NovelToon NovelToon
Mi Vida Después De Ti

Mi Vida Después De Ti

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Rosalva

Valentina creyó haberlo dado todo. Años de amor, de entrega, de familia y de sostener una vida que sin darse cuenta ya estaba quebrada.
Hasta que una noche, sin aviso, todo termino. Lo que siguió no fue una separación... fue un descenso al vacío. Entre el dolor, soledad y la reconstrucción de si misma, aparece Santiago... Un encuentro inesperado que despierta en ella emociones que creia muertas. Pero no todo lo que se enciende... sana, no todo lo que llega... permanece.
Esta es la historia de una mujer que tuvo que perdió a si misma, para finalmente reencontrarse.
"A veces, para volver a vivir... hay que aprender a soltarse"

NovelToon tiene autorización de Maria Rosalva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 17

Salí de la cirugía más débil de lo que imaginaba.

El cuerpo no respondía.

Cada movimiento dolía.

Cada paso era lento.

Volví a mi casa con una mezcla de alivio y vacío.

Quince días.

Quince días donde el tiempo parecía no avanzar.

Donde el silencio pesaba.

Donde el cansancio no era solo físico.

Me cuidé.

O al menos… lo intenté.

Había momentos en los que me sentía mejor.

Y otros…

en los que todo volvía a caer.

Pero en medio de ese descanso obligado…

algo empezó a moverse dentro mío.

No fue de golpe.

No fue una idea clara.

Fue más bien una sensación.

Una necesidad.

La de hacer algo.

La de volver a sentirme viva.

Una tarde, mientras caminaba despacio, todavía con el cuerpo frágil, pasé por una esquina que había visto mil veces.

Pero ese día…

la vi distinto.

Un local vacío.

Las persianas a medio bajar.

Un cartel viejo.

Olvidado.

Me detuve.

No sé por qué.

Me quedé mirando.

Y en ese momento…

lo sentí.

Ese pequeño impulso.

Esa chispa.

"¿Y si…?"

La idea apareció así.

Simple.

Pero fuerte.

Una confitería.

Un lugar mío.

Algo que naciera de mis manos.

De lo que sabía hacer.

De lo que me gustaba.

Pensé en los aromas.

En el café caliente.

En el pan recién horneado.

En los postres.

En ese calor que siempre me había gustado dar.

Y por primera vez en mucho tiempo…

sonreí.

No era una sonrisa grande.

Pero era real.

Volví a casa con esa idea girando en la cabeza.

No la solté.

No quise hacerlo.

Porque sentía que si la dejaba ir…

volvía a quedarme en el mismo lugar.

Y no quería eso.

No otra vez.

Empecé de a poco.

Anotando.

Pensando.

Imaginando.

Sin decirle a nadie.

Era algo mío.

Solo mío.

Pasaron los días.

Y la idea creció.

Se hizo más firme.

Más clara.

Hasta que entendí…

que no era solo un pensamiento.

Era una decisión.

Volví a ese local.

Lo miré otra vez.

Esta vez con otros ojos.

No como algo vacío…

sino como algo que podía llenarse.

De vida.

De historia.

De mí.

Pregunté.

Averigüé.

Y sin darme cuenta…

ya estaba adentro de algo nuevo.

No fue fácil.

Nada lo era.

Pero había algo distinto.

Algo que me empujaba.

Que me sostenía.

Que me decía que siga.

Elegí el nombre una noche.

Sentada en la cama.

En silencio.

Pensando en todo lo que había pasado.

En todo lo que había perdido.

Y en todo lo que, de alguna manera…

todavía estaba ahí.

"Dolce Rinascita".

Renacer dulce.

Cuando lo dije en voz baja…

supe que era ese.

Porque eso era.

Un renacer.

Lento.

Doloroso.

Pero real.

Empecé a armar todo.

Los colores.

Los detalles.

Los sabores.

Cada cosa llevaba algo mío.

Cada rincón…

tenía un pedacito de lo que estaba reconstruyendo.

Había días en los que el cuerpo no me acompañaba.

En los que el cansancio volvía.

En los que el miedo aparecía.

Pero ya no me frenaba.

Porque había entendido algo.

No necesitaba estar fuerte todos los días.

Solo necesitaba no dejar de intentarlo.

Lucas…

seguía ahí.

Pero ya no era el centro.

Ya no ocupaba todo.

Ya no me definía.

Porque por primera vez…

yo estaba ocupando ese lugar.

El mío.

El que nunca debí soltar.

El día que abrí el local…

me quedé parada en la puerta.

Mirando.

Respirando hondo.

Sintiendo.

