.
…
Ese gesto.
…
Antes…
Habría significado seguridad.
…
Ahora…
Solo era una ilusión.
…
—Han llegado temprano.
…
—Es nuestro deber —respondió Kael—. Velar por su seguridad.
…
Seguridad.
…
Otra palabra conveniente.
…
Me levanté lentamente.
No quería parecer débil.
No frente a ellos.
…
—No necesito supervisión constante.
…
Silencio.
…
El zorro sonrió.
—No es supervisión… es cuidado.
…
Cuidado.
…
Siempre disfrazaban el control con esa palabra.
…
—Entonces no les molestará si manejo mis asuntos hoy.
…
El felino dio un paso al frente.
…
—No es recomendable.
…
Directo.
Sin suavizar.
…
—Hay decisiones que no debería tomar sola.
…
Ahí estaba.
…
El control sin máscara.
…
—¿Y quién decide eso?
…
Silencio.
…
—Nosotros.
…
Kael.
…
Firme.
Seguro.
…
Como si fuera obvio.
…
Lo miré.
…
Y por un segundo…
Recordé.
…
Él también estaba ahí.
Esa noche.
…
No me detuvo.
…
No dijo nada.
…
Apreté los dientes levemente.
…
—Eso fue antes.
…
El ambiente cambió.
Sutilmente.
Pero lo suficiente.
…
Di un paso hacia ellos.
…
—Yo decidiré mi agenda.
…
—No.
…
La palabra salió clara.
Firme.
Sin espacio para dudas.
…
Silencio.
…
Ese fue el momento.
…
El primero.
…
El felino frunció el ceño.
El zorro dejó de sonreír por un segundo.
…
Kael…
No reaccionó de inmediato.
…
Solo me miró.
…
Como si intentara entender.
…
—No es lo más adecuado —insistió el felino.
…
—No lo es… ¿para quién?
…
No alcé la voz.
No perdí la calma.
…
Pero no retrocedí.
…
Silencio.
Pesado.
Denso.
…
Y entonces—
—Qué interesante.
…
Todos giramos.
…
La puerta.
…
Y ella.
…
La “santa”.
…
Sonriendo.
Como siempre.
…
—Parece que llegué en un momento animado.
…
Nadie respondió.
…
Pero lo vi.
…
El cambio.
…
El zorro relajó ligeramente la postura.
El felino desvió la mirada apenas.
…
Kael…
Se tensó.
…
Muy poco.
…
Pero lo suficiente.
…
Interesante.
…
—Hermana —dijo ella con dulzura—. ¿todo está bien?
…
Ahí estaba.
…
La misma voz.
La misma máscara.
…
Pero ahora…
Yo veía más.
…
Los miré a ellos.
Luego a ella.
…
Conectando.
…
Ellos ya la conocían.
…
Claro.
…
No era coincidencia.
…
—Todo está perfectamente.
…
Sonreí levemente.
…
—Solo estábamos aclarando algo.
…
—¿Ah, sí? —sus ojos brillaron—. ¿puedo ayudar?
…
Ayudar.
…
Siempre lo mismo.
…
—No.
…
Silencio.
…
Más fuerte esta vez.
…
Más claro.
…
—Esto lo resolveré yo.
…
Su sonrisa no desapareció.
…
Pero se volvió… más firme.
…
Más controlada.
…
Los prometidos guardaron silencio.
…
Y Kael…
…
Seguía mirándome.
…
Diferente.
…
Como si algo ya no encajara.
La puerta se cerró.
…
El silencio duró un segundo.
…
Y entonces—
…
La sonrisa desapareció.
…
—Está cambiando.
…
Su voz era fría.
Precisa.
…
—Lo notamos —dijo el zorro.
…
—No está obedeciendo —añadió el felino.
…
Silencio.
…
Kael no habló.
…
Ella caminó lentamente.
…
—Un cambio repentino… no es natural.
…
Se detuvo.
…
—Pero no es un problema.
…
Una leve sonrisa.
Fría.
…
—Solo hay que devolverla a su lugar.
…
Como si fuera simple.
…
Como si fuera obvio.
…
—Reducir sus decisiones —continuó—. Controlar lo que ve… lo que escucha.
…
Silencio.
…
—¿Y si se resiste?
…
—Lo hará.
…
Sin duda.
…
—Por eso están ustedes.
…
Sus ojos se posaron en Kael.
…
—¿Algún problema?
…
Silencio.
…
—No.
…
Pero no fue convincente.
…
—Bien.
…
Se giró.
…
—Esto es como un juego de ajedrez.
…
Pausa.
…
—Y ella…
…
Una leve sonrisa.
…
—Sigue siendo una pieza.
…
Silencio.
…
—Solo necesitan esperar.
…
Otra pausa.
…
—Un año más… y todo terminará.
…
El zorro asintió.
El felino aceptó.
…
Kael…
Guardó silencio.
…
Pero su mirada…
…
Ya no era la misma.