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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:815
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17: BAJO EL AGUA

—¡KAEL!

El grito de Lía no fue solo un sonido. Fue una ruptura.

Un desgarro que atravesó la tormenta, el mar y todo lo que existía en ese instante.

Pero nadie respondió. Todo había pasado demasiado rápido.

La baranda rompiéndose. El cuerpo de Kael cayendo en la oscuridad.

El impacto brutal contra el agua.

Y luego…Nada.

Silencio.

Un silencio antinatural en medio del caos.

Lía corrió.

No pensó.

No dudó. Sus pies golpearon la madera mojada mientras avanzaba hacia el borde del muelle, ignorando el peligro, ignorando el mundo.

Se dejó caer de rodillas. Las manos apoyadas en las tablas empapadas. El cuerpo inclinado hacia el vacío.

Miró abajo.

Solo vio oscuridad.

Olas negras chocando con violencia contra los pilotes. El mar estaba furioso.

Indomable.

—¡KAEL! —gritó otra vez, con la voz quebrándose.

Nada.

Ni un movimiento.

Ni una señal.

Ni siquiera el reflejo de algo bajo el agua.

La respiración se le volvió irregular.

El corazón le latía tan fuerte que dolía.

Cada latido era una pregunta.

Cada segundo… una amenaza.

No podía haber terminado así.

No después de todo.

No después de sobrevivir juntos.

No después de lo que había empezado a sentir.

No. Simplemente no.

La madera crujió detrás de ella.

Pasos.

Lentos.

Pesados.

Ragnar.

—No sobrevivirá a esa corriente.

La voz cayó como una sentencia.

Lía giró de golpe.

Los ojos encendidos.

La rabia estallando sin control.

—¡CÁLLATE!

El grito fue feroz.

Visceral.

Real.

Ragnar no se inmutó.

No había culpa en su expresión.

No había duda.

Solo certeza.

Sus ojos rojos brillaban con una intensidad peligrosa.

—Ven conmigo.

Señaló con la cabeza hacia atrás.

Hacia la figura temblorosa de su madre.

—Tu familia estará a salvo.

Selene observaba desde el fondo.

Inmóvil.

Sonriendo.

Como si ya conociera el final de la escena.

Como si todo estuviera ocurriendo exactamente como había planeado.

Lía retrocedió.

Un paso.

Luego otro.

La rabia se mezclaba con algo peor.

Un vacío.

Un frío interno.

Una sensación de pérdida que no quería aceptar.

Sus manos temblaban.

No por miedo.

Por negación.

—No…

Susurró.

No era una respuesta.

Era una resistencia.

Una negativa al destino que le estaban imponiendo.

Y entonces…Lo sintió.

No fue un sonido.

No fue una imagen.

Fue una sensación.

Algo profundo.

Invisible.

Pero imposible de ignorar.

La marca.

La media luna en su clavícula comenzó a arder.

Primero suave.

Luego más intensa.

Luego como fuego líquido bajo la piel.

Lía llevó la mano al cuello.

El calor la hizo contener la respiración.

La luz plateada comenzó a filtrarse entre sus dedos.

Ragnar lo vio.

Y por primera vez…Dudó.

—¿Qué está haciendo?

Selene dio un paso adelante.

Su sonrisa desapareció.

—No…

Lía cerró los ojos.

No sabía por qué.

No sabía cómo.

Pero sabía qué debía hacer.

No era pensamiento.

Era instinto.

Era conexión.

Kael no estaba muerto.

Lo sentía.

Debajo del agua.

En la oscuridad.

Luchando.

La energía respondió.

La luz salió de la marca como una expansión viva.

No era un ataque.

No era una defensa.

Era una búsqueda.

Un llamado.

El aire vibró.

El mar reaccionó.

Las olas comenzaron a cambiar.

Primero sutilmente.

Luego violentamente.

El agua se agitó con una fuerza antinatural.

Los hombres retrocedieron. Incluso Ragnar.

El viento giró.

La lluvia cambió de dirección.

Como si todo se alineara con esa energía. Un remolino comenzó a formarse junto a los pilotes del muelle.

El agua giraba.

Oscura.

Profunda.

Y en el centro…Brillaba la luz plateada.

—Esto no es normal —murmuró uno de los alfas.

—No —respondió Selene, en voz baja—… esto es poder real.

La madre de Lía la miró aterrada.

—¿Qué está pasando?

Lía abrió los ojos.

La luz seguía fluyendo.

Sus manos temblaban.

Su respiración era irregular.

Pero su voz…Fue firme.

—Él sigue vivo.

Ragnar frunció el ceño.

—Eso es imposible.

El agua explotó.

No fue una salpicadura.

Fue una erupción.

Una figura salió disparada desde el centro del remolino.

Agua, fuerza, vida.

