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La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

Status: Terminada
Genre:Mitos y leyendas / Maldición / Brujas / Completas
Popularitas:553
Nilai: 5
nombre de autor: karolina oquendo

COMPLETA

Mudarse parecía la única salida.
Para Andrés, Lili y su hijo Santiago, dejar la ciudad no fue una decisión… fue una necesidad. Una casa barata en un pueblo olvidado les ofrecía algo que ya no tenían: tranquilidad.
Y al principio, eso fue exactamente lo que encontraron.
Silencio. Calma. Espacio para empezar de nuevo.
Pero hay silencios que no son normales.
Y hay lugares donde la oscuridad no solo oculta… sino que observa.
Cuando cae la noche, la casa cambia.
Los rincones se vuelven más profundos. Los pasillos más largos. Y lo que no se ve… comienza a sentirse.
No hay monstruos.
No hay presencias.
Solo algo mucho más peligroso:
La mente.
Porque en la oscuridad, cada pensamiento toma forma…
y lo que imaginas… puede volverse real.

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2 – Lo que no dices

La rutina se instaló en la casa como una forma de defensa.

Nadie lo dijo en voz alta, pero los tres comenzaron a aferrarse a lo cotidiano con una necesidad silenciosa. Andrés trabajaba más horas de lo habitual, incluso cuando no era necesario. Lili limpiaba espacios que ya estaban limpios. Y Santiago… fingía concentración en cosas que antes le resultaban sencillas.

Era más fácil así.

Mientras hubiera algo que hacer, no había espacio para pensar.

Y pensar… se estaba volviendo un problema.

Santiago fue el primero en notarlo con claridad.

No era una imagen.

No era un sonido.

Era algo más difícil de explicar.

Una sensación que aparecía justo antes de que su mente comenzara a imaginar cosas.

Como si hubiera un momento exacto, muy pequeño, en el que todo podía seguir siendo normal… o volverse otra cosa.

Ese día estaba sentado en la mesa del comedor, haciendo tarea.

El lápiz se detuvo sobre el cuaderno.

Algo no estaba bien.

Levantó la mirada.

La sala estaba vacía.

La luz del día entraba con normalidad por las ventanas. Todo estaba exactamente como debía estar.

Y aun así…

había algo.

No lo veía.

Pero lo sentía.

Una incomodidad leve, pero constante.

Como si alguien estuviera a punto de entrar en la habitación.

O como si algo ya estuviera ahí… esperando ser notado.

Santiago apretó los labios.

—No empieces —murmuró.

Bajó la mirada.

Siguió escribiendo.

Pero entonces, sin poder evitarlo…

miró otra vez.

Nada.

Todo normal.

Y eso era lo peor.

Porque su corazón seguía latiendo más rápido de lo normal.

En el segundo piso, Andrés se quitó los audífonos por un momento.

Había perdido el hilo de lo que estaba haciendo.

Se recostó en la silla, frotándose los ojos.

—Necesito descansar…

La pantalla del computador iluminaba la habitación con una luz fría.

Miró hacia la puerta.

Abierta.

El pasillo más allá estaba en silencio.

Demasiado en silencio.

Frunció el ceño.

No era la primera vez que sentía eso.

Esa ligera… tensión.

Como si hubiera olvidado algo importante.

O como si algo no encajara del todo en su entorno.

Se levantó.

Caminó hasta la puerta.

Miró hacia el pasillo.

Nada.

Pero su mente no se detuvo ahí.

Por un instante, imaginó algo.

Algo de pie, al fondo.

Quieto.

Sin forma clara.

Solo… presente.

Andrés cerró los ojos un segundo.

Negó con la cabeza.

—Estoy cansado.

Volvió a su escritorio.

Pero no cerró la puerta.

Lili estaba en la cocina cuando dejó caer la taza.

El sonido del golpe contra el suelo rompió el silencio de la casa.

Se quedó inmóvil, mirando los pedazos.

Respirando lentamente.

No fue el accidente lo que la alteró.

Fue lo que pensó justo antes.

Había estado mirando hacia el pasillo.

Y por un segundo…

imaginó que algo cruzaba.

No una persona.

No claramente.

Solo… un movimiento.

Algo que no debía estar ahí.

Cerró los ojos.

Se inclinó para recoger los pedazos.

—Es la casa nueva… —susurró—. Solo es eso.

Pero sus manos temblaban ligeramente.

Esa tarde, ninguno mencionó nada.

Hablaron de cosas normales.

La comida.

El trabajo.

Las clases.

Todo lo que podían usar para llenar el espacio.

Pero había algo en sus miradas.

Algo contenido.

Algo que ninguno quería nombrar.

La noche llegó otra vez.

Y con ella…

el problema.

Santiago se acostó más temprano de lo habitual.

No porque tuviera sueño.

Sino porque quería evitar ese momento.

Ese instante en el que la luz desaparece y la mente empieza a hacer su propio trabajo.

Se cubrió con la sábana hasta el cuello.

Mirando hacia la pared.

Evitando la esquina.

Evitando pensar.

Funcionó… por unos minutos.

Hasta que su mente hizo lo inevitable.

Pensó en la esquina.

En cómo se vería en la oscuridad.

En cómo se vería si hubiera algo ahí.

No abrió los ojos de inmediato.

Pero ya lo sentía.

Esa presencia indefinida.

Ese “algo” que no estaba… pero podía estar.

Abrió los ojos lentamente.

La habitación estaba oscura.

Silenciosa.

Normal.

Pero su cuerpo reaccionó como si no lo fuera.

Miró hacia la esquina.

Y otra vez…

esa sensación.

No veía nada claramente.

Pero la oscuridad ahí… se sentía diferente.

Más pesada.

Más… concentrada.

Santiago tragó saliva.

—No es real…

Pero no apartó la mirada.

Porque una parte de él…

quería asegurarse.

Quería confirmar que no había nada.

Y otra parte…

tenía miedo de que sí lo hubiera.

En la habitación principal, Lili estaba sentada en la cama.

No intentaba dormir.

No esa noche.

Miraba hacia la puerta.

Abierta.

Oscura.

Su mente ya había hecho el trabajo por ella.

Podía imaginar perfectamente algo ahí.

De pie.

Esperando.

No necesitaba verlo.

Lo sentía.

Y eso era suficiente.

Se abrazó a sí misma.

—Esto no está bien…

Pero no llamó a Andrés.

No dijo nada.

Porque sabía que, si lo decía en voz alta…

se volvería más real.

Andrés, por su parte, permanecía despierto.

Mirando el techo.

Con una idea persistente que no lograba sacarse de la cabeza.

No era una imagen.

Era una certeza incómoda.

Algo no estaba bien en esa casa.

No sabía qué.

No podía probarlo.

Pero lo sentía.

Y lo peor era que…

no podía explicarlo sin sonar irracional.

Giró la cabeza hacia la puerta.

El pasillo estaba oscuro.

Y por un segundo…

solo un segundo…

pensó que algo podría estar mirándolo desde ahí.

No lo vio.

Pero lo pensó con demasiada claridad.

Y eso bastó.

Cerró los ojos.

Con fuerza.

Como si así pudiera apagar también sus pensamientos.

La casa permaneció en silencio.

Como siempre.

Sin moverse.

Sin cambiar.

Sin mostrar nada.

Pero dentro de cada uno de ellos…

algo estaba creciendo.

No una presencia.

No una entidad.

Una idea.

Y las ideas…

cuando se repiten lo suficiente…

dejan de sentirse imaginarias.

1
Rimuro Oquendo
nueva obra es de suspenso ☺️
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