Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 20: La noche de la elección
El Consejo ha llegado a Valdoria.
Las palabras de Lyra quedaron suspendidas en el refugio como un presagio oscuro.
Alina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Qué consejo? —preguntó.
La mujer respiró hondo antes de responder.
—Los guardianes de las antiguas manadas. Los que deciden qué debe vivir… y qué debe desaparecer.
Un escalofrío recorrió su espalda.
—¿Y vienen por mí?
Lyra no respondió enseguida.
Ese silencio fue suficiente.
Kael se movió hacia la entrada.
—Tenemos que salir antes de que cierren el pueblo.
El padre de Alina negó.
—Ya debe estar vigilado.
El aire parecía volverse más pesado con cada segundo.
Afuera, el cuerno volvió a sonar.
Más cerca.
Más profundo.
Más antiguo.
El bosque entero parecía haber despertado.
Alina apretó los puños.
Hasta hacía unos días, su mayor preocupación era entender los sueños que la perseguían. Ahora sabía que su madre seguía viva, que Darian la buscaba, que algo extraño ardía en su sangre y que un consejo entero había llegado hasta Valdoria.
Todo parecía demasiado.
Pero, de manera extraña, ya no sentía el mismo miedo.
Sentía claridad.
Una decisión que comenzaba a tomar forma.
—No voy a seguir escondiéndome —dijo.
Su padre giró hacia ella.
—Alina.
—No.
Lo miró con firmeza.
—Pasé años viviendo con preguntas. Ahora tengo respuestas. No todas, pero suficientes para entender que esto no va a detenerse porque me esconda.
Kael la observó en silencio.
Había tensión en su postura, pero también algo parecido a respeto.
Lyra dio un paso adelante.
—Si sales ahora, te verán.
—Entonces que me vean.
Las palabras sorprendieron incluso a la propia Alina.
El latido bajo su piel respondió.
Profundo.
Firme.
La sangre de luna seguía allí.
Ya no como una amenaza.
Como una presencia viva.
Su padre se acercó.
—Tu madre dio todo para mantenerte lejos de esto.
Alina sintió el dolor de esa verdad.
Pero no retrocedió.
—Y por eso mismo no pienso dejar que todo lo que hizo termine conmigo escondida.
El silencio cayó entre ellos.
Afuera, el viento agitó los cerezos.
Kael habló por fin.
—Si vamos a movernos, tiene que ser ahora.
Lyra asintió.
—Hay un sendero viejo detrás del río. Podría llevarnos fuera de Valdoria.
Alina giró la cabeza.
—No.
Los tres la miraron.
—No voy a huir del pueblo.
Su padre frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué quieres hacer?
El corazón le golpeaba con fuerza.
La respuesta nació sola.
—Quiero verlos.
La respiración de Kael se detuvo un instante.
—¿Estás segura?
—Sí.
Lyra negó.
—Eso es peligroso.
—Lo sé.
Alina dio un paso hacia la entrada.
—Pero también estoy cansada de que me busquen en la oscuridad.
Nadie habló.
El cuerno sonó por tercera vez.
Más cerca.
Kael se acercó hasta quedar a su lado.
—Si haces esto, no voy a dejarte sola.
Ella lo miró.
Volvió a sentir aquella conexión extraña entre ambos.
El latido compartido.
La calma contenida en sus ojos.
—Lo sé —murmuró.
Salieron del refugio.
La noche estaba más fría.
El campo de cerezos parecía distinto.
Más vasto.
Más silencioso.
Caminaron hasta el borde de la colina.
Y entonces los vio.
Abajo, cerca del camino principal de Valdoria, varias figuras permanecían inmóviles bajo la luna.
Cinco.
Vestidos oscuros.
Capas largas.
Y en el centro, una mujer de cabello plateado sostenía un bastón tallado con símbolos antiguos.
Aunque estaban lejos, Alina sintió de inmediato el peso de aquella presencia.
La mujer levantó lentamente el rostro.
Y la miró.
Directamente.
Como si supiera exactamente dónde estaba.
—Ya te encontraron —susurró Lyra.
El corazón de Alina golpeó con fuerza.
La mujer del bastón alzó una mano.
No parecía hostil.
Pero tampoco amable.
Era algo peor.
Era certeza.
Entonces habló.
Y su voz atravesó la distancia como si el viento la trajera hasta ellos.
—Alina de Valdoria.
La sangre pareció detenerse en sus venas.
—La heredera ha despertado.
Nadie respiró.
El bosque entero quedó inmóvil.
—¿Heredera de qué? —preguntó Alina, apenas en un susurro.
La mujer bajó lentamente el bastón.
—De aquello por lo que tu madre desapareció.
El pecho se le cerró.
—¿Dónde está ella?
La figura guardó silencio unos segundos.
Luego respondió.
—Más cerca de lo que imaginas.
Antes de que pudiera decir algo más, una sombra surgió detrás del Consejo.
Alta.
Inconfundible.
Darian.
Se detuvo bajo la luna y levantó la mirada hacia la colina.
Pero esta vez no estaba sonriendo.
La mujer de cabello plateado giró apenas el rostro hacia él.
—Llegaste tarde —dijo.
El aire pareció volverse más frío.
Kael se tensó.
Lyra retrocedió un paso.
Y entonces Alina comprendió algo que le heló la sangre.
Darian no estaba con ellos.
Darian también había venido… por el Consejo.
El cuerno volvió a sonar.
Más profundo.
Más antiguo.
Y la mujer del bastón sostuvo la mirada de Alina.
—Ahora debes elegir.
El corazón le golpeó el pecho.
—¿Elegir qué?
La respuesta llegó como un susurro arrastrado por el viento.
—A quién vas a entregar tu sangre.