Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico
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Capítulo 8: El primer temblor
Arion despertó con una sensación extraña recorriéndole el cuerpo.
No era dolor.
Tampoco miedo.
Era un calor suave, latente, que parecía concentrarse bajo su piel, como si algo en su interior se despertara lentamente, como una chispa que cobraba conciencia propia. Cada respiración parecía más profunda, más pesada, y aun así ligera al mismo tiempo.
Se sentó en la cama, confundido, mirando sus manos. Su corazón latía un poco más rápido de lo normal y, al inspirar, el aire parecía cargado de un aroma nuevo, indefinible, que le erizaba la piel.
—¿Qué… es esto…? —susurró, apoyando una mano sobre el pecho.
Tengo calor… pero no estoy enfermo.
Al vestirse, notó que sus movimientos eran torpes, más lentos de lo habitual, como si su cuerpo reaccionara con un leve retraso. Cada roce de la tela contra su piel provocaba un escalofrío inesperado que subía desde la nuca hasta la punta de los dedos. Lo que antes le hubiera parecido normal ahora se sentía extraño, casi íntimo.
Al salir al pasillo, se encontró con una sirvienta mayor. Su mirada era firme, atenta, y Arion sintió un escalofrío aún antes de escuchar sus palabras.
—Joven Arion —dijo con cuidado—, ¿se siente bien?
—Creo que sí —respondió él, dudando—. Solo… un poco extraño.
Ella frunció el ceño y aspiró con discreción.
—Tal vez deberíamos avisar al señor Eryndor.
El nombre provocó un calor instantáneo en el pecho de Arion, mezclado con un cosquilleo en la nuca.
—¿Por qué? —preguntó, nervioso, sin comprender del todo la reacción de su cuerpo.
—Podría ser una reacción temprana —respondió la sirvienta, con la voz baja—. Su naturaleza está despertando.
Arion no preguntó más. No estaba seguro de querer escuchar la respuesta. Cada palabra sobre “naturaleza” le hacía sentir un escalofrío desconocido y una mezcla de miedo y curiosidad que le resultaba casi embriagadora.
Más tarde, en el jardín, trató de distraerse observando las plantas alquímicas. Cada hoja, cada flor, parecía más intensa, más viva. Los colores brillaban con una claridad que antes no había notado, y el aire estaba cargado con aromas mezclados de tierra húmeda y flores dulces. Cada sonido, desde el susurro del viento hasta el roce de las hojas, se amplificaba en su mente.
Y entonces lo sintió.
Una presencia.
—No estás bien —dijo Eryndor a su espalda.
Arion se giró de inmediato, sorprendido y a la vez aliviado de verlo allí.
—Yo… no sé qué me pasa —admitió, con un hilo de voz.
Eryndor lo observó con atención, acercándose lo justo para examinarlo sin tocarlo. Cada movimiento suyo irradiaba calma y autoridad, y aun así, para Arion, la proximidad era abrumadora. Podía sentir la energía del Enigma como una brisa cálida que atravesaba su piel y llegaba directo a su interior.
—Es tu cuerpo —explicó Eryndor con suavidad—. Está reaccionando al entorno… y al vínculo incipiente que se está formando entre nosotros.
Arion tragó saliva, consciente de que su corazón se aceleraba aún más.
—¿Es peligroso? —preguntó, con un hilo de voz tembloroso.
—No —respondió Eryndor—. Pero puede ser abrumador si no lo comprendes.
El omega dudó unos segundos antes de hablar. Sus palabras salieron torpes, sinceras.
—Cuando estás cerca… se intensifica.
Eryndor permaneció inmóvil, observando cada reacción de Arion con la paciencia de quien mide cada palabra antes de responder.
—Arion… —dijo con voz grave y profunda—. Si esto te incomoda, puedo mantener distancia.
La sola idea de que Eryndor pudiera alejarse provocó un nudo en el pecho del omega.
—No —respondió con rapidez—. Eso es lo extraño. Me asusta… pero no quiero que te alejes.
El Enigma lo miró fijamente, como si evaluara cada sílaba y cada pensamiento que escapaba sin permiso de su mente.
—Entonces confía en mí —dijo finalmente—. No cruzaré ningún límite que no quieras cruzar tú.
El viento movió suavemente las hojas del jardín, susurrando entre los arbustos y haciendo que la luz de la luna bailara sobre sus rostros. Arion cerró los ojos un instante, respirando hondo, intentando contener la mezcla de emociones que lo atravesaba. El calor seguía allí, el temblor también. Pero por primera vez, no se sentía solo frente a ello.
Al abrir los ojos, lo vio a Eryndor allí, silencioso, firme, esperando pacientemente. Y en algún lugar profundo de su interior, algo respondió.
Algo que reconocía a Eryndor como un punto seguro, un ancla en medio de la tormenta de sensaciones que lo recorría.
El corazón de Arion latía con fuerza, y por primera vez, el temblor no le parecía aterrador. Lo llenaba de vida, de expectativa… y de una curiosidad que no quería ignorar.
Porque por primera vez, no solo sentía miedo. Sentía algo más. Algo que apenas comenzaba a comprender.
Y sabía, en lo más profundo, que mientras Eryndor permaneciera cerca, no tendría que enfrentarlo solo.