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La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Reencarnación
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.

Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.

Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El precio de un omega

La primera vez que Renato Vieri entendió que su vida no le pertenecía, tenía siete años.

Fue un día de lluvia, su padre llegó a casa con olor a tabaco y a derrota, como siempre, pero esa noche había algo diferente en sus ojos. Una chispa que Renato aprendió pronto a reconocer: la chispa del dinero.

—Es hermoso —dijo el hombre que acompañaba a su padre. Lo miró a él, no a su madre, no a su hermano mayor, a él. Sus ojos recorrieron el rostro de Renato como quien evalúa una mercancía—. Tiene los rasgos finos, los omegas de los Vieri siempre han sido así. Buena sangre.

—La mejor —respondió su padre con una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. Cuesta, eso sí, no cualquiera puede pagar lo que vale un Vieri.

El hombre se rió. Le pellizcó la mejilla a Renato con demasiada fuerza.

—Ya veremos.

Renato no entendió del todo esa conversación, pero entendió el brillo en los ojos de su padre. Entendió la forma en que su madre, que estaba al fondo de la habitación con la mirada baja, apretó los labios hasta volverlos blancos.

Entendió que algo en él era valioso. Y que los valiosos no eligen su destino.

 ———

Creció en una casa que olía a humedad y a gloria pasada. Los Vieri habían sido algo, alguna vez; su abuelo había tenido nombre en la ciudad, respeto, territorio. Pero los Vieri de ahora solo tenían deudas, un palacete que se desmoronaba y un hijo omega al que podían vender como última moneda.

Renato aprendió pronto las reglas.

Baja la mirada cuando un alfa te hablé. Sonríe cuando te sonrían. No llores, los omegas no lloran. Tu cuerpo es lo único que vale, cuídalo como si fuera un préstamo que tendrás que devolver.

Su madre se lo enseñó todo. Una omega también, pero una omega que había hecho lo que debía hacer: darle un heredero alfa a su esposo y luego desaparecer en los rincones de la casa, invisible como un mueble más.

—Tú eres más bonito que yo —le dijo una vez, peinándolo frente al espejo. Sus manos temblaban ligeramente—. Eso es bueno, los omegas bonitos consiguen mejores dueños.

—¿Dueños? —preguntó Renato, que tenía once años y aún creía en algunas palabras bonitas.

Su madre no respondió, solo siguió peinando.

Su hermano, Marco, era tres años mayor y alfa, eso lo ponía en un escalón superior al que Renato nunca podría aspirar. Marco no lo maltrataba, pero tampoco lo miraba como a un igual. Para Marco, Renato era una cosa que vivía en su casa, que ocupaba espacio, que algún día se iría con algún alfa y dejaría de ser un problema.

—¿Sabes lo que le pasó a los Vieri? —le dijo Marco una tarde, mientras Renato le alcanzaba las botas para salir. Marco tenía diecisiete años y ya hablaba con la arrogancia de quien cree que el mundo le pertenece—. La ruina. El abuelo gastó todo en mantener las apariencias, y ahora solo nos queda esto. Y tú.

—¿Yo?

—Eres la carta que papá va a jugar, la última. Si tiene suerte, consigue un buen partido para ti y salda las deudas. Si no...

Marco se encogió de hombros. No terminó la frase, no hacía falta. Renato entendió, esa tarde, que no era un hijo. Era una moneda.

——— 

La venta llegó cuando él tenía veintidós años.

Era invierno. La casa de los Vieri olía a cerrado, a sábanas que no se lavaban desde hacía semanas, a la humedad que trepaba por las paredes como una sentencia. Su padre llevaba meses evitando a los cobradores, su madre apenas salía de su habitación. Marco había desaparecido hacía un año —"a buscar fortuna", dijo su padre, pero todos sabían que había huido. Renato se pasaba los días en la biblioteca, leyendo las novelas que habían sobrevivido a las sucesivas ventas de muebles y cuadros. Leía para no pensar, para no preguntarse qué sería de él cuando la última moneda de los Vieri se agotara.

