Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.
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Capítulo 07
La mudanza a los aposentos de Chen Yi se sintió menos como un ascenso social y más como ser trasladada a una jaula de oro más estrecha. Los pasillos de la planta superior de la mansión Liu eran diferentes al resto de la casa; aquí, las paredes estaban recubiertas de una piedra volcánica oscura que parecía absorber el sonido, y el aire tenía un aroma constante a incienso y algo más antiguo, algo que XiaoXuan solo podía describir como el olor del tiempo estancado.
Mientras desempacaba sus escasas pertenencias bajo la mirada vigilante de una anciana llamada Madame Gao, el ama de llaves jefe, XiaoXuan comenzó a comprender la verdadera magnitud del mundo en el que se había adentrado. Madame Gao no era una mujer de muchas palabras, pero cada una de ellas caía con el peso de una sentencia.
—En esta ala de la mansión, el tiempo no se mide por el sol —dijo la anciana, colocando con precisión milimétrica los vestidos de seda que Lady Liu había ordenado para XiaoXuan—. Aquí, el ciclo lo marca el pulso del Joven Maestro. Cuando él duerme, la mansión se silencia. Cuando él despierta, el servicio debe estar listo para cualquier capricho.
—No soy parte del servicio —replicó XiaoXuan, tratando de mantener la dignidad mientras sostenía una foto de su hermano XiaoHui.
Madame Gao se detuvo y la miró con ojos que parecían dos pozos de agua turbia.
—No, no lo es. Usted es algo mucho más complejo. Es la "Cura", y pronto será la "Esposa". Pero no se confunda, niña. En la familia Liu, incluso la esposa es una posesión. Hay reglas que debe conocer si desea conservar su cordura... y su vida.
XiaoXuan sintió un escalofrío.
—¿Qué reglas?
Madame Gao se acercó, y XiaoXuan pudo notar que la piel de la mujer era inusualmente fría, aunque no era una vampira. Era una humana que había pasado demasiado tiempo entre los muertos.
—Regla número uno: Nunca salga de esta ala después de la medianoche. Hay otros en esta mansión, parientes lejanos y guardianes que no tienen el "autocontrol" de Chen Yi. Para ellos, usted es solo un banquete andante. Regla número dos: Nunca mencione el mundo exterior frente a la Señora. Para ella, el mundo de los humanos es solo una granja de la cual se sirven. Y la más importante... —la anciana bajó la voz hasta convertirla en un susurro—: Si ve a alguien que no debería estar aquí, si escucha voces en las paredes que no son de este plano, ignore. La Sombra de la familia Liu tiene hambre, y a veces se manifiesta de formas que la mente humana no puede procesar.
—Eso es una locura —dijo XiaoXuan, apretando la foto contra su pecho—. ¿Me está diciendo que esta casa está... habitada por algo más que vampiros?
—Esta casa *es* la maldición —sentenció Madame Gao antes de retirarse, dejando a XiaoXuan en una habitación que de repente se sentía demasiado grande y demasiado silenciosa.
Decidida a no dejarse amedrentar, XiaoXuan salió de su habitación para explorar la sala de estar compartida que ahora la unía a Chen Yi. Era un espacio circular, decorado con tapices que narraban historias de guerras antiguas y lunas sangrientas. Al fondo, una puerta de hierro forjado estaba entreabierta.
Al asomarse, XiaoXuan descubrió lo que parecía ser una galería de observación. Debajo, en un nivel inferior, pudo ver una escena que le revolvió el estómago. Era una sala blanca, aséptica como un hospital, pero llena de humanos. Estaban sentados en sillones cómodos, viendo televisión o leyendo, pero todos tenían algo en común: tubos delgados conectados a sus brazos que extraían sangre de manera constante hacia bolsas refrigeradas.
—Es el "Santuario" —la voz de Chen Yi, profunda y cargada de una culpa amarga, resonó detrás de ella.
XiaoXuan se dio la vuelta rápidamente. Él estaba allí, apoyado en el marco de la puerta, observando la escena con ella.
—¿Esas personas...? —XiaoXuan no podía terminar la frase.
