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Desafiando Al Rayo

Desafiando Al Rayo

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Mundo mágico / Edad media
Popularitas:8.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Elena nunca pensó que la vida le daría otra oportunidad… pero en el cuerpo de Elyria Montclair la villana del libro que acababa de leer. Mientras intenta adaptarse, su inteligencia aguda y espíritu indomable chocan con el carácter impecable y enigmático de Alaric Blackthorn.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Provocaciones

El despacho del archiduque estaba sumido en una calma engañosa. Las cortinas apenas se mecían con el viento nocturno, y el aroma a madera y pergamino se mezclaba con algo mucho más peligroso.

Elyria se encontraba sobre Alaric, aún sin aliento, con el pulso acelerado y una sonrisa satisfecha curvándole los labios. Él descansaba contra el respaldo del sofá, una mano recorriéndole la espalda con una lentitud casi inocente… demasiado inocente para quien era.

—¿Ya pensaste con quién asistirás a la fiesta de la princesa Amelia? —preguntó de pronto, fingiendo desinterés, como si su tono no hubiera sido cuidadosamente calculado.

Elyria lo miró por unos segundos, evaluándolo. Luego sonrió.

Despacio. Provocadora.

—No lo sé aún —respondió, inclinándose un poco más hacia él—. Tal vez acepte la invitación de Cassian.

El efecto fue inmediato.

Alaric se incorporó con rapidez, atrapándola por la cintura y pegándola contra él, su mirada clavándose en la suya con una mezcla peligrosa de sorpresa y molestia.

—¿Cassian? —repitió, con la mandíbula tensa.

Elyria no pudo evitar reírse.

—Vaya… —murmuró divertida—. ¿Eso fue celos, archiduque?

—No digas tonterías —respondió él, pero su mano la sujetó con más firmeza—. Ese hombre no tiene nada que ofrecerte.

—¿Ah, no? —replicó ella, ladeando la cabeza—. Es encantador, atento… y bastante insistente.

Los ojos de Alaric se oscurecieron.

—No te queda bien provocar —dijo en voz baja.

—Mentira —susurró Elyria, apoyando la frente contra la suya—. Me queda demasiado bien.

El silencio que siguió fue denso, cargado de cosas que ninguno estaba dispuesto a decir… pero que ambos sentían con demasiada claridad.

Elyria ladeó la cabeza, observándolo con fingida inocencia, como si no hubiera notado el evidente cambio en su expresión.

—Aunque pensándolo bien… —añadió con una sonrisa traviesa—, quizá asista con mi padre y mi hermano.

Alaric la miró, claramente desconcertado.

—¿Con el Duque Magnus y Darían?

—Por supuesto —respondió ella encogiéndose de hombros—. Sería lo más adecuado, ¿no crees? Una joven soltera acompañada por su familia.

Hizo una breve pausa… solo para rematar:

—Aunque qué aburrido sería.

Los labios de Alaric se tensaron.

—No pareces muy convencida.

—Oh, no lo estoy —admitió Elyria—. Pero siempre queda otra opción.

Se inclinó un poco más hacia él, mirándolo desde abajo.

—¿O acaso pensabas invitarme tú?

El silencio fue inmediato.

Alaric sostuvo su mirada durante un largo segundo antes de responder:

—No sería prudente.

—Exacto —dijo ella, sonriendo como quien acaba de ganar una partida—. Un hombre soltero y una mujer soltera asistiendo juntos a un evento tan importante…

Chasqueó la lengua.

—Los rumores serían inevitables.

—No me importan los rumores —replicó él con frialdad.

—A mí tampoco —contestó Elyria—. Pero a la nobleza sí.

Los ojos de Alaric se afilaron.

—Estás disfrutando esto.

—Muchísimo —admitió sin pudor—. Verte debatirte entre lo que quieres y lo que debes hacer es fascinante.

Él exhaló despacio, conteniéndose.

—Juegas con fuego, Elyria.

—Lo sé —respondió ella con una sonrisa lenta—. Pero tú eres el que controla los relámpagos… ¿o ya no?

