Dylan es un chico misterioso de 17 años, con un corazón que parecía estar hecho de hielo. Había llegado a la ciudad de Italia hace apenas una semana, y ya había causado un revuelo entre las estudiantes del colegio local.
Su llegada había sido silenciosa, sin anuncios ni fanfarrias. Simplemente, un día apareció en el colegio, con su mochila en la espalda y una mirada intensa en sus ojos. Los estudiantes se sintieron intrigados por su presencia, y pronto comenzaron a circular rumores sobre su persona.
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Una entrega primitiva
La noche era mágica, y el ambiente era perfecto para un momento íntimo y romántico. Emily y Dylan se miraron a los ojos, y sin decir una palabra, se supieron que era el momento adecuado.
Se acercaron el uno al otro, y Dylan tomó la mano de Emily y la deslizó suavemente entre sus piernas, ella temblorosa sonríe y le sigue el pequeño juego.
La pasión se apoderaron de ellos, los besos recorrían en sus pechos y a ella se le escapa un pequeño gemido que encendió aún más a Dylan.
Poco a poco fueron quitándose las prendas que ya eran de estorbo. Luego Dylan, se movió hacia su cuello, besándola con suavidad. Emily se estremeció de placer, y se abrió más a él.
Ellos se perdieron en su propio mundo, un mundo de amor y pasión.
Los dos fueron inmensamente felices con esa entrega primitiva. Que los elevó hasta las nubes en esa tienda donde sellaron su amor por primera vez.
Sin embargo, la noche había dado paso al amanecer, la realidad se impuso. Dylan se dio cuenta de que había pasado la noche con Emily, y que su familia no lo sabía.
Se sintió un poco nervioso, sabiendo que su familia no aprobaría su relación con Emily. Pero no podía evitar sentirse feliz y contento, después de la noche que habían pasado juntos.
Mientras tanto, en la mansión Salvatore, la familia estaba empezando a despertar. El padre de Dylan, el señor Salvatore, estaba sentado en su estudio, bebiendo un café y leyendo el periódico.
De repente, su sirvienta entró en la habitación. "Señor Salvatore, tengo noticias importantes", dijo.
El señor Salvatore levantó la vista. "¿Qué pasa?", preguntó.
"Su hijo Dylan no regresó a casa anoche", dijo la sirvienta. "Y no ha respondido a nuestras llamadas".
El señor Salvatore se puso de pie, su rostro enfurecido. "¿Qué está pasando?", gritó.
La sirvienta se retiró rápidamente, dejando al señor Salvatore solo en su estudio. Él sabía que algo estaba mal, y que su hijo estaba metido en problemas.
Dylan llegó a la mansión ya saliendo el sol, sintiendo un peso en su estómago. Sabía que su familia no estaría contenta con su ausencia la noche anterior, y que tendría que enfrentar las consecuencias.
Al entrar en la mansión, se dirigió directamente al estudio de su padre, donde sabía que lo estarían esperando. Al abrir la puerta, vio a sus padres sentados en el sofá, con expresiones serias y preocupadas.
"Dylan, ¿dónde estabas anoche?", preguntó su padre, su voz firme y autoritaria.
Dylan se sintió un poco nervioso, pero intentó mantener la calma. "Estaba... saliendo con amigos", dijo, intentando sonar convincente.
Su madre se inclinó hacia adelante, su rostro lleno de preocupación. "Dylan, sabemos que no estabas con tus amigos", dijo. "¿Qué estabas haciendo realmente?"
Dylan se sintió atrapado, y no sabía qué decir. No quería mentir a sus padres, pero tampoco quería revelar la verdad sobre su relación con Emily.
"¿Qué pasa, Dylan?", preguntó su padre, su voz cada vez más firme. "¿Qué estás ocultando?"
Dylan se sintió un poco abrumado, y no sabía cómo salir de la situación. Sabía que su familia no aprobaría su relación con Emily, y que tendría que encontrar una manera de explicárselo. Pero por ahora, solo se sintió atrapado y confundido.
Mientras tanto, en la casa de Emily, su madre estaba preparando el desayuno en la cocina. Emily entró en la cocina, todavía con una sonrisa en su rostro después de la noche anterior con Dylan.
Su madre se dio cuenta de la sonrisa y se acercó a ella. "¿Qué pasa, hija?", preguntó, con una sonrisa curiosa. "Pareces muy feliz esta mañana".
Emily se sonrojó un poco, pero no pudo evitar sonreír de nuevo. "Nada, mamá", dijo, intentando parecer casual. "Solo estoy contenta, eso es todo".
Su madre la miró con ojos curiosos. "Emily, sé que algo está pasando", dijo. "Y creo que tiene que ver con ese chico, Dylan. ¿Qué ha pasado entre ustedes dos?"
Emily se sintió un poco atrapada, pero no quería mentir a su madre. "Mamá, no sé qué decir", dijo, intentando encontrar las palabras adecuadas. "Dylan y yo... nos hemos estado viendo un poco, eso es todo".
Su madre se sentó en una silla, con una expresión seria. "Emily, necesito saber qué está pasando", dijo. "¿Es algo serio entre ustedes dos?"
Emily se sintió un poco nerviosa, pero sabía que su madre solo quería lo mejor para ella. "Mamá, no sé qué decir", dijo de nuevo. "Pero te prometo que te contaré todo cuando esté lista".
Emily y Dylan se habían enamorado profundamente. Su relación había crecido con rapidez, y ahora se sentían inseparables. En la escuela, se buscaban constantemente, intercambiando miradas y sonrisas.
Sus amigos y compañeros de clase comenzaron a notar la conexión entre ellos. Veían cómo se miraban, cómo se tocaban y cómo se reían juntos. Era como si estuvieran en su propio mundo, un mundo donde solo existían ellos dos.
Los chicos se sentían vivos cuando estaban juntos. Su amor era intenso y apasionado, y se sentían atraídos el uno hacia el otro como imanes.
En los pasillos de la escuela, se robaban besos y abrazos, siempre buscando un momento para estar solos. Su amor era como una llama que ardía con fuerza, y no podían imaginar vivir sin el otro.
Su relación se convirtió en el centro de atención en la escuela, pero a ellos no les importaba. Estaban demasiado ocupados disfrutando del tiempo que pasaban juntos, y de la pasión que sentían el uno por el otro.
Su amor era puro y verdadero, y se sentían afortunados de haberse encontrado. Sabían que su relación no sería fácil, pero estaban dispuestos a luchar por ella, porque sabían que valía la pena.