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Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Si el mundo fuera un carnaval, mi familia sería la carroza que se queda sin frenos en bajada, sin música y con los bailarines gritando en sánscrito.

La mudanza al apartamento de lujo en el corazón de Milán nos dio un respiro, una ilusión de seguridad envuelta en mármol y grifería de oro. Pero la tranquilidad en esta casa dura lo que dura un hielo en un vaso de ron bajo el sol de Boca Chica. Mientras yo me devanaba los sesos, caminando de un lado a otro en el balcón, pensando en cómo diablos iba a pelear contra los abogados de Londres que querían quitarle el "chamaquito" a Elizabeth, mi hermano Junior estaba viviendo su propia fantasía de película de Hollywood, pero con presupuesto de video musical de reguetón caro.

El primer día de Junior en la empresa de Sonia no fue un simple ingreso laboral; fue un evento nacional. El "tiguere" se puso el traje más caro que tenía —uno de esos de corte italiano, azul medianoche, que Sonia le había comprado "para que no pasara vergüenza"— y entró a la oficina caminando como si fuera el dueño del edificio, el arquitecto que lo diseñó y el santo que lo bendijo.

Los empleados, que tienen el olfato más afilado que un cuchillo de carnicero, lo miraban de reojo sobre sus pantallas de Apple. El chisme corría más rápido que el café en ayunas.

—¿Viste eso? —susurró una de las recepcionistas, ajustándose los lentes—. Ahí va el nuevo "juguete" de la jefa.

—Qué va, muchacha, ese es el "secretario ejecutivo" —respondió otra con una risa sarcástica—. Ejecutivo de la cama, será.

Pero Junior, que tiene más orgullo que un gallo de pelea después de ganar un torneo, no se inmutó. Se sentó en su escritorio de cristal, ajustó su corbata y prendió la computadora con una seriedad que ni él mismo se creía. Estaba dispuesto a "trabajar", o al menos a parecer que lo hacía mientras buscaba cómo conectar el Bluetooth de sus audífonos.

El problema —o la bendición, según se mire— fue cuando Sonia lo llamó a su oficina privada por el intercomunicador.

—Junior, a mi oficina. Ahora. Tenemos que revisar... la agenda de la semana —dijo Sonia. Su voz sonaba profesional, pero tenía un subtexto que derretía hasta el aire acondicionado industrial del edificio.

Junior se levantó, se arregló el saco y entró. Lo que empezó como una supuesta revisión de correos electrónicos y confirmación de vuelos a París, terminó con el clic seco de la puerta cerrada con seguro. Sonia no era mujer de rodeos. Se quitó los lentes, soltó su melena oscura y caminó hacia él con la seguridad de una leona que ya tiene a la presa acorralada.

—¿Y bien, secretario? ¿Está listo para su primera lección de administración de crisis? —preguntó ella, acortando la distancia.

Junior, usando todas las mañas que aprendió en las calles de Italia y mezclándolas con ese sabor dominicano que vuelve loca a cualquier europea con sed de fuego, no perdió el tiempo.

—Jefa, usted sabe que yo soy un hombre de resultados —respondió él, tomándola por la cintura.

Encima del escritorio de caoba maciza, entre papeles que valían millones de euros, sellos oficiales de la Unión Europea y una lámpara de diseño que costaba más que nuestra casa en Santo Domingo, Junior le demostró a Sonia por qué en el barrio lo llamaban el "Alfa dominante de seda". Fue un momento de fuego puro. No hubo sutilezas. Fueron besos húmedos, manos que reclamaban territorio y esa seducción instintiva que solo un dominicano que sabe "dar para atrás" puede ejecutar con precisión quirúrgica.

El escritorio crujía bajo el peso de la pasión y los contratos, pero a ninguno le importó. Sonia gritaba órdenes que no tenían nada que ver con la empresa, y Junior las cumplía todas con una eficiencia que ningún MBA de Harvard podría igualar.

Al salir de la oficina, media hora después, Junior se ajustó la corbata frente al espejo del pasillo con una sonrisa de oreja a oreja. Se limpió un poco de labial de la comisura de los labios y caminó de regreso a su puesto. Ya no era un vago, ni un arrimado; ahora se sentía un "ejecutivo de alto rendimiento". Había "sellado" el trato más importante de su vida.

****************

Mientras mi hermano "ascendía" en su puesto a base de sudor y esfuerzo físico, mi jefa, Alessandra Valenti, estaba viviendo su propio infierno personal. Su padre, Lord Valenti, un hombre que tenía el corazón hecho de granito y una cuenta bancaria con más ceros que el código binario, la tenía contra la pared.

La pelea en la mansión Valenti había sido brutal. Según me contaron los guardias de la entrada, se escucharon gritos de "desheredada", "traidora" y "vergüenza para el linaje" hasta en los jardines traseros. Alessandra, siempre tan compuesta, siempre tan fría, se había dado cuenta de que su jaula de oro se estaba cerrando. Si no hacía algo drástico, su vida dejaría de pertenecerle para pasar a manos de un primo lejano o de un esposo elegido por conveniencia política.