Los días transcurrieron con una calma engañosa, como si el castillo mismo contuviera la respiración ante lo que se aproximaba. Y cuando finalmente llegó el día del baile en honor a la princesa Amelia, la mansión Blackthorn se llenó de un movimiento elegante y contenido.

El duque Magnus Montclair y su hijo Darían aguardaban en el gran salón, conversando en voz baja mientras los sirvientes ultimaban los detalles. Alaric se encontraba a unos pasos de ellos, impecable como siempre, con el porte serio que lo caracterizaba… aunque por dentro no estaba ni de lejos tan tranquilo.

Entonces, el sonido suave de unos pasos descendiendo por la escalera principal atrajo todas las miradas.

Elyria apareció.

El vestido que llevaba parecía hecho para robar el aliento: un rojo profundo que contrastaba con el blanco marfil de la falda interior, bordado con delicados detalles dorados que brillaban bajo la luz de los candelabros. El corsé realzaba su figura con elegancia, dejando al descubierto sus hombros con una sutileza peligrosa, y su cabello recogido dejaba ver su cuello con una gracia casi provocadora.

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Alaric dejó de respirar.

No fue algo consciente. Simplemente… no pudo apartar la mirada de ella.

Durante un breve instante olvidó dónde estaba, quiénes lo rodeaban y el papel que debía interpretar. Solo existía Elyria descendiendo lentamente, como si cada escalón fuera una tortura deliciosa.

—Estás… —murmuró sin darse cuenta, antes de corregirse—. Estás hermosa.

Elyria alzó la vista hacia él y sonrió, una de esas sonrisas que solo reservaba para provocarlo.

—Gracias —respondió con suavidad—. Tú tampoco te ves nada mal, Archiduque.

Sus ojos recorrieron su figura con descaro calculado, lo justo para que él lo notara.

Alaric carraspeó y, recordando de golpe la presencia del duque y Darían, adoptó de inmediato su expresión habitual: fría, distante, perfectamente controlada. Enderezó la postura y desvió la mirada como si Elyria no acabara de desarmarlo por completo.

—Me alegra ver que está lista, lady Montclair —dijo con formalidad, como si no hubiera estado a punto de olvidar su propio nombre—. El carruaje partirá en breve.

Darían, que no era ningún tonto, alzó una ceja con diversión, mientras Magnus observaba la escena con una calma demasiado perspicaz.

Elyria reprimió una risa.

—Por supuesto —respondió, inclinando ligeramente la cabeza—. No querríamos llegar tarde a un evento tan… importante.

Al pasar junto a Alaric, rozó apenas su brazo, lo suficiente para que él tensara la mandíbula.

Indiferencia, se dijo. Perfecta indiferencia.

Pero mientras ella se alejaba, el Archiduque supo que esa noche, más que rumores, lo que realmente estaría en peligro sería su autocontrol.

El carruaje con el emblema de los Montclair fue el primero en detenerse frente al palacio real, iluminado para la celebración del cumpleaños de la princesa Anastasia.

Apenas las puertas del carruaje se abrieron, varias miradas se dirigieron hacia ellos.

El primero en descender fue el duque Magnus Montclair.

Alto, de porte impecable y rostro severamente atractivo, caminó con la seguridad de quien estaba acostumbrado a ser observado y respetado. No necesitaba exagerar ningún gesto; su sola presencia imponía.

A su lado descendió Darían Montclair.

El heredero del ducado proyectaba una elegancia más joven, pero no menos firme. Su fama como gran mago lo precedía, y más de un noble lo observó con interés y cautela. Era evidente que no se trataba solo de un apellido importante, sino de alguien con verdadero poder.

Por último, Elyria bajó del carruaje.

Y el efecto fue inmediato.

Las conversaciones se apagaron por un instante.

Aquella noche, Elyria Montclair se veía distinta a todas las demás ocasiones. No había rastro de ligereza ni de la imagen frívola que algunos aún asociaban con su nombre. Su porte era elegante, su mirada firme, y cada paso que daba transmitía seguridad.

No parecía una joven que asistía a un baile.

Parecía alguien que pertenecía allí.