No era perfecto.

No era grande.

Pero era mío.

Y eso…

lo cambiaba todo.

Entré. Y el aroma a café recién hecho me envolvió.

Cerré los ojos un segundo.

Y sonreí.

Porque en medio de todo lo que había vivido…

de todo lo que me había roto…

había algo que nadie me había podido quitar.

La capacidad de volver a empezar. Esa noche no podía dormir de la emoción que tenía, al siguiente día, volví a pararme en esa esquina.

Esta vez… ya no como alguien que dudaba.

Sino como alguien que había decidido.

El local seguía igual.

Vacío.

Frío.

Con ese aire de abandono que, de alguna manera, me resultaba familiar.

Pero yo ya no lo veía así.

Yo veía otra cosa.

Veía mesas.

Veía gente.

Veía tazas de café humeante apoyadas junto a una ventana enorme que daba directo a la avenida.

Esa vidriera…

era todo.

La luz entraba de una forma tan cálida…

que hacía que el lugar, incluso vacío, tuviera algo especial.

Algo que invitaba a quedarse.

Y ahí lo supe.

Ese era el lugar perfecto para Dolce Rinascita.

Para mi renacer.

Respiré hondo.

Y sin pensarlo más…

me puse en marcha.

Contacté gente.

Pintores.

Carpinteros.

Personas que pudieran ayudarme a transformar ese espacio en lo que yo tenía en la cabeza.

Los primeros días fueron agotadores.

Pero distintos.

Era un cansancio que no dolía.

Era un cansancio que construía.

Elegí colores claros.

Cálidos.

Nada frío.

Nada distante.

Quería que el lugar se sintiera como un abrazo.

Como esos lugares donde uno entra y, sin saber por qué, se siente en casa.

Mandé a colocar mesas cerca de la vidriera.

Pequeñas.

Íntimas.

Pensadas para que alguien pudiera sentarse, mirar la calle y simplemente… estar.

Porque yo sabía lo que era necesitar eso.

Un lugar donde poder respirar.

Sin presión.

Sin ruido interno.

Cada detalle…

lo elegía con el corazón.

Las tazas.

Las cortinas.

La madera.

La luz.

Todo tenía que hablar de lo mismo.

De calma.

De hogar.

De algo que, incluso roto… podía volver a ser.

Usé los ahorros que tenía.

No eran muchos.

Pero eran míos.

Y eso hacía toda la diferencia.

No quería depender de nadie.

No esta vez.

No para algo tan importante.

En medio de todo eso…

lo llamé a Luciano.

No sabía bien por qué.

Tal vez porque confiaba.

Tal vez porque necesitaba una guía.

Cuando le conté…

hubo un silencio del otro lado.

Y después…

lo escuché sonreír.

—Sabía que ibas a hacer algo así.

Esas palabras…

me tocaron más de lo que esperaba.

—Necesito que me ayudes —le dije—. No sé por dónde empezar con todo lo legal.

—Tranquila —respondió—. Yo te explico todo.

Y cumplió.

Me enseñó.

Paso a paso.

Cómo habilitar el lugar.

Qué permisos necesitaba.

Cómo manejar la parte de alimentos.

Las normas.

Los cuidados.

Todo.

Pero no fue solo eso.

También me dio algo más.

Confianza.

—Esto no es solo un negocio —me dijo un día—. Es una salida.

Lo miré.

—Es tu manera de volver a vos.

Y tenía razón.

Cada día que pasaba…

me sentía un poco más cerca de esa versión mía que había perdido.

O tal vez…

que había dejado de lado.

Trabajaba.

Me cansaba.

A veces el cuerpo me recordaba que todavía estaba recuperándome.

Pero no me detenía.

Solo aprendía a ir más despacio.

A escucharme.

A no exigirme más de lo que podía.

Pero sin soltar.

Nunca más soltar.

Cuando el lugar empezó a tomar forma…

me quedé parada en medio del salón.

Las paredes ya no eran las mismas.

La luz entraba distinta.

Las mesas estaban en su lugar.

La vidriera brillaba.

Y por primera vez…

no vi un local.

Vi una parte de mí.

Reconstruida.

Cuidada.

Elegida.

Y en ese silencio…

entendí algo.

No estaba escapando.

No estaba llenando un vacío.

Estaba creando.

Desde el dolor.

Sí.

Pero también…

Desde la decisión de no volver a quedarme en él.

Cuando tomé la decisión… no esperé a sentirme lista.

Fui.

Salí a comprar los materiales yo misma.

Pintura.

Pinceles.

Lijas.

Todo lo necesario para empezar.

