Damon despierta como Edward un vampiro débil y frágil, pisoteado por todos, el siendo mafioso más temido y el más Sádico, les demostrará quien manda.
Bill un vampiro violento y agresivo qué es manipulado por su amada Roselia pero ella solo lo ve como marioneta, hasta que un encuentro con Edward lo cambia todo.
¿Cual será el destino de ambos?
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Plantando La Semilla
Edward se encuentra en su despacho firmando documentos cuando entra Sira con una cara preocupa y la cabeza baja.
- Mi lord, su majestad el emperador lo manda a llamar... Una sirvienta escuchó que la emperatriz Roselia se quejó de usted ante su esposo —Habla Sira muy preocupada.
-Ya me lo imaginaba, las santitas como ella nunca saben cuando callar y buscan que los demás solucionen sus problemas, esto será interesante. —Edward sonrie sinico.
- Mi Lord esto no es malo para usted, lo podrían despedir o hasta matarlo, su magestad es un perro faldero de la emperatriz lo que ella dice es la ley.
- Sira, se te olvida algo —Edward mira a su sirvienta con burla. - Es cierto por ahora es un perro faldero de la emperatriz, pero sabes lo que pasa cuando los celos cubren los ojos.
Edward sale del despacho de camino donde el emperador con frente en alto y una sonrisa que pone de los nervios a quienes pasan por ahí, pero ni bien puso un pie resibio un libro que logro esquivar con un solo movimiento, pero lamentablemente le tocó al mayordomo recibir el golpe, quien con un quejido se retiró del lugar.
-Debes controlar tus emociones majestad, no vaya a ser que luego no le quede personal, eso no son los modales correctos —Hablo Edward mirando fijamente a los ojos al albino.
-¡Cállate maldito! ¡TE DIJE QUE NO TE METIERAS CON MI FAMILIA! ¡AHORA MISMO NO TE SALVAS, TE MATARÉ Lentamente! —Habla Bill con una mirada y una sonrisa de psicópata.
-¡Ya callate de una vez!, esa no es la manera de comportarse un verdadero emperador.
-¡COMO TE ATREVES A HABLARME ASI! ¡SOY TU EMPERADOR!
Bill siente un escalofrío por todo su cuerpo mirando los ojos del vampiro que le impidió siquiera moverse, esos ojos rojos qué parecían brillas como dos rubies, pero más rojos que la sangre y por primera vez en su vida, el emperador se sintió intimidado, pero trato de mantener la compostura.
-Algo más que quiera gritar magestad o prefiere lanzar cosas. —Habla Edward muy serio y frio.
-Lo que has echo esta mal y debes ser castigo, pero... Si te disculpas con el príncipe... Lo dejaré pasar. —Habla Bill con un poco de miedo y nerviosismo.
Edward se acerca lentamente donde esta Bill, quedando a pocos centímetros del emperador quien su rostro empezó a volverse rojo y por instinto retrocedió varios pasos hasta que su espalda sintio el frío metal de la pared.
Bill se sintió acorralado, su espalda con la pared y su pecho casi tocando con el cuerpo del vampiro, no entendía porque se sentía intimidado, ni siquiera podía pronunciar ninguna palabra y mucho menos mirarlo a los ojos así que miraba al suelo sin levantar la cabeza.
Edward puso una mano en la pared y la otra mano sujeto el menton del albino solo con dos dedos, sus garras tocando la piel su piel, obligandolo a mirarlo a los ojos fijamente.
-Un emperador nunca baja la cabeza Bill y tampoco se deja intimidar. —Susurro Edward al oído de su Albino.
-¡Quien esta siendo intimidado!. —Bill reacciona y empuja a Edward con fuerza, mientras apretá sus dientes.
-Ja ja ja, Bien... La cosa es que su majestad, yo no me voy a disculpar con el príncipe Blade, por que no hice nada malo, solo le recordé algunos modales ya que muy pronto tendrá que irse del palacio.
-¿Irse?, Porque quieres echar a mi hermano del palacio, Edward aquí no puedes hacer lo que tu quieras.
-Cierto, pero majestad Bill, no crees que tu hermano ya tiene edad para ser independiente, ya es hora de que tenga familia, tenga títulos nobles y tierra.
-Pero mi emperatriz dice que el aun no está listo y yo también lo creo.
-Majestad ¿Porque la emperatriz defiende tanto a su hermano?¿Por que siempre habla por el? ¿Porque que se quejó en lugar de él?
-Que estas tratando de decir... ¡SI quieres sembrar discordia entre mi emperatriz y yo, dejame decirte que no lo lograras!
-Quien dijo que quiero sembrar discordia, ¿Que ganaría yo?, solo quiero que razone majestad, use un poco su cabeza y evite un problema.
-¿Que problema?
-Los rumores majestad, si esto sigue así, los nobles empezarán a hablar, usted lo puede soportar pero la emperatriz, crees que una dama tan delicada aguante eso.
-... Tal vez. —Bill se pone pensativo.
- Bueno, si eso es todo... Con permiso.
Edward se da la vuelta para irse del despacho, pero antes de cruzar la puerta mira fijamente al albino pensativo.
-Por cierto majestad, su sangre es... Esquisito,... digno de la realeza.
Edward muestra sus dos garras qué tocó el menton del albino con dos gotas de sangre y ante sus ojos lo lame. Bill se toca su menton notando un raspón qué estaba cicatrizando, se sorprendió y luego se puso rojo de la rabia así que agarra otro libro pesado y lo lanza contra Edward quien lo esquiva fácil y con una sonrisa sinica se va del lugar.
-Maldito...