Los hombres no pudieron apartar la mirada de ella, siguiéndola con descaro apenas disimulado. Las damas, en cambio, comenzaron a observarla con expresiones tensas, algunas claramente molestas, otras abiertamente hostiles.

Elyria lo notó.

Y no le importó en lo más mínimo.

Los tres avanzaron juntos hacia el interior del palacio y fueron anunciados con solemnidad:

—Duque Magnus Montclair, heredero Darían Montclair y lady Elyria Montclair.

Las miradas se posaron en ellos mientras cruzaban el umbral del gran salón, mostrando seguridad, imponencia y una calma que dejaba claro que no estaban allí para impresionar… sino porque pertenecían a ese nivel.

Poco después, un murmullo distinto comenzó a recorrer el salón.

No era curiosidad.

Era expectativa.

Las grandes puertas del salón de baile se abrieron con lentitud, y el sonido de los instrumentos se desvaneció poco a poco, como si incluso la música supiera que debía apartarse.

Un heraldo avanzó un paso al frente.

—Archiduque Alaric Blackthorn.

La atención del salón entero se volcó hacia la entrada.

Alaric cruzó el umbral con paso firme, sin prisa, sin necesidad de apresurarse. Su sola presencia imponía respeto, como una tormenta contenida bajo una fachada impecable. Alto, de porte elegante y expresión severa, parecía dominar el espacio con cada movimiento.

No era solo su título lo que lo hacía destacar.

Era él.

Uno de los solteros más codiciados del reino… y también uno de los más temidos.

Las damas lo observaron con evidente interés, algunas enderezando la postura, otras intercambiando miradas calculadoras. Los nobles, en cambio, midieron cada gesto, conscientes del poder real que representaba.

Alaric avanzó por el salón sin mostrar emoción alguna, saludando apenas con inclinaciones mínimas de cabeza, hasta que sus ojos —inevitablemente— encontraron a Elyria.

Y por un instante, el mundo pareció reducirse solo a ella.

No apartó la mirada de inmediato.

No pudo.

Elyria Montclair destacaba entre todos, elegante e imponente, muy distinta a como muchos la recordaban. Y aunque Alaric se obligó a mantener el gesto impasible, algo en su mirada se tensó… y no pasó desapercibido.

Con un esfuerzo evidente, desvió la atención y continuó avanzando, recuperando la compostura.

La noche apenas comenzaba.

Bastaron unos minutos para que anunciaran a la familia real.

Las conversaciones se apagaron poco a poco cuando las puertas principales del salón se abrieron nuevamente. El heraldo elevó la voz, nombrando uno a uno a los miembros de la realeza, hasta llegar a la protagonista de la noche.

La princesa Anastasia hizo su entrada con una sonrisa impecable, envuelta en un vestido digno de su posición, irradiando carisma y una ligereza que contrastaba con la rigidez de la corte. A su lado, el rey y la reina avanzaron con paso solemne, seguidos por el príncipe heredero.

De inmediato, los nobles comenzaron a acercarse.

Felicitaciones exageradas. Sonrisas ensayadas. Reverencias cargadas de hipocresía.

Anastasia respondió a cada uno con gracia estudiada, aunque sus ojos parecían buscar rostros conocidos entre la multitud.

Más tarde, fue el turno de los Montclair.

El duque Magnus avanzó con seguridad, acompañado por Darían y Elyria. Los tres realizaron una reverencia impecable frente al rey y la reina. El saludo fue breve, correcto, tal como dictaba el protocolo.

—Duque Montclair —saludó el rey con un tono sorprendentemente animado—. Es un placer tenerlo aquí.

—El honor es nuestro, majestad —respondió Magnus con formalidad, sin excederse ni un ápice.

Darían intercambió saludos con el príncipe heredero, mientras Elyria inclinaba la cabeza con elegancia frente a la reina. Todo era medido. Correcto. Impecable.

Finalmente, llegaron frente a Anastasia.

Por un segundo, ambas se miraron… y la rigidez desapareció.

—Princesa —saludó Elyria con una leve reverencia.

—Lady Montclair —respondió Anastasia del mismo modo.

Sonrieron.

No como dos nobles.

Sino como dos amigas.

El intercambio fue breve, elegante, perfectamente acorde a las apