Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Conde Archer 2
Pero en ese mundo…
La información no viajaba en una sola dirección.
En una mansión mucho más austera de lo que se esperaría de un conde, el ambiente era distinto.
Silencioso.
Ordenado.
Funcional.
Nada innecesario.
Nada ornamental.
El conde Archer se encontraba de pie junto a una ventana, revisando unos documentos, cuando la puerta fue tocada.
—Adelante.
Un hombre entró.
Uno de sus hombres de confianza.
—Mi señor.
Archer no levantó la vista de inmediato.
—Habla.
—Hay algo que debería saber.
Eso bastó para captar su atención.
Sus ojos se alzaron, directos.
—Una joven.. ha estado haciendo preguntas sobre usted en el pueblo.
Silencio.
Breve.
Pero denso.
Archer no respondió de inmediato.
Solo lo miró.
—¿Qué tipo de preguntas?
—Sobre su carácter. Su reputación. Sus acciones… Bastante específicas.
Eso no era casual.
El conde apoyó lentamente los documentos sobre la mesa.
Su mente ya trabajaba.
Rápida.
Precisa.
—¿Descripción?
El hombre asintió.
—Joven. De buena apariencia. Cabello oscuro… tirando a púrpura. Muy delgada.
El tiempo pareció detenerse un instante.
Y entonces…
Una imagen cruzó su mente.
Clara.
Exacta.
La muchacha del mercado.
La que “tropezó”.
La que cayó sobre él con una torpeza… demasiado conveniente.
La que se disculpó con voz suave…
Pero con ojos que no coincidían del todo con su actitud.
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
[asi que es ella..]
No preguntó.
No dudó.
Lo sabía.
Archer desvió la mirada hacia la ventana.
El exterior no le interesaba.
Su mente estaba en otra parte.
Recordando.
El peso de su cuerpo al caer.
La forma en que intentó recomponerse.
La disculpa.
Y sobre todo…
La sensación.
Porque algo no había encajado.
No del todo.
—No fue un accidente… —murmuró, más para sí mismo que para su subordinado.
El hombre esperó.
—¿Desea que la ignoremos?
Esa era una opción.
La más simple.
La más común.
Pero Archer no respondió de inmediato.
Porque no era un hombre que ignorara lo que no entendía.
Y esa joven…
No encajaba.
Demasiado bien vestida para actuar así.
Demasiado consciente… para ser ingenua.
Demasiado directa… para ser casual.
Sus dedos golpearon suavemente la mesa una vez.
Luego otra.
Decisión tomada.
—Averigua quién es.
Su voz fue firme.
Sin emoción.
Pero con intención.
—Qué quiere.
Otra pausa.
Más corta.
Más peligrosa.
—Y por qué cree que puede acercarse a mí de esa forma.
El hombre asintió de inmediato.
—Sí, mi señor.
Se retiró sin más.
El silencio volvió a la habitación.
Archer permaneció de pie, inmóvil.
Pero su mente…
No lo estaba.
La imagen de ella volvió.
Su expresión.
Su voz.
Su fragilidad evidente…
Y aun así…
Algo en ella no había sido débil.
No realmente.
Sus ojos se oscurecieron ligeramente.
No con curiosidad ligera.
Sino con atención real.
Porque en su mundo…
Nadie se acercaba a él sin motivo.
Y quien lo hacía…
O era un tonto.
O tenía un objetivo.
Y él…
Estaba a punto de descubrir cuál de los dos era ella.
Muy lejos de allí…
Eloise caminaba de regreso a su carruaje.
Con la tranquilidad de alguien que había conseguido lo que buscaba.
Sin saber…
Que, por primera vez…
No solo ella estaba observando.
Porque ahora…
El conde Archer también había puesto sus ojos en ella.
Y esta vez…
El encuentro no sería un accidente.
La tarde avanzaba con lentitud en la residencia del conde.
El sol comenzaba a caer, proyectando sombras largas sobre el suelo pulido, cuando la puerta volvió a abrirse con un golpe suave pero firme.
—Mi señor.
El mismo hombre de confianza se detuvo a unos pasos de distancia.
—Habla.
Archer no levantó la vista de inmediato. Terminó de firmar el documento frente a él con trazos precisos, dejando la pluma a un lado recién entonces.
—Ya tenemos la información.
Eso sí captó su atención.
Alzó la mirada.
—Nombre.
—Eloise Knapp.
