Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.
Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.
Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.
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Capítulo 11
EINAR
Pasaron dos semanas desde que nos fuimos de Ciudad Selene. Sin imaginar que Kaelyn se enteraría de que ella nació allí y que además tenía una abuela que lloró arrepentida de no haberla salvado, pero al final ella no le guardó rencor y eso fue una apuñalada en el corazón de esa mujer que viviría con ese sentimiento durante toda una vida.
Al estar devuelta en el bosque, Kaelyn suspiró pesadamente, su cuerpo temblaba tanto que pensé que ella caería al suelo de rodillas, su labio inferior temblaba, sus ojos zafiro estaban llorosos, estar en Ciudad Selene le trajo muchas cosas entre ellas una verdad que seguramente ella no buscaba, pero que la vida quiso que ella supiera por algún motivo o razón que ni siquiera yo podía y ni quería entender.
Pero Kaelyn... estaba confundida, desconcertada, triste, llena de mucha incertidumbre. No le dije nada, ya estaba demasiado alterada como para querer escuchar más. Entonces ella dijo algo que me dejó completamente sorprendido.
—¿Por qué ayudaste a Ciudad Selene?—Preguntó de la nada, apenas manteniendo el tono de su voz firme.—Creí que odiabas esa ciudad y al final la ayudaste... no comprendo por qué, pero si no deseas decir el motivo... lo entiendo, no te voy a obligar a ello. Jamás a menos de que en algún momento quieras confesar esa razón.
La miré y ella tragó saliva.
—No lo hice porque esa gente me importara, no es así, no te confundas. Lo hice porque... esa mujer no merece vivir, por lo que pronto será ejecutada y el que dirija Ciudad Selene, será otro no yo.—Ella volvió a suspirar y simplemente siguió caminando, ignorando el hecho de mi verdadera razón de haberla hecho venir a Ciudad Selene.
—Bueno... como ya no tengo más razón para seguir en este viaje, yo te ayudé y gracias a eso descubrí una verdad que pensé en buscar por años, pero mi lealtad y amor a mi madre adoptiva fueron más fuertes que mi curiosidad a saber mi origen, ahora que lo sé... me doy cuenta de que realmente no necesitaba saberlo.—Soltó una risa seca, corta y sin gracia.—Soy libre de vivir una buena vida, pero para eso debo decirte que agradezco que hayas aparecido en mi vida y me hayas salvado de una muerte cruel y sin piedad.
Ahora debo irme—Se dio la vuelta para irse, pero no iba a permitir que se fuera. La tomé del brazo y la atraje hacia mí. Pegó contra mi pecho sorprendida por mi acción, quiso soltarse, pero solo consiguió que la sujetara con más fuerza.
—¿Quién te dijo que puedes irte?—Frunció el ceño—¿Acaso no has entendido que ahora tú me perteneces?—Me miró más desconcertada.
—Yo solo acepté venir a Ciudad Selene porque querías dejar el broche de tu madre en su tumba y además me hiciste destruir su tumba y las demás que había, no comprendo por qué ahora exiges que me quede.
Solté una risa que resonó en todo el área del bosque. Kaelyn se sobresaltó en mis brazos, la tomé del rostro con ambas manos y simplemente le dije lo que llevaba varios días sin encontrar las palabras correctas para decirle lo que tanto había querido negar.
—Te he deseado desde que te vi correr por tu vida por este mismo bosque, en la oscuridad de la noche, no dudé en salvarte porque en mi soledad, en mi oscuridad, te convertiste en la luz que sé que no merezco, que no quiero perder. Eres el ángel que mantiene en completa calma a los demonios que hay dentro de mí...—Ella no dijo nada, me miró, me tomó de las muñecas, no sonrió mucho menos hizo algo para alejarse o simplemente decir que no quería nada conmigo.—Todo lo que he tocado ha terminado en un charco de sangre, de no haber sido por tu luz y presencia, Ciudad Selene sigue con vida.
Tu solo existencia mantiene mi oscuridad y brutalidad bajo control, te he amado con miedo, con cuidado, con furia. Con la certeza de que no te merezco y aún así... no puedo dejarte, no puedo perderte... si me condeno entonces me condenaré amándote, porque eres mi Mate, mi vida, mi razón por la que no he dejado de creer en la vida y en el perdón.
—No necesito que seas un héroe—dijo con suavidad—. No necesito nada más que tu honestidad, la manera en que me miras, el modo en que dejas que sea la única cerca de ti.—Su franqueza me hizo flaquear, pero ella se mantuvo firme.—Nací sin ser querida. Nací siendo el recordatorio de que soy todo menos un ser humano con sentimientos, pero mi madre me dio un motivo por el cual debo vivir, ella una vez me dijo que a mi vida vendría alguien capaz de hacerme ver el mundo con otros ojos. Y ese eres tú...
Sus dedos atravesaron la tela de negra de mi ropa.—Siendo yo tu luz, no estoy aquí para sacarte de la oscuridad, —susurró—sino para caminar a tu lado dentro de ella. Y si ese camino nos condena, entonces que así sea, porque sin importar qué... nos volveremos a ver una y otra vez hasta el fin de los tiempos, de eso estoy muy segura.
En ese momento no tuve una respuesta para darle. Solo la atraje hacia a mí, sin la intención de quien por fin ha dejado de huir.