Kael.

Aterrizó sobre el muelle con un impacto brutal.

De rodillas. Respirando con dificultad.

El agua caía de su cuerpo. Sus manos se clavaron en la madera.

Sus músculos tensos. Su respiración pesada.

Pero sus ojos…Sus ojos dorados brillaban con una intensidad completamente diferente.

Más oscura.

Más salvaje.

Más peligrosa.

Lía dejó escapar el aire.

Un sonido entre alivio y emoción.

—Kael…

Él levantó lentamente la mirada.

Y la vio.

Por un segundo…

Nada más existió.

Ni Ragnar.

Ni Selene.

Ni la tormenta.

Solo ella. Y esa conexión que ahora era imposible de negar.

Más fuerte.

Más profunda.

Más real.

Kael se puso de pie.

Lentamente.

El agua goteando de su cuerpo. Su energía era distinta.

Más intensa. Como si algo dentro de él también hubiera despertado.

Ragnar sonrió.

—Sabía que no morirías tan fácil.

Kael no respondió.

Su mirada pasó por él.

Por Selene.

Y volvió a Lía.

—Te dije…Su voz fue más grave.

Más animal.

—…que no me alejaría de ti.

Ragnar avanzó.

Preparándose.

—Entonces pelea como un rey.

Y esta vez…No hubo advertencia.

Ambos se lanzaron.

El impacto fue devastador.

El muelle entero tembló.

La madera crujió.

Las tablas se astillaron.

Golpe contra golpe.

Fuerza contra fuerza.

Ragnar atacó primero.

Un puñetazo directo al rostro.

Kael giró la cabeza por el impacto.

Pero respondió de inmediato.

Golpe al pecho.

Ragnar retrocedió un paso.

Y sonrió.

La pelea se intensificó.

Más rápida.

Más violenta.

Más peligrosa.

Cada golpe parecía capaz de romper huesos.

Cada movimiento estaba cargado de años de rivalidad.

De historia.

De traición.

Kael lo empujó contra un pilar.

El impacto hizo vibrar toda la estructura.

Pero Ragnar respondió.

Sujetándolo del cuello. Intentando someterlo.

—Sigues siendo débil —gruñó.

Kael gruñó de vuelta.

—Sigues siendo un error.

Mientras tanto…Selene se movió.

Silenciosa.

Precisa.

Tomó una daga de plata.

Sus ojos se clavaron en Kael.

Calculó el momento.

Y avanzó.

Directo.

A su espalda.

—¡KAEL! —gritó Lía.

No pensó.

Corrió.

La marca reaccionó antes que su mente.

La luz explotó desde su cuerpo.

Una descarga directa.

Impactó la mano de Selene.

La daga salió volando.

Giró en el aire.

Y cayó al mar.

Selene se detuvo.

Giró lentamente hacia Lía.

Y por primera vez…Perdió el control.

—Pequeña insolente.

Lía la enfrentó.

Empapada.

Temblando.

Pero firme.

—No vuelvas a acercarte a él.

Selene la observó.

Largo.

Silencioso.

Y luego sonrió.

—Ahora sí te comportas como reina.

Detrás de ellas…Kael logró tomar ventaja.

Sujetó a Ragnar.

Lo arrastró hasta el borde del muelle.

La madera crujía peligrosamente.

Ragnar, incluso en desventaja…Sonreía.

Eso no estaba bien.

Kael lo sintió.

—Ya es tarde —dijo Ragnar.

Kael frunció el ceño.

—¿Qué hiciste?

Ragnar levantó la mirada.

Pero no miró a Kael.

Miró a Lía.

Y su sonrisa cambió.

Se volvió fría.

Calculada.

Peligrosa.

—No vine por ella.

El mundo se detuvo.

Lía sintió el golpe antes de entenderlo.

Ragnar levantó la mano.

Señaló.

Directo.

A su madre.

—Vine por la sangre que corre en sus venas.

Silencio absoluto.

El sonido del mar desapareció.

La lluvia dejó de sentirse.

Lía giró lentamente.

Demasiado lento. Como si temiera lo que iba a ver.

—¿Qué…?

Su voz apenas salió.

Su madre estaba pálida.

Demasiado pálida.

Sus manos temblaban.

Sus ojos…Evitaban los suyos.

Kael soltó a Ragnar.

Su expresión cambió.

Por completo.

No era rabia.

No era furia.

Era comprensión.

De algo terrible.

Ragnar dio un paso atrás.

Tranquilo.

Seguro.

—Tu madre…

Hizo una pausa.

Disfrutando el momento.

—…no es quien crees.

El corazón de Lía se rompió en ese instante.

No por el miedo. Sino por la verdad que estaba a punto de llegar.

Y por primera vez…Deseó que todo fuera mentira.

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