Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo XXIII:Primero fue sabado que domingo
Damián estaba tan conmovido en ese momento que al ver sus labios pintados de un carmín tan intenso quiso besarlos, luego recordó donde se encontraban y conteniéndose el gesto en su lugar besó su frente, aspirando el olor de su cabello, ese aroma a frutos del bosque que ella siempre había usado y que hasta el momento no había notado que le gustaba tanto.
—Ya va a comenzar la ceremonia, déjame llevarte a tu asiento —dijo él, guiándola con una delicadeza que contrastaba de forma drástica con su imponente presencia física.
A su paso, sus compañeros de batallón le hacían bromas sobre su acompañante y él la presentaba orgullosamente como su “mejor amiga”, provocando que los otros reclutas contuvieran las risas y pusieran los ojos en blanco, divertidos por la inusual caballerosidad de la mole del grupo con su supuesta conocida de la infancia.
Pese a las burlas, en el fondo agradecían que alguien viajara hasta allí para estar con Damián en un momento tan importante de su vida.
La ceremonia de graduación de la academia de bomberos resultó ser un evento muy emotivo, y cuando el maestro de ceremonias anunció con voz imponente el nombre de Damián, Ada rompió el protocolo con un aplauso entusiasta y un grito de orgullo que resonó con fuerza por todo el recinto.
Para Ada verlo caminar hacia el estrado con la frente en alto y recibir su condecoración fue la recompensa perfecta a todo el esfuerzo y sacrificio que él había hecho durante estos dos años sometido a un entrenamiento brutal y sin ningún apoyo de su familia.
Incluso estaban miembros de la prensa local tomando fotografías y en unos días se publicaría un artículo destacando el acto y los méritos que hacían a Damián merecedor de tal honor.
Luego de dar por terminada la ceremonia oficial, entre abrazos, felicitaciones y fotografías de familiares de los demás graduandos, Ada no se apartó de su lado.
—¿Por qué no vas con el fotógrafo oficial? —le preguntó, al notar que él evitaba la fila.
—Mi familia no vino, Ada, y no tengo ganas de lucir patético posando solo.
Ada se plantó frente a él con las manos en la cintura y en una actitud dominante lo señaló con fingido enojo.
—¿Acaso yo estoy pintada en la pared? —reclamó, tomándolo firmemente del brazo.
Ada tiraba de él y era gracioso porque a esa muralla llamada Damián era imposible que la menuda Ada pudiera hacer que se moviera un ápice, sin embargo, él dócilmente se dejó llevar, tras un par de tomas donde la cámara capturó la complicidad de sus miradas, el fotógrafo avanzó hacia el siguiente grupo.
—Prométeme una cosa —dijo Ada, entrelazando su dedo meñique con el de él— A partir de hoy, cada vez que alguno de los dos logre algo importante, nos tomaremos una foto juntos.
Damián negó con la cabeza y soltó una carcajada muy sincera, la atrajo hacia su pecho en un cálido abrazo y besó su coronilla.
—Está bien, lo prometo —respondió.
No obstante, una punzada de amargura le ensombreció el pensamiento al recordar el futuro inmediato, Ada pronto se marcharía muy lejos y estaría rodeada de personas tan inteligentes como ella.
— Aunque no sé si cuando estés en la universidad y tengas novio, a ese tipo le haga mucha gracia que conserves a un amigo de la infancia tan cercano.
Ada percibió su aroma tan varonil, y la firmeza de sus músculos y pensó que era más probable que él siendo tan mujeriego encontrara pareja mucho antes que ella, y eso le oprimió el pecho con amargura.
—Lo mismo va para ti —replicó Ada, clavándole una mirada cargada de advertencia—Si consigues novia y me haces a un lado, juro que te voy a patear el trasero a ti y a ella también… porque primero fue sábado que domingo.
La ambigüedad de la advertencia cargó el ambiente de una sutil carga de electricidad, y eso los incomodó un poco a ambos, así que con total naturalidad se unieron a los compañeros de batallón de Damián y ahora nuevos bomberos para ir a celebrar el inicio de su nueva vida profesional.
Rodeados de risas y anécdotas de los duros entrenamientos y brindis por el futuro, el efecto de la conversación anterior se diluyó poco a poco, y Ada se sintió, por primera vez en mucho tiempo en el lugar correcto.
