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Sediento De Venganza

Sediento De Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Ethan es un joven que vive la vida a través de un cristal hasta que el destino le enseña que no todo lo que brilla es oro.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Encuentro.

El secreto en los pueblos costeros tiene un precio alto, pero la fortuna de la familia Leroux era lo suficientemente inmensa como para comprar el silencio de una provincia entera. Durante tres días, Ethan se dedicó a rastrear el destino de la mujer herida, moviéndose entre las sombras de una comunidad que de la noche a la mañana parecía haber perdido la memoria. Los criados de la villa habían sido sustituidos por personal traído directamente de París, las autoridades locales desviaban la mirada ante cualquier pregunta y los médicos rurales guardaban un mutismo absoluto, blindados por contratos de confidencialidad que valían más que sus propias clínicas.

Sin embargo, para un hombre que había aprendido a escuchar el latido invisible de las piedras preciosas y las debilidades de la codicia humana, el silencio absoluto siempre dejaba una vibración. Ethan no presionó. Sobornó con billetes grandes a un mozo de cuadra que transportaba los suministros médicos y, finalmente, obtuvo la ubicación exacta: un hospital privado de fachada victoriana, semioculto tras una hilera de pinos azotados por el viento del norte, a unos kilómetros del casco urbano. Un lugar diseñado para que la alta sociedad ocultara sus vergüenzas y sus tragedias.

Cuando Ethan detuvo su automóvil de lujo bajo la sombra de los árboles que rodeaban el nosocomio, el cielo amenazaba con una lluvia fina y helada. Se acomodó el cuello de su abrigo de paño negro y permaneció al volante, observando la imponente puerta de hierro y cristal del edificio a través del parabrisas empañado. Su paciencia era la de un cazador que sabe que el bosque siempre termina por entregar a la presa.

No tuvo que esperar demasiado.

A media tarde, las puertas del hospital se abrieron de par en par. Anelly Rosseau cruzó el umbral.

Ethan aguzó la mirada, fijando sus ojos de obsidiana en la figura que descendía las escalinatas de piedra. Vestía un abrigo de piel de zorro blanco que contrastaba de manera salvaje con la sobriedad del hospital, y su cabello rubio, perfectamente peinado, se agitaba levemente con la brisa marina. Caminaba con pasos rápidos, firmes, destilando una rabia contenida. Su rostro de porcelana, habitualmente risueño y seductor para el mundo, estaba transformado por una mueca de profundo desprecio y fastidio. Tenía esos aires de superioridad que tanto la caracterizaban, la barbilla en alto como si el suelo que pisaba no fuera digno de su linaje inventado.

Un chofer de librea le abrió la portezuela de un elegante auto. Anelly subió de un salto, azotando la puerta detrás de ella con una violencia que delató su frustración. El vehículo arrancó de inmediato, perdiéndose en la curva del camino de carracas. A Ethan no le hizo falta ver más para entender la psicología de la escena: a la rubia no le importaba en absoluto la vida de la mujer que agonizaba en el interior de aquellos muros. Su molestia no nacía de la compasión, sino del contratiempo. La tragedia había arruinado su celebración de cumpleaños, había manchado su pulcro tablero de juegos, y el sufrimiento ajeno solo le resultaba un estorbo aburrido.

Sin embargo, antes de poner en marcha su propio motor para seguirla, un detalle en la entrada del hospital congeló el movimiento de la mano de Ethan sobre la palanca de cambios.

El auto con Anelly se había marchado, pero el automóvil de la dinastía Leroux seguía estacionado junto a la escalinata principal. Elean, su todopoderoso benefactor, el hombre que no permitía que nadie entrara en su círculo y que cubría todos los caprichos de la rubia, no la había acompañado. No había subido con ella para regresar a la calidez de París.

Ethan apagó el motor y entornó los ojos, procesando la información con la frialdad de un analista. Elean seguía dentro del sanatorio. Aquel casanova cínico, el joven que presumía de no tener corazón y de usar el mundo como un parque de diversiones, permanecía al pie de la cama de la mujer herida, desafiando las órdenes y el evidente abandono de Anelly.

Una pieza del rompecabezas cambió de lugar en la mente de Ethan. La mujer que se debatía entre la vida y la muerte no era una conquista casual de la noche de fiesta, ni una desconocida de los clubes. Tenía que ser Carter, la amiga de la infancia de Elean, la única mujer capaz de despertar en el heredero algo parecido a un remordimiento o una obsesión legítima. Y el hecho de que Anelly hubiera salido furiosa implicaba que el control que creía tener sobre su marioneta rica empezaba a agrietarse ante el peso de la sangre y la culpa.

Ethan sonrió en la penumbra del coche, una línea delgada y cruel que no iluminó sus ojos.

—La red empieza a enredarse en tus propios dedos, Anelly —murmuró, mientras abría la puerta del automóvil y apoyaba su bastón de plata en el suelo húmedo—. Busquemos el origen de tu caída.

Con paso lento y seguro, el transilvano se dirigió hacia la entrada del hospital, dispuesto a internarse en el laberinto blanco para observar de cerca el primer gran fracaso de la mujer que le había robado la vida.

1
Alondra Linares
que historia tan bonita llena de mucho odio, ethan siendo rescatado del odio para vivir en oax
b zamitiz
🙂
Mindy Rey
Esa desgraciada tuvo tanta suerte y tiempo para hacer el mal en todo el mundo
Yolanda Luna
Maravillosa
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