Silencio.
El apellido no le dijo nada.
Y eso… ya era información en sí misma.
—Continúa.
—Tercera hija del matrimonio Knapp. Una familia noble… pero sin gran relevancia. No destacan ni por riqueza ni por prestigio.
Archer apoyó un brazo en la mesa, escuchando con atención.
Encajaba.
Demasiado bien.
—El hermano mayor está fuera.. Entrenando en la base militar del Imperio Lennox, junto a otros jóvenes del reino.
Eso hizo que el conde entrecerrara apenas los ojos.
—¿Nombre?
—Elton Knapp.
Lo registró mentalmente.
—El segundo hijo.. no presenta grandes habilidades. Se dedica principalmente a entrenar, pero sin destacar.
Archer no reaccionó.
Nada fuera de lo común hasta ahora.
—Y la señorita Knapp.. no tiene historial relevante. No hay rumores, ni escándalos, ni conexiones sospechosas.
Otra pausa.
Más significativa.
—En resumen… no parece una amenaza.
El silencio que siguió fue más largo.
Archer no respondió de inmediato.
Se recostó ligeramente en su silla, procesando cada detalle.
—…Knapp… —repitió en voz baja.
No era un nombre que despertara interés.
No era una familia que valiera la pena observar.
No era… nadie.
Y, sin embargo…
Esa joven había ido al pueblo.
Había preguntado por él.
Había fingido un tropiezo.
Había actuado.
Sus ojos se endurecieron levemente.
—Pensé que sería algo más interesante… —murmuró.
Su mente había considerado otras posibilidades.
Una espía.
Una enviada.
Alguien con intención real.
Pero esto…
Esto parecía…
—Una señorita sin importancia —concluyó en voz baja.
Su asistente, de pie frente a él, dudó un segundo antes de hablar.
—Quizás.. como ya es mayor de edad… está buscando esposo.
El aire cambió.
De inmediato.
La mirada del conde se alzó.
Directa.
Fría.
Cortante.
El hombre se tensó al instante.
—¿Insinúas… que yo soy una opción de entretenimiento para jovencitas aburridas?
—N-no, mi señor, solo pensé que..
No terminó.
No pudo.
Porque la mirada que recibió fue suficiente.
Una advertencia clara.
No cruzar esa línea.
El silencio volvió a caer.
Pesado.
Denso.
El asistente bajó la mirada ligeramente.
—Mis disculpas.
Archer no respondió.
Desvió la vista, perdiendo el interés en la conversación… o al menos aparentándolo.
Pero su mente no estaba tranquila.
Porque, aunque la explicación era lógica…
No encajaba del todo.
—Una joven como esa… no debería acercarse a mí.
No por curiosidad.
No por ambición.
No sin… medir las consecuencias.
Sus dedos golpearon suavemente la mesa una vez.
—Seguramente.. después de todo lo que escuchó, huyó despavorida.
El asistente no respondió.
—Ingenua… —añadió, apoyando la espalda en la silla.
Su tono era frío.
Pero no completamente indiferente.
—Ilusa.
La imagen de ella volvió a su mente.
Delgada.
Demasiado.
Con esa fragilidad evidente…
Y aun así…
Había caminado directo hacia él.
Había caído.
Había sostenido su mirada un segundo más de lo esperado.
Sus ojos se entrecerraron apenas.
—Solo otra que cree que puede convertirse en condesa…
La frase quedó en el aire.
Pero no sonó convencida del todo.
Porque algo…
Algo muy pequeño…
No encajaba con esa idea.
No con la forma en que lo miró.
No con la forma en que se movió.
No con la forma en que preguntó por él… sin ocultarlo realmente.
Pero Archer no era un hombre que persiguiera dudas innecesarias.
Si no representaba una amenaza…
No valía su tiempo.
O eso se dijo.
Se levantó de la silla con decisión.
—Si vuelve a aparecer… avísame.
No era una orden urgente.
Pero tampoco casual.
—Sí, mi señor.
La habitación volvió al silencio.
Pero esta vez…
No era completo.
Porque en algún lugar de sus pensamientos…
La imagen de Eloise Knapp seguía allí.
Pequeña.
Persistente.
Como una pregunta que aún no había decidido responder.
Y mientras él la descartaba como una joven ilusa…
Autora...sigo tus historias...muchas gracias por compartir tu imaginación!!!
Felicitaciones!!!