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Cadenas De Terciopelo Y Sangre

Cadenas De Terciopelo Y Sangre

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Venganza
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Alan, el implacable heredero de un imperio financiero con raíces oscuras, no conoce la palabra "no". Su vida es un tablero de ajedrez donde cada pieza se mueve bajo su obsesivo control. Sin embargo, para consolidar su dominio total frente a las facciones rebeldes de la mafia, necesita una alianza que solo el apellido de Madelyn puede sellar.

​Madelyn, conocida en el bajo mundo como la "Princesa Letal", es la heredera del Grupo Moral. Ella no es una ficha que se pueda mover; es una tormenta que se niega a ser domada. Orgullosa, rebelde y con las manos manchadas de la pólvora de su pasado, acepta un matrimonio arreglado no por sumisión, sino por una sed insaciable de venganza contra quienes destruyeron a su rama familiar.
​En una mansión que se siente como una jaula de oro, estalla una guerra fría de voluntades. Alan busca poseerla y quebrantar su orgullo; Madelyn busca quemar el mundo de Alan desde adentro. Pero en el roce de sus pieles y el choque de sus egos, surge una tensión

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capitulo 11

​La oficina de Alan en la planta alta de la mansión estaba sumida en una penumbra estratégica. Solo una lámpara de luz cálida sobre el escritorio de mármol cortaba la oscuridad, proyectando sombras alargadas que parecían garras sobre las paredes. El aire estaba impregnado del aroma a tabaco de alta gama y el sutil perfume metálico de los servidores informáticos que zumbaban en la habitación contigua.

​Alan estaba de pie frente al mueble bar, sirviendo dos dedos de whisky puro en un vaso de cristal tallado. Sus movimientos eran lentos, casi ceremoniales, pero había una rigidez en su espalda que delataba una mente que no encontraba el descanso.

​—No has tocado los informes del puerto, Alan —dijo una voz desde las sombras.

​Erick, la mano derecha de Alan y el único hombre que se atrevía a hablarle sin filtros, salió de la penumbra. Erick era la antítesis de Alan: más rudo, con las mangas de la camisa arremangadas y una cicatriz que le cruzaba la ceja, pero con una lealtad forjada en años de sangre compartida.

​Alan no respondió de inmediato. Hizo girar el líquido ámbar en su vaso, observando cómo las gotas resbalaban por el cristal.

​—Los informes son constantes, Erick. Los números son predecibles —dijo Alan, su voz sonando como un susurro cargado de estática—. Pero ella... ella es una anomalía en el sistema.

​Erick se acercó al escritorio y se apoyó en él, observando la pantalla de la tableta de Alan. En ella no había gráficos financieros, sino el punto azul del rastreador de Madelyn, moviéndose con lentitud por el jardín de la mansión.

​—Te estás obsesionando —sentenció Erick con una franqueza brutal—. He visto cómo la miras. Ya no es una transacción, Alan. Es una cacería. Y no estoy seguro de quién es el cazador en esta habitación.

​Alan dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco. Se giró hacia su amigo, y por un instante, la máscara gélida del heredero Valerius se agrietó. Sus ojos mostraban una intensidad febril, una mezcla de fascinación y una furia sorda que lo estaba consumiendo desde adentro.

​—He analizado cada perfil psicológico, cada movimiento de su pasado, cada registro del Grupo Moral —confesó Alan, su voz bajando a un tono peligroso—. Sé cómo piensa su padre. Sé cómo se mueven los Ivanov. Puedo predecir el mercado negro con un margen de error del dos por ciento. Pero con Madelyn, cada vez que creo que la tengo en un rincón del tablero, ella incendia la casilla.

​Alan comenzó a caminar por la habitación, sus pasos rítmicos marcando el pulso de su agitación interna.

​—Hoy aceptó el collar —continuó, casi para sí mismo—. Sabía que era un rastreador. Me desafió en la cara mientras lo llevaba puesto. No hay miedo en ella, Erick. Hay un hambre de algo que todavía no puedo identificar, y esa incertidumbre me está volviendo loco. El orden exige previsibilidad, y Madelyn es el caos encarnado en seda negra.

