Jules vende su intimidad en internet para pagar una deuda familiar que la ahoga. Ha aprendido a sobrevivir separando su cuerpo de sus emociones. Pero la llegada de un nuevo profesor despierta en ella una duda peligrosa: quizá nunca ha conocido el amor… solo el vacío. Y por primera vez, alguien podría enseñarle la diferencia. ❤️
NovelToon tiene autorización de Irwin Saudade para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
INTERIOR
—¿Alguna duda que deba resolver antes de finalizar la clase? —Francisco examinaba con la mirada el semblante de cada uno de nosotros.
—Tengo una duda —pronunció una de mis compañeras.
Él acudió a ella.
—Ya pueden retirarse. Es todo por hoy.
Pero, aunque la clase había estado muy interesante, mi mente divagaba mucho con lo sucedido esta mañana. Mi hermano no dejaba de dominar mis pensamientos y las cosas del pasado aún me atormentaban. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Y si de verdad la estaba pasando mal? ¿Por qué estoy tratando de ser condescendiente con él? ¿Valdrá la pena ayudarlo? ¿Es mi responsabilidad brindarle ayuda a un ser tan miserable como él? ¡Me sentía catastróficamente!
Terminé de guardar mi cuaderno y mis plumas, apagué la computadora.
—¿Todo bien? —La voz de Francisco me hace darle mi atención.
—Sí. Todo bien.
Asintió ligeramente.
—¿Podrías venir a mi oficina? Necesito hablar contigo de algo.
No me importó que los demás compañeros escucharan aquella invitación a la oficina. ¿Qué tenía en mente? ¿Por qué reunirme con él en su despacho privado? Sus manos captaron mi atención, pero esta vez no hubo malos deseos en mí. ¡Necesitaba irme!
—Lo siento. Tengo que irme. Surgió algo que debo atender —le digo con franqueza.
Noté que en su mirada había decepción. Pero es que enserio, yo no iba a estar dando pie a que mis compañeros empezaran a crear malentendidos. ¡Toda la escuela sabe sobre mi empleo en la industria del porno! Una cosa es que yo misma fantasee cosas candentes con mi profesor y otra cosa muy diferente es la realidad en la que me veo rodeada. ¡No puedo permitirme esto!
—Jules, solo será algo breve.
Mi celular empezó a timbrar. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? ¡Canijo! Parecía no entender mi postura.
—¡Está bien! —Sonreí falsamente a mi profesor y colgué la llamada.
¡Mi hermano me estaba sacando de quicio!
En la oficina de Francisco, el aroma a canela y perfume inundó mis pulmones.
—¿Qué necesitas? —Pregunté de forma directa.
¡Bellísimos ojos que me miraban! Sus labios eran una obra de arte y mientras se rascaba la mejilla derecha, me sentí muy atraída a él. ¡Mi corazón se aceleró! ¿Por qué sentirme así por un hombre?
—¿Cómo estás? —Su pregunta me saca mucho de onda.
¿De verdad me estaba preguntando eso? ¡Que chafa!
—Estoy bien.
—Note que estabas algo distraída en mi clase. ¿Todo bien?
¿Notó? ¿Lo percibió? ¿Mi semblante era demasiado obvio?
—Es que hoy no atrapaste mi atención. Me sentí un poco...
—¿Pasa algo? —Quiere averiguar.
—¿Por qué tanta insistencia en saber? Yo...
—Esta mañana vi que un hombre estaba tratando de encontrarte en la entrada de la escuela.
¿Un hombre? Seguro que ese idiota era mi hermano.
—Es mi hermano.
—¿Tu hermano?
—Sí, está tratando de hablar conmigo, pero yo no tengo ganas de verlo.
—¿Pasa algo en tu familia?
—No tengo familia.
Pareció sorprendido.
—¿Y entonces?
Aunque Francisco estuviese muy bueno físicamente y su atractivo fuera el combustible de mis deseos, no me daban ganas de escucharlo en este momento.
—¿Por qué te entrometes en algo que no te incumbe? —Le digo con un poco de molestia.
—Te noté muy distraída en mi clase. Recuerda que quiero ayudarte.
¿Cómo podría ayudarme este tipo?
—Me sentí algo aburrida en tu clase. Ya te lo había dicho. No lograste capturar mi atención.
Enarcó sus cejas. ¿Qué esperaba que le dijera?
—¿Aburrida?
Mi celular empezó a timbrar con una llamada que seguramente era de mi hermano. ¡Mierda! ¿Qué le pasaba a todo el mundo?
—Tengo que irme. Nos vemos mañana.
No espere su respuesta. Salí de su oficina con los humos calientes y la mente revuelta. ¡Maldito Germán!
—¡¿Qué quieres?! Te dije que no quería que me estuvieras molestando.
—¿Por qué no sales de tu escuela? Pregunté por ti y me dijeron que tu clase había salido.
Me dirigía a salir por el pasillo principal. ¡Mierda! Allí estaba él. Me detuve en seco, con el celular al oído y los pensamientos inquietos. ¿Por qué me pasaban estas cosas a mí? ¡No necesito esto! ¿Y cómo podría huir? En el pasado, tampoco pude huir de su malévolo plan.
—Te daré diez minutos de mi tiempo. ¡Solo eso!
—De acuerdo. Yo...
Colgué la llamada. Camine a la salida y cuando sus ojos me ubicaron acercándome a él, me dieron ganas de darle una patada en el pene.
—¿Y bien? ¿Qué necesitas?
—¿Quieres ir a comer?
—¿Tienes dinero para pagar la cuenta?
—Por supuesto. Puedo invitar a mi querida hermana a comer algo rico.
Germán no había cambiado mucho. Solo, digamos que se puso un poco cachetón y le creció barba. ¿Cuánto tiempo que no nos veíamos? Aun así, seguía siendo muy adulador.
—No es necesario. Te quedan nueve minutos.
—¡Claro! Seré breve.
Se me quedó mirando, parecía que trataba de acomodar las ideas en su mente.
—¿Y bien? —Pregunté después de ver que no reaccionaba.
—¿Qué harás este fin de semana? Me refiero al domingo.
—No es de tu incumbencia.
—Mi cuñado quiere conocerte. ¡Le gustas! —Dice.
—¿Tu cuñado?
—Es tu fan. Me dijo que sueña contigo. ¡Le fascinas! Está muy entregado a ti por las noches.
¿Su cuñado era mi suscriptor? ¿Se la jalaba viendo como…?
—¡Qué bobo!
—En realidad no tiene nada de bobo. Quiere conocerte, él está dispuesto a...
—¿Cómo sabe que somos hermanos? ¿Le dijiste?
—Fue Ximena. Ella le dijo.
¡Maldita Ximena!