No quise delegarlo todo.

Necesitaba hacerlo.

Necesitaba ensuciarme las manos.

Sentir que ese lugar… también llevaba mi esfuerzo.

Los primeros días fueron lentos.

Mi cuerpo todavía estaba débil.

Pero igual iba.

Me ponía ropa cómoda.

Ataba mi pelo.

Y empezaba.

Pinté paredes.

Ayudé a mover muebles.

Acomodé cada rincón con una paciencia que no sabía que tenía.

Había momentos en los que me tenía que sentar.

Respirar.

Cerrar los ojos.

Pero después… volvía.

Siempre volvía.

Porque algo dentro mío ya no quería quedarse quieto.

Ya no quería apagarse.

Lucas estaba en la casa.

Pero entre nosotros…

no había nada.

Ni palabras.

Ni miradas.

Ni intentos.

Era como convivir con un extraño.

Y por primera vez…

ese silencio no me dolía igual.

Porque ya no lo estaba esperando.

Ya no estaba buscando que él cambiara.

Estaba ocupada.

Ocupada en algo que sí dependía de mí.

Cuando el local empezó a tomar forma…

llegó el momento que más esperaba.

Hornear.

Volver a eso que siempre me había gustado.

Amasar.

Mezclar.

Sentir los aromas.

La primera vez que encendí el horno…

me quedé parada frente a él unos segundos.

Como si ese simple acto…

fuera más grande de lo que parecía.

Y lo era.

Porque no era solo cocinar.

Era volver a hacer algo por mí.

Algo que me nacía.

Que me gustaba.

Que me llenaba.

El aroma a pan recién hecho empezó a llenar el lugar.

Después los pasteles.

Los dulces.

El café.

Y en ese momento…

sonreí.

Una sonrisa distinta.

Tranquila.

Verdadera.

Porque mientras mis manos trabajaban…

mi mente se calmaba.

Mi pecho se aflojaba.

Y por un rato…

el dolor no estaba.

O al menos…

no pesaba tanto.

Ahí entendí algo.

No necesitaba que todo estuviera resuelto.

No necesitaba tener todas las respuestas.

Solo necesitaba esto.

Un espacio.

Un momento.

Algo que me recuerde quién era…

antes de perderme.

Y mientras el horno seguía encendido…

y el lugar empezaba a cobrar vida…

yo también.

De a poco.

Sin hacer ruido.

Volvía.

El comienzo de algo nuevo ♡

Espero que sigan disfrutando porque acá no es fácil, otro donde hubo decisión y determinación, con ayuda de Dios se logra todo ♡

1
Paola Elizabeth
es un boludo
Paola Elizabeth
hombres hombres
Paola Elizabeth
hdp
Emperatriz Reales
Q bueno q te enfrentaste a ese narcisista de porquería , q cree q él es el único q tiene valor como humano , cuando es una reverenda porquería
Maria Rosalva: 🤭🤭🤭 Emperatriz como estás? Bendiciones mi bella🥰
total 1 replies
Emperatriz Reales
Realmente así es, todos opinamos, pera la realidad es otra q no nos deja pensar con claridad, y esa llega el día menos pensado
Emperatriz Reales
No entiendo a esta mujer,suelta esas ataduras, ese demonio no te quiere, déjalo d una v z , para q alargar el dolor , ya esta clara q eso no va a ningún lado
Emperatriz Reales: Exacto, pero es así tal cual , cuando estamos donde ya no tenemos cabida
total 2 replies
Emperatriz Reales
La excusa perfecta, me molestó y no vuelvo
Maria Rosalva: tranqui el proceso puede cambiar , solo dale tiempo al tiempo, te prometo vivir una montaña rusa de emociones
total 1 replies
Emperatriz Reales
Hay q repetirnos, la infidelidad no se perdona
Emperatriz Reales
El no cambio , mejoró las estrategias
Emperatriz Reales
No se , no le creo a ese falso
Emperatriz Reales
Q cagada de hombre , Lucas te deseo lo peor q le puede pasar a una basura humana como tú , es despreciablemente, ósea , ella está enferma q tipo tan valuado
Maria Rosalva: 🤣🤣🤣tranquila mi bella jiji falta más
total 1 replies
Karina Vazquez Gonzalez
leyendo tu historia y ya estoy fascinada
siento que eso es lo peor que una mujer le puede pasar pensar que es hasta que lleguemos a viejitos los dos..y resulta que nada es para siempre sin saber que duele excelente inicio
Maria Rosalva: Cada capítulo es más intenso, mi alma le estoy dejando en cada línea, espero que disfrutes mucho
total 2 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play