—Son voluntarios —dijo Chen Yi, aunque la palabra sonaba a ceniza en su boca—. Se les paga sumas exorbitantes para que sus familias vivan en el lujo, a cambio de su sangre. Se les cuida, se les alimenta con la mejor dieta, pero al final del día... somos parásitos, XiaoXuan. Mi familia ha perfeccionado el arte de la explotación bajo el disfraz de la beneficencia.
—¿Cómo puedes vivir así? —preguntó ella, con los ojos llenos de una mezcla de horror y tristeza—. Ver esto todos los días...
—No lo hago —respondió él, acercándose a la barandilla—. Por eso me encerré en la oscuridad. Por eso prefería morir antes que aceptar tu sangre. Porque sabía que, una vez que aceptara la vida, tendría que aceptar también la responsabilidad de todo este horror. Mi madre cree que somos dioses entre insectos. Yo solo veo una cadena alimenticia que me da asco.
XiaoXuan miró de nuevo hacia abajo. Vio a una mujer joven, no mucho mayor que ella, sonriendo mientras una enfermera le cambiaba la bolsa de sangre. La normalización de la atrocidad era lo que más le dolía.
—Lady Liu dijo que soy diferente —murmuró XiaoXuan—. Que mi sangre es la única que puede curarte.
—Porque la de ellos solo me mantiene funcional, pero no detiene la Sombra —explicó Chen Yi, girándose hacia ella. Sus ojos grises brillaban con una intensidad febril—. Tu sangre tiene lo que ellos perdieron: esperanza pura, una chispa de divinidad humana que se ha diluido en el resto de la población. Pero mira el precio, XiaoXuan. Para salvarme a mí, te han convertido en la pieza central de este sistema. Te han "ascendido" a esposa para que nunca puedas ser libre, para que tu linaje sea propiedad de los Liu por siempre.
XiaoXuan se acercó a él. El miedo que sentía por las reglas de la mansión y por la oscuridad que Madame Gao había mencionado fue reemplazado por una indignación feroz.
—No voy a ser una pieza de su sistema, Chen Yi. Y tú tampoco deberías serlo.
—Es demasiado tarde para mí —dijo él, bajando la cabeza—. La sombra ya ha echado raíces. Cada vez que bebo de ti, me siento más fuerte, pero también más vinculado a esta casa, a este suelo.
—Entonces encontraremos otra forma —dijo ella, tomando sus manos. Eran manos grandes, elegantes, y ahora vibraban con una energía que ella misma le había proporcionado—. No podemos simplemente aceptar este destino. No quiero ser una "donante de lujo" y no quiero que tú seas un "dios parásito". Si vamos a estar vinculados, que sea bajo nuestros propios términos, no los de tu madre o los de tus ancestros.
Chen Yi la miró con asombro. Nadie en trescientos años le había hablado de "términos propios". En su mundo, todo era jerarquía, deuda y sangre.
—¿Realmente crees que hay una salida? —preguntó él, su voz apenas un susurro esperanzado.
—No lo sé —admitió ella con sinceridad—. Pero prefiero morir intentando encontrarla que vivir siglos en esta galería viendo cómo extraen la vida de los demás.
En ese momento, las luces de la mansión parpadearon. Un viento helado recorrió la galería, y por un segundo, XiaoXuan creyó ver una figura alta y desgarbada, hecha enteramente de humo negro, parada al final del pasillo. La Sombra de la que habló Madame Gao estaba escuchando.
Chen Yi se puso tenso, sus instintos de depredador alertándose. Envolvió a XiaoXuan con sus brazos, protegiéndola, mientras sus ojos se tornaban rojos en un desafío silencioso a la oscuridad que habitaba en sus propias paredes.
—Están observando —gruñó él—. La mansión no permitirá que nos rebelemos tan fácilmente.
—Que miren —replicó XiaoXuan, aferrándose a él—. El precio de mi vida fue mi libertad, pero mi voluntad no está a la venta.
Aquella noche, mientras la mansión Liu se sumía en su silencio sepulcral, XiaoXuan no durmió. Escuchó los susurros en las paredes y sintió el frío de la Sombra, pero también sintió el calor de la mano de Chen Yi, que no la soltó en toda la noche. Había descubierto las reglas, sí, pero también había descubierto que incluso en el corazón de la oscuridad más profunda, todavía quedaba un rastro de humanidad por el cual valía la pena luchar.