​Erick soltó un suspiro pesado y se sirvió su propio trago.

​—Es una Moral. Fueron criados en la pólvora. ¿Qué esperabas? ¿Una esposa que se sentara a bordar mientras tú conquistas el mundo?

​—Esperaba una herramienta —replicó Alan, deteniéndose frente al ventanal que daba al jardín—. Pero he encontrado un espejo. Ella me mira y no ve el poder de los Valerius; ve a un hombre al que puede herir. Y lo peor, Erick, es que estoy empezando a disfrutar de la posibilidad de que lo intente.

​La confesión quedó suspendida en el aire como una sentencia. Erick miró a su jefe con una mezcla de lástima y preocupación. Había visto a Alan destruir imperios sin parpadear, pero nunca lo había visto tan vulnerable a la voluntad de una sola persona.

​—Si no puedes controlarla, Alan, tendrás que eliminarla —dijo Erick, bajando la voz—. La fusión puede sobrevivir sin ella si el contrato de sucesión está bien redactado.

​Alan se giró bruscamente, y la mirada que le dedicó a su mano derecha fue tan letal que Erick dio un paso atrás por instinto. Era la mirada de un depredador protegiendo su presa más valiosa.

​—Nadie la toca —siseó Alan—. Ella es la pieza central. Sin Madelyn, el imperio no tiene alma, solo estructura. No voy a eliminarla, Erick. Voy a descifrarla. Voy a desmantelar cada una de sus defensas hasta que lo único que quede sea su lealtad hacia mí. Aunque tenga que quemar todo lo demás en el proceso.

​Erick asintió lentamente, entendiendo que Alan ya había cruzado el punto de no retorno. La obsesión ya no era estratégica; era personal, profunda y potencialmente destructiva.

​—Mañana es la boda —recordó Erick—. El mundo estará mirando. Los Ivanov estarán mirando. Asegúrate de que, cuando le pongas ese anillo, no estés sellando también tu propia condena.

​—La condena ya está sellada, Erick —respondió Alan, volviendo a mirar el punto azul en la pantalla—. Solo espero que el infierno sea tan interesante como ella.

​Erick se retiró en silencio, dejando a Alan a solas con sus pensamientos. Alan se acercó al escritorio y tomó la tableta. Con un movimiento del dedo, amplió la imagen del rastreador. Podía ver que Madelyn se había detenido cerca de la fuente del jardín. Podía imaginarla allí, bajo la luz de la luna, con el zafiro brillando en su cuello y la daga de su voluntad oculta bajo la piel.

​Sintió un impulso casi irresistible de bajar, de enfrentarla de nuevo, de sentir la electricidad de su desprecio. Pero se obligó a quedarse. El orden exigía paciencia. Mañana, ella sería oficialmente su esposa. Mañana, los muros de la mansión se cerrarían definitivamente a su alrededor.

​Alan bebió el último trago de su whisky, sintiendo el ardor en la garganta. La víspera estaba terminando. El tablero estaba dispuesto y, por primera vez en su vida, Alan Valerius no quería ganar el juego rápido. Quería que durara para siempre, solo para ver qué más era capaz de hacer la única pieza que no podía predecir.

​Se sentó en su sillón de cuero y cerró los ojos, pero lo único que vio fue el rastro de sangre en la mejilla de Madelyn y la promesa de una guerra que apenas comenzaba. La obsesión ya no tenía cura; se había convertido en su nueva religión. Y mientras la madrugada se cernía sobre la mansión, el rey de cristal aceptó que, por primera vez, estaba dispuesto a dejar que su trono se manchara con tal de no perder de vista a su reina letal.

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Lobelia ❣️
espero que sepa jugar sus cartas 😃😘
Lobelia ❣️
si que lo va volver loco 👏🥰
Celina Espinoza
vamos bien 😍🙏
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