La celebración estaba llena de euforia, cada vez que alguien le acercaba una bebida él de forma protectora la interceptaba, para otros podría parecer controlador, pero sabía que ella rara vez había tomado alcohol desde que eran niños, su instinto siempre había sido resguardarla de cualquier peligro, y esa noche, viendo cómo el magnetismo de Ada opacaba por completo el recuerdo de Sebastián, ese instinto era más fuerte que nunca.
—Damián, no seas aburrido —protestó Ada, dibujando un tierno puchero.
—Está bien, pero no te excedas —le advirtió él con una sonrisa de complicidad—Mañana tienes un viaje largo de regreso y enfrentar una resaca en el autobús no va a ser nada bueno para ti.
Todos en la mesa veían la escena con asombro y no sabían qué decir, no es que Damián durante los dos años de entrenamiento no hubiera tenido un par de relaciones casuales, y aunque siempre se había mostrado amable con esas mujeres, la forma en que miraba, cuidaba y trataba a su amiga de la infancia pertenecía a un plano completamente diferente.
Cuando ya pasaba de la madrugada el grupo comenzó a dispersarse, por suerte el bar al cual habían ido quedaba a unas calles de su hotel y Damián la acompañó de regreso, caminaban despacio, disfrutando de la calidez de ir tomados de la mano.
Al llegar a la entrada del edificio, no había mucho bullicio y ambos se quedaron parados, uno frente al otro, reacios a romper el encanto del día.
—Supongo que esta es la despedida … por ahora —dijo Ada, encogiéndose de hombros mientras se quitaba la chaqueta del uniforme de gala de Damián, la cual él le había prestado para cubrirse del frío.
—Sí… supongo que nos despedimos por un tiempo —respondió él, recibiendo la prenda.
Ada se puso de puntillas para depositar un beso de despedida en su mejilla, pero Damián no se conformó, sino que rodeó su cintura con firmeza y suavidad, haciendo lo que finalmente desde el primer instante en que la vio llegar, la atrajo hacia si y buscó sus labios.
Al principio fue un beso sutil y temeroso de romper el encanto, pero la emoción contenida de las últimas semanas estalló de repente, y el beso se volvió cada vez más profundo, y urgente, cargado de una necesidad que les robó el aliento.
Ada sintió como su cuerpo se calentaba y un sutil gemido se le escapaba de la garganta, haciendo que el pulso de Damián se acelerara de forma peligrosa, y fue en ese momento que se dio cuenta de que la deseaba con una fuerza que lo asustaba mucho.
Estaban al borde un punto sin retorno, donde su madurez se impuso como un freno de emergencia, recordó quién era ella, Ada no solo acababa de cumplir dieciocho años, sino que era una joven atrapada en un entorno familiar muy tóxico, era muy inocente de los asuntos del cuerpo.
Ella se encontraba en una situación de total vulnerabilidad emocional, un estado que para alguien con la experiencia de Damián habría sido muy fácil de manipular.
Sin embargo, él se negaba a cruzar ese límite esa noche, en esa habitación de hotel de paso, sentía que, si subía con ella esa noche, se estaría aprovechando de su fragilidad y de la confianza ciega que ella le profesaba.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Damián interrumpió el beso, y rompió el contacto dando un paso atrás intentando poner algo de distancia entre los dos, y con su respiración muy agitada le acomodó un mechón de su cabello detrás de la oreja.
—Entra —le pidió Damián, con voz ronca—Ya es muy tarde.
Ada lo miró desconcertada, y una desagradable sensación de inseguridad la golpeó de lleno, durante años había aprendido a normalizar la ambigüedad y el rechazo silencioso de Sebastián, y en su mente, interpretó el freno de Damián como un nuevo desprecio
Sus mejillas enrojecieron, pero esta vez no era por el deseo, sino por la sensación de vergüenza de haber malinterpretado la situación, así que bajó la mirada, retrocediendo un paso mientras se abrazaba a sí misma sintiendo inexplicablemente mucho frío en ese momento.
—Es porque soy fea, ¿Verdad? —susurró Ada, con la voz quebrada— Por eso es que no te gusto de esa manera… como te gustan las otras chicas.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre