Gabriela es una adolescente. Quien no gusta mucho de estudiar. Pero un día. recibe una llamada, no sabe de quien se trata. Pues es número desconocido., cuelga pero al día siguiente. Vuelve a recibirla. Esta vez contesta. Escucha una vez. Que pregunta ¿Eres tú? Cada día recibirá la misma llamada e intentará no contestar. O ser lo más cortante posible. Aunque al final. Deja alargar la llamada y descubre algo sorprendente e inmaginable.
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Capítulo 8
Gabriela Seguía durmiendo, había pasado una buena parte de la noche dándole vueltas a lo que estaba pasando. Las cosas habían salido bien por así decirlo. Pero sabía que si esto seguía así. Sus padres podrían tomar cartas en el asunto, y eso ya era algo serio. La imaginación que tuvo al principio. Lo confirmaban. Ellos no eran personas que se mantuvieran tranquilos cuando algo afectaba directamente a la familia. Pero en especial a su querida hija. No despertaba hasta que sintió un poco de peso encima de ella. Confundiendolo con...
—¡Oye! ¡bájate ya gato de... Pesas mucho!
—¿¡Ah!?
—¡Ah! ¿Carol? ¡Carol!
—buenos días. Bella durmiente.
—oye, yo no soy una bella durmiente. Solo que no pude conciliar bien el sueño.
—¿en serio? Tanto que me confundiste con un gato.
—lo siento.
—está bien, aceptaré tus disculpas si me compras lo que yo quiera.
—¿en serio?
—sí.
—aaaah, me alegra mucho que ya estés mejor. Pero, ¿por qué porque quieres que haga esto?
—porqué soy tu mejor amiga y tu la mía. Nuestra relación funciona así. Es como la de una pareja. Pero a la vez no. Como decirlo... No tengo idea. Pero igual. Tu también me haces hacer cosas como esas.
—no es cierto. ¿Cuando te hice hacer ese tipo de cosas?
—el año pasado. Como unas cinco veces.
—dije que ¿cuando esté año...? Los de otros años no cuentan.
—sí. Claro, cuando te conviene.
—aaaah, está bien, pero que no sea tan caro, ¿sí? Que no tengo mucho dinero.
—bueno... Ya veremos eso. —dijo lo último en voz baja.
—¿Eh?
—ah, nada.
—entiendo, en fin. ¿Podrías bajarte de mí por favor?
—ah, sí? Lo siento. —se quita de encima de Gabriela.
—esta bien. —se levanta. —solo me cambio. Tomamos el desayuno y nos vamos. ¿Estás lista?
—ah... Un poco. Ayer te dije que ya estaba decidida, pero hace un rato estoy que si lo hago o no. Sí le digo lo que realmente siento o no. Cosas como esas me hacen dudar mucho. Pero mucho más de lo que crees.
—te entiendo. No quieres decir o hacer algún movimiento que no sea el correcto. Y que no pueda dar por terminado esto pacíficamente.
—así es. Vaya, a veces hablas como si supieras lo que dices. ¿Cómo si conocieras sobre eso.
—¡Oye! Yo he aprendido de todo sabes, que no me guste la escuela es otra cosa.
—¡aja! Sí.
—es cierto.
—bueno, vamos cámbiate que tenemos que estar pronto allí.
—sí.
Gabriela se cambió arreglo y bajo rápidamente, se sentó en la silla del comedor y en cuanto se sirvió su plato. Comenzó a comer como siempre. Eso hizo reír a su madre y su amiga. Quienes sabían que eso era significado de que ya se encontraba mejor.
Gabriela terminó su desayuno. Carol apenas había empezado. Y su Mamá todavía estaba en la cocina terminando su almuerzo. Puso los trastes en el lavado. Y fue por su mochila. Ella parecía más emocionada que nunca. Su mamá solo río y espero a que bajara otra vez. Carol terminó su desayuno tranquilamente. Dejo sus trastes en el lavado. Lavo los suyos y los de Gabriela. Agradeció por la comida otra vez y tomo su mochila. El almuerzo de Gabriela y el suyo. Se dirigió a la puerta. Donde la esperaba muy emocionada Gabriela. Se despidió de su madre tomó la mano de Carol y salió corriendo. Mientras Carol intentaba no caerse y que su falda no se levantará. Y lamentarse de la actitud de su amiga.
