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EN LA FRONTERA DEL DESEO

EN LA FRONTERA DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un omega que no se doblega.
Un Enigma incapaz de amar.
Cuando el deseo rompe el control, solo una elección puede salvarlos… o destruirlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Donde el deseo pide permiso

La tormenta los alcanzó antes del anochecer.

El cielo se cerró en un gris pesado y la lluvia cayó sin aviso, gruesa, persistente, volviendo el terreno un lodazal resbaladizo. Severin ordenó buscar refugio inmediato. Encontraron una cabaña de piedra abandonada, apenas un esqueleto con un techo inclinado que aún resistía el agua. No era amplia. No era cómoda. Pero los mantendría secos.

Entraron de prisa. El interior olía a humedad vieja y a madera podrida. La lluvia golpeaba el techo con fuerza, un tambor constante que hacía del mundo exterior un ruido lejano. Encendieron un fuego pequeño con dificultad. El humo se acumuló un poco bajo el techo bajo antes de encontrar salida por una grieta.

La cabaña obligaba a la cercanía.

Rhydian se quitó el abrigo empapado y lo colgó en una viga. La camisa se le pegaba al cuerpo por la humedad. El frío se colaba por cada poro. Se frotó los brazos, tiritando apenas.

Severin se quedó de pie unos segundos, observándolo sin querer.

—Cámbiate —dijo al fin—. Te enfermarás.

—No tengo ropa de repuesto —respondió Rhydian—. A menos que pienses prestarme la tuya.

Fue una broma. Una provocación ligera. Pero el aire se tensó de inmediato.

Severin se quitó la capa y la extendió hacia él.

—Póntela —dijo—. Al menos hasta que seque la tuya.

Rhydian dudó. No por pudor. Por la carga invisible del gesto. Tomar algo de Severin no era solo tomar tela. Era aceptar una cercanía que ambos habían estado bordeando sin nombrar.

La capa olía a aire frío, a metal, a algo sutilmente propio del Enigma. No era un aroma fuerte. Era… presencia.

—Gracias —dijo Rhydian en voz baja.

Se colocó la capa sobre los hombros. Le quedaba grande. El calor atrapado bajo la tela le recorrió el cuerpo como una caricia inesperada.

Severin apartó la vista.

El fuego crepitó. Afuera, la lluvia caía con más fuerza.

Los soldados se acomodaron en los bordes de la cabaña. El espacio central quedó, sin querer, para ellos dos. No se sentaron juntos de inmediato. La distancia era mínima, pero aún existía.

—Hoy en el refugio —dijo Rhydian de pronto—. Dijiste que no podías ignorarme.

Severin cerró los ojos un instante. Luego los abrió.

—No debería haberlo dicho.

—Pero lo hiciste.

El Enigma lo miró. La luz del fuego suavizaba los bordes duros de su rostro, haciéndolo parecer más humano de lo que Severin solía permitirse.

—No sé qué quieres que haga con eso —admitió—. No sé… cómo manejarlo.

Rhydian sintió que algo se le apretaba en el pecho.

—No te pedí que lo manejaras como un problema —dijo—. Solo que no me mires como si fuera uno.

El silencio se cargó. La lluvia marcaba un ritmo constante contra el techo. La cabaña parecía respirar con ellos.

Severin se acercó un poco más. No lo tocó. La cercanía era una línea fina que ninguno se atrevía a cruzar del todo.

—Si doy un paso más —dijo en voz baja—, no sé si sabré retroceder.

Rhydian levantó la vista, encontrándose con sus ojos grises a esa distancia peligrosa.

—No te estoy pidiendo que retrocedas —susurró—. Solo que no huyas de lo que ya está aquí.

La tensión entre ambos era casi palpable. No era urgencia física. Era ese momento previo, cargado de posibilidad, donde el deseo todavía pide permiso para existir.

Un trueno sacudió la cabaña. Uno de los soldados se movió en sueños. El mundo recordó su presencia.

Severin dio medio paso atrás.

No en rechazo. En reconocimiento de un límite que todavía no estaba listo para cruzar.

—Descansa —dijo—. Mañana será un día largo.

Rhydian asintió, aunque el pulso le seguía acelerado.

Se acomodaron para dormir a poca distancia. La capa de Severin aún sobre los hombros de Rhydian, el fuego reduciéndose a brasas, la lluvia marcando un ritmo constante.

No se tocaron.

No se besaron.

Pero esa noche, el deseo ya no era solo tensión.

Era una pregunta abierta entre dos personas que, por primera vez, no sabían cómo seguir fingiendo que no sentían.

1
"katu azul"
buenoooooo que comience la diversión /Scream//Scream//Scream/
pryz
Estos dos son lentos
pryz
No puedo con estos dos
pryz
Repito son tontos
pryz
Ya empezamos con los celos 🤭
pryz
Tontos los dos
pryz
Estos son tontos o se hacen
pryz
Se siente en el corazón pero lo que se usa para pensar es la cabeza amigo
Rosario Simental: no me gusta leer en pausas se pierde el interés. ponganlas completas y seguiré siendo su fiel lectora. gracias
total 1 replies
pryz
Asi se habla sin pelos en la lengua
pryz
Vamos bien, no se deja
pryz
Quw manera de decir me gustas
pryz
Ok vamos bien, nada de protas tontos
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