Esa noche, cuando me tocó llevarla a su residencia después de una jornada agotadora donde no se habló de otra cosa que de balances y acciones, el ambiente dentro del Rolls-Royce era tan pesado que se podía cortar con una tijera. Alessandra no se bajó del auto de inmediato al llegar. Se quedó mirando el tablero de madera de nogal, con las manos temblorosas pero el rostro petrificado.

—Alismeidy, no aguanto más —me dijo de repente. Su voz, usualmente un látigo de autoridad, estaba quebrada, pero sus ojos... sus ojos eran dos pozos de determinación—. Mi padre me dio un ultimátum. Tres meses para enderezar mi vida según sus estándares. Pero me dejó una grieta legal, una salida que él cree que nunca tomaré.

Yo me quedé callada, manteniendo las manos en el volante, escuchándola con la atención de quien sabe que el próximo minuto puede cambiar el curso de la historia.

—Dice que puedo mantener el control de la empresa si me caso con alguien que yo elija, siempre y cuando esa persona sea una Alfa y el matrimonio sea legalmente vinculante ante la sociedad italiana y la Santa Sede —explicó, soltando un suspiro largo—. Él cree que me voy a rendir y aceptaré al idiota del Conde de Lucca.

Hizo una pausa y se giró para mirarme directamente. Sus ojos grises brillaban en la oscuridad del coche.

—Me enteré de lo que pasó en Londres, Alismeidy. Sé que Lady Catherine ha movido sus fichas para solicitar la custodia total de tu hijo. Sé que te han enviado notificaciones legales que no has querido mostrarme.

Sentí un escalofrío. Alessandra siempre iba tres pasos por delante.

—Tú eres una Alfa de valor, pero no tienes el peso social para pelear contra una aristócrata inglesa de sangre azul. Te van a triturar en los tribunales —continuó ella, bajando el tono—. Pero yo... yo soy una Valenti. Si usamos mi apellido, si ese niño nace bajo la protección de mi casa, los abogados de Londres no podrán ni acercarse a tu edificio. No se atreverán a tocar al heredero legal de una de las fortunas más antiguas de Italia.

—¿Qué usted me está queriendo decir exactamente, jefa? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago que amenazaba con quitarme el aire.

—Mañana en la noche te invito a cenar. No en un restaurante cualquiera, sino en un lugar donde podamos hablar sin oídos indiscretos. No voy como tu jefa, Alismeidy, sino como una socia potencial. Tengo un trato que nos salvará la vida a las dos, a tu Elizabeth y, sobre todo, a ese bebé. Piénsalo bien antes de responderme ahora.

Calma antes de la tormenta en el apartamento

Llegué a casa con la cabeza hecha un lío de cables pelados. El lujo del apartamento, con sus techos altos y su iluminación tenue, me pareció de repente una escenografía de teatro. Al entrar, el olor a orégano, ajo y sofrito criollo me recibió, devolviéndome un poco a la realidad.

Elizabeth estaba sentada en el balcón, envuelta en una pijama de seda que le quedaba preciosa. Se tocaba la barriguita, que ya empezaba a notarse como una pequeña colina bajo la tela. Se veía tan vulnerable y tan hermosa que me dolió el pecho. Me acerqué por detrás, rodeándola con mis brazos, y le di un beso largo en la frente. Luego, me agaché para quedar a la altura de su vientre.

—Tranquilo, campeón —susurré en un dominicano cerrado, de esos que salen del alma—. Que mamá Alis no va a dejar que nadie te toque. Ni ingleses, ni leyes, ni demonios. Aquí mando yo.

Don Ramón, mi padre, salió de la cocina secándose las manos con un paño, con una sonrisa de orgullo que le iluminaba la cara.

—¡Ese es mi hijo! ¡El orgullo de la estirpe! —dijo señalando hacia la puerta de entrada, por donde venía llegando Junior oliendo a una mezcla de perfume de mujer cara y tabaco de lujo—. Me acaba de decir este muchacho que ya es secretario oficial con escritorio y todo. ¡Por fin el "tiguere" dejó de ser un chulo de esquina y se puso para lo suyo! ¡Ese es el ejemplo que hay que dar!

Junior se infló como un pavo real en pleno cortejo. Se quitó el saco y lo tiró sobre el sofá de cuero con una arrogancia renovada.

—Así es, Papi. Ya estoy en las grandes ligas. Sonia dice que soy "indispensable" para el funcionamiento interno de la oficina. Mañana tengo que llegar temprano para... eh... organizar unos archivos urgentes.

Yo miré a Junior y él me guiñó un ojo. Yo sabía exactamente qué tipo de "archivos" estaba organizando, pero no era el momento de arruinarle la alegría al viejo Ramón.

Esa noche, cuando nos retiramos a la habitación, hubo un romance silencioso y profundo. Elizabeth y yo nos refugiamos la una en la otra, tratando de olvidar por unas horas los nombres de Lady Catherine, los tribunales de Londres y las presiones de Italia.

Fue un amor dulce, de esos que te llenan el alma y te hacen prometer cosas que a veces la realidad no te deja cumplir. La besé como si fuera la última vez, prometiéndole con el cuerpo que nada nos iba a separar. Pero por dentro, una voz me recordaba que la cena con Alessandra iba a cambiar la trayectoria de nuestras vidas para siempre

Continuará....🔥

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Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
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