Llegaron rápido. Faltaban diez minutos para la entrada a clases. Muy poco tiempo, para decir lo que pensaba y sentía dijo Carol. Pero ella no estaba dispuesta a esperar más. En cuanto vio a clara que iba cabizbaja y sin ningún acompañante, ya que varias de “sus amigas” la abandonaron al saber la clase de gustos que tenía. En cuanto las vio. Volteo el rostro hacia otro lado y pretendió salir corriendo. Pero fue detenida de forma abrupta por Gabriela. Ósea. Le salto encima y logró botarla de un solo.
Decepcionada por no poder huir. Escondió su cara entre sus piernas. No quería que la vieran. Apenas tuvo las fuerzas para regresar. Dijo. Con la voz quebrada. Carol no sabía qué hacer. Su amiga había hecho algo tonto. Pero necesario para lo que ya había decidido hacer. Así que, sin más retraso. Suspiro fuertemente y hablo.
—clara, siento mucho que Gaby haya hecho esa tontería. ¿No te lastimaste? —pregunto agachándose y acercarse a sus rostro. —tú ten más cuidado. La pudiste haber lastimado.
—lo siento. Pero creí que si no lo hacía se podía escapar e ibas a perder la oportunidad de decirle lo que ya habías dicho que le ibas a decir.
—lo sé. Pero ten más cuidado por favor.
—sí...
—clara, verás, no sé cómo decirlo. Pero, estuve dándole varias vueltas al asunto. Tu confesión me sorprendió y mucho. No imaginas como lo pasé ese día y ayer.
—¡Y yo no! —clara levantó el rostro. ¿¡Crees que yo no!? ¡No sabes lo miserable que me sentí...! ¡No sabes cuanto llore en mi cama! ¡Cada mensaje de mis amigas diciendo que era una porquería! ¿Cómo fue que no nos dimos cuenta
¿Con quien estábamos? ¡Dijeron todo eso y más! ¡Me duele! Y... Ahora soy sola yo. Ya no tengo a nadie más. Tú... ¿Vienes a rechazarme verdad?
—clara...
—¿¡verdad!?
—yo... Sí.
—¡lo sabía! ¿Ya me puedo ir? —seguía llorando con los ojos rojos e hinchados.
—no, no me malentiendas. Yo no te odio. Ni nada de eso. ,me agradas y mucho. Pero, yo no tengo esos gustos. Gabriela y yo solo somos amigas. Nos queremos mucho. Como amigas. ,y yo... Quiero ser eso también. Ser tu amiga y Gabriela también.
—¿Ah? Ah, sí. Yo también quiero que seas nuestra amiga.
—¿ves? Sé que estabas pensando que te odio y no es así. Solo... Que mis gustos son otros. Me gustan los chicos. Pero respeto los tuyos. Quiero ser una amiga en la que puedas confiar. Y sí bueno... Alguna chica llama tu atención. Apoyarte cuando eso, pase. —un poco sonrojada.
—sí. Yo también. Queremos ser unas amigas en las que puedas confiar cuando sea. Incluso puedo buscarte una novia si quieres. ¿Verdad Carol?
—creo que este no es el momento para decirle eso. Aaaah, bueno, piénsalo. Tal vez no hoy. Pero quizás mañana. Estaremos esperando ahí. En el almuerzo. —señaló un árbol con asientos a su alrededor.
—¿Ahí?
—Gaby...
—Lo siento.
—bueno, si aceptas. Ven, que así sabremos que seremos amigas y te prometemos que seremos. Las mejores. —se puso de pie. —bueno... —tocaron la campana. —ya es momento de entrar a clases... —empezó a caminar hacia la entrada.