⚠️🚫Un nuevo "asesino perfecto" aparece en la ciudad. No usa feromonas, usa tácticas militares que Ben reconoce. Y ese es solo el inicio de los problemas de la familia Volkov Masson. 🚫⚠️ 💡Estilo staempunk💡
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La justicia no siempre lleva un uniforme
El aire del bosque que rodeaba los límites de Puerto Gris era diferente al de la ciudad. No olía a carbón, ni a aceite quemado, ni a la desesperación de los muelles. Olía a pino húmedo, a tierra fértil y a una libertad que los Volkov se habían ganado a pulso. Sin embargo, para Leo y Vladislav, el bosque no era un lugar para descansar; era un nuevo campo de batalla.
—¡Si puedes oír el viento, puedes oír su respiración! —rugió Ben, de pie sobre una roca cubierta de musgo.
Ben vestía su traje táctico negro, el que mejor se adaptaba a su cuerpo ágil de omega dominante. Sus ojos azules escaneaban la maleza con una intensidad que no dejaba pasar ni el movimiento de una hormiga. A su lado, Valerius permanecía inmóvil, con los brazos cruzados y la mirada dorada fija en la espesura. El Lobo no necesitaba moverse; su sola presencia marcaba el territorio.
De repente, una sombra se deslizó entre los helechos. Fue un movimiento casi invisible, pero Ben reaccionó en un parpadeo.
—¡A las doce! —gritó Ben.
Leo saltó desde la rama de un roble, cayendo con la gracia de un felino. En el aire, giró su cuerpo y lanzó dos dardos de práctica hacia el tronco donde Ben estaba parado. Ben esquivó los proyectiles con un movimiento fluido de cuello, pero antes de que pudiera aterrizar, Vladislav emergió de la tierra, literalmente. El niño se había enterrado bajo una capa de hojas secas para ocultar su calor corporal.
Vlad se lanzó hacia las piernas de Ben, intentando un barrido. Ben saltó, pero Leo ya estaba sobre él de nuevo, usando el impulso de un árbol para lanzarse en un ataque coordinado.
—¡Nada mal! —exclamó Ben, bloqueando el golpe de Leo con el antebrazo y usando la otra mano para detener el avance de Vlad—. ¡Pero están siendo ruidosos! ¡En el bosque, el crujido de una rama es una sentencia de muerte!
La adrenalina estalló. Durante la siguiente hora, el bosque fue testigo de una danza de combate puro. Los niños no usaban armas de fuego; usaban el entorno. Leo utilizaba la luz del sol para cegar momentáneamente a sus oponentes, mientras que Vlad aprovechaba su baja estatura para moverse por lugares imposibles.
Valerius observaba con una sonrisa de orgullo. Vio cómo sus hijos se coordinaban sin hablar, cómo Leo protegía la espalda de Vlad y cómo Vlad creaba aberturas para que su hermano mayor golpeara. No eran solo niños jugando; eran dos depredadores refinando sus garras bajo la tutela del mejor instructor que dos mundos podían ofrecer.
Finalmente, Ben levantó la mano, dando por terminada la sesión. Los cuatro se reunieron en un pequeño claro donde el sol empezaba a ponerse.
—Suficiente por hoy —dijo Ben, respirando con calma a pesar del esfuerzo—. Han mejorado en el sigilo. Leo, tu uso de la altura es impecable. Vlad, tu paciencia bajo tierra es lo que te salvará la vida algún día.
Los niños se sentaron en el suelo, agotados pero con los ojos brillando de satisfacción. Ben se acercó a Valerius, quien le entregó una cantimplora de agua.
—Están listos para lo que venga, Ben —susurró Valerius, rodeando la cintura de su esposo con un brazo posesivo—. Has hecho de ellos algo más que herederos. Los has convertido en supervivientes.
Ben suspiró, mirando hacia el horizonte donde las chimeneas de Puerto Gris empezaban a soltar humo nocturno.
—Solo espero que no tengan que usar todo esto tan pronto. Pero con Miller fuera del camino, las cosas parecen estar cambiando.
—Hablando de cambios —dijo Valerius, mirando una carta que había traído en su bolsillo—, Vane envió un informe esta mañana. El nuevo Comisionado está haciendo una limpieza profunda. Ha despedido a la mitad del cuerpo policial y ha arrestado a tres jueces corruptos en una sola semana.
Ben sonrió con alivio.
—Vane es un buen hombre. Siempre lo fue, incluso cuando intentaba arrestarme hace años. Me alegra que Puerto Gris tenga a alguien honesto a la cabeza.
Ben bajó la mirada hacia su propia mano. Un recuerdo fugaz cruzó su mente: el sonido seco de un hueso rompiéndose y el grito de dolor de Vane en el teatro años atrás, cuando Leo era apenas un bebé y Ben todavía luchaba por entender quién era en este mundo.
—A veces me siento mal por él —admitió Ben en voz baja—. Ese brazo nunca volvió a ser el mismo. El cabestrillo de cuero que lleva... es un recordatorio constante de mi falta de control en aquel entonces.
Valerius le apretó el hombro con firmeza.
—Y mira el lado bueno: si no fuera por ese encuentro, Vane nunca habría entendido que la verdadera justicia no siempre lleva un uniforme. Él te respeta por eso. Te debe su puesto actual, y tú le debes la paz de la ciudad. Estamos en paz, Fantasma.
Ben asintió, sintiendo que un peso se levantaba de su pecho. Vane, con su brazo inutilizado pero su integridad intacta, era el aliado perfecto para la dinastía Volkov. Mientras Vane controlara la ley en la superficie, los Volkov controlarían el orden en las sombras.
—¡Papá! —llamó Vladislav desde el borde del claro—. ¿Podemos ver el río antes de volver?
Ben miró a sus hijos y luego a Valerius. El sol se ocultaba, tiñendo el mundo de naranja y violeta. La guerra había terminado, Miller era comida para los peces y su familia estaba unida.
—Vayan —dijo Ben con una sonrisa—. Pero no se alejen. No queremos que el Lobo tenga que salir a buscarlos.
Los niños salieron corriendo, riendo y empujándose, dejando a los dos hombres solos en la paz del bosque. Ben se apoyó en el hombro de Valerius, aspirando el aroma a bosque quemado de su alfa. Por primera vez en mucho tiempo, el Capitán sentía que no tenía que vigilar su espalda. El Fantasma de Puerto Gris estaba en casa.
La ciudad de vapor y acero los esperaba, pero esa noche, bajo las estrellas, los Volkov eran simplemente una familia, invencible y eterna.