La noche que su padre llegó eufórico, Renato supo que esa moneda acababa de gastarse.

—¡He cerrado el trato! —gritó su padre desde la puerta. Olía a vino, a esperanza, a desesperación—. ¡Alessio De Luca! ¿Sabes quién es? ¡Va a ser el hombre más poderoso de esta ciudad! Y tú, Renato, vas a ser su esposo.

El mundo se detuvo.

Renato dejó el libro sobre la mesa y miró a su padre. Esperó que fuera una broma, una de esas borracheras que terminaban en llanto y disculpas a la mañana siguiente.

Pero su padre no lloraba, reía. Reía como hacía años que no reía.

—El De Luca necesita un esposo, no quiere complicaciones, quiere algo bonito y callado que pueda exhibir en las cenas. ¡Y tú eres perfecto! Eres exactamente lo que busca. Alguien que no dé problemas, alguien que sepa estar callado y verse bien.

—¿Y si no quiero? —preguntó Renato. Su voz sonó pequeña, ridícula.

Su padre dejó de reír.

—¿Que si no quieres? —repitió, como si acabara de decir la cosa más estúpida del mundo—. ¿Crees que esto es una elección? Los Vieri deben cien mil euros, Renato, cien mil, y mañana vienen a cobrar. Si no pago, nos matan a todos. ¿Entiendes? No es que yo quiera venderte, es que no tengo otra cosa.

Renato quiso decir algo, quiso gritar, correr, pero no hizo nada. Era un omega había sido educado para bajar la mirada.

Y esa noche, la bajó.

 ———

Tres días después, los hombres de Alessio De Luca vinieron a buscarlo.

No vino él y eso le dolió más de lo que esperaba. Había imaginado, en algún rincón estúpido de su corazón, que tal vez el alfa querría conocerlo antes de llevárselo, que tal vez sería amable. Que tal vez, en el fondo, había algo más que una transacción.

Pero Alessio De Luca no vino.

Llegaron dos alfas con traje negro, expresión impasible, y un coche negro esperando en la puerta. Su padre lo acompañó hasta la entrada, lo miró un momento con algo que podía ser culpa o podía ser alivio, y luego dijo:

—Pórtate bien, hazle caso. Que no tenga que devolverte.

Su madre no salió a despedirlo. Renato la buscó con la mirada, pero la puerta de su habitación seguía cerrada, como siempre, como había estado cerrada desde que él tenía memoria.

Subió al coche. No lloró.

Los alfas no le hablaron durante el trayecto. El coche cruzó la ciudad, dejando atrás los barrios pobres, los edificios desconchados, las calles que Renato conocía de toda la vida. Entraron en zonas donde las aceras eran anchas y las fachadas, de piedra limpia. Donde la gente que caminaba por la calle llevaba ropa que costaba más de lo que su padre había ganado en un año.

La mansión De Luca era enorme. Rejas negras, un jardín que debía de tener un jardinero de tiempo completo, una puerta de madera maciza que se abrió sola cuando el coche se detuvo. Renato sintió que entraba en otro mundo, un mundo donde él era un objeto. Donde su belleza era su único pasaporte.

—El señor De Luca te recibirá en su despacho —dijo uno de los alfas, y le señaló una escalera con un gesto seco.

Subió solo. Sus piernas temblaban, su aroma de algodón y flor de cerezo, que siempre había sido suave y calmante, empezó a volverse ácido, impregnado de miedo.

El despacho de Alessio De Luca olía a madera oscura y a poder.

Él estaba sentado detrás de un escritorio de ébano. Renato lo había visto en fotos, pero la presencia en persona era distinta. Era alto, de hombros anchos, con el cabello negro impecable y unos ojos marrón oscuro que lo miraron como quien evalúa una compra.

Y lo era. Una compra, nada más.

—Renato Vieri —dijo. Su voz era grave, firme, sin calidez—. Acércate.

Renato avanzó, sus pies parecían de plomo. Cuando estuvo frente al escritorio, Alessio lo miró de arriba abajo detenidamente, cmo si cada centímetro de su cuerpo estuviera siendo tasado.

—Has costado caro —dijo al final, y no estaba claro si era un cumplido o un reproche—. Pero tu familia necesitaba el dinero y yo necesito un esposo.

—Sí —susurró Renato. Su voz no salía más fuerte.

Alessio apoyó los codos en el escritorio, su aroma a ébano y pimienta negra llenaba la habitación, y Renato sentía que le costaba respirar.

—No te voy a pedir nada que no pueda dar un omega decente. En público, serás mi esposo, sonreirás, estarás callado, te vestirás bien. En privado, tendrás tu habitación, tu ropa, lo que necesites. No te voy a exigir el vínculo si no lo quieres, pero si algún día decido que lo quiero, no tendrás voto.

Renato tragó saliva, quiso decir algo, quiso preguntar si podría ver a su familia, si podría salir, si podría tener un libro, si podría ser algo más que un adorno.

Pero Alessio ya estaba mirando otro papel.

—¿Entendido?

—Entendido.

—Bien, los sirvientes te llevarán a tu habitación. No des problemas.

No dio problemas.

La habitación era hermosa. Grandes ventanales que daban al jardín, una cama de dos plazas con sábanas de algodón egipcio, un armario lleno de ropa en tonos pastel, un jarrón con flores frescas que cambiaban cada mañana.

Todo era perfecto. Todo era una jaula.

1
ILikeYourFather
Omg si
Nilda Ayala
ya me imaginé a Renato con su escuadrón de omegas, entrenados para todo tipo de situaciones, escalando hasta ser los primeros
Amantedelpan
Espero con ansias cuando Renato y Ale se besen apasionados sin soltarse, y Renato se de cuenta de su atracción sin remedio por Renato 😁
Gracias por el cap🫶🫂
☆Nanu☆
me encanta esta tensión!!!😏 Ya quiero que Ren lo deje sin aliento, que Ale sienta lo que quiere provocar!!! un pequeñín cambio de roles 🤪🤓
Nerezka Martinez
claro que si , interesante muy interesante 👌😉😉
Maru19 Sevilla
Se están acercando 🤭
Marlucha💋
El café que yo tomo tiene Cardamomo!, sabroso!💜
Nidia Mojica
Renato Y Alessio ahí van. Con Marco y Rocco creo es mas complicado.
☆Nanu☆
los secundarios duros se ablandan!!! 😅😏
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓
ILikeYourFather
👀
Nidia Mojica
Renato sabe lo que hace y Alessio poco a poco empieza a ceder.
Amantedelpan
Ya cayooooo😝
☆Nanu☆
que se traen Rocco y Marco???🤓
ILikeYourFather: sabia q no solo yo lo habia pensado
total 3 replies
Maru19 Sevilla
Quiera o no va ha reconocer la valía de Renato
🔪Rachell Foster 💕🇲🇽
Tension~
Nidia Mojica
Leo el capituoo casi sin respirar cuando esos dos se enfrentan 😱 pero me encanta.
Nidia Mojica
Masoquistas ambos 🤔.
Hanabi Montano: Dígamos que los atrae el desafío 🤭🤭 Les gusta lo que no pueden controlar fácilmente
total 1 replies
Marlucha💋
Eso si debió contarte admitirlo y decirlo Alessio!, pero es un gran paso sigue por ahí mijo☺️
Hanabi Montano: Poco a poco va reconociendo el valor de Renato, todavía le cuesta, pero ya es algo
total 1 replies
Marlucha💋
Uyyÿ! Renato eso si que fue un certero golpe al orgullo de Alessio🤭🤭
Marlucha💋
Ha!, aunque te duela Alessio? necesitas el consejo o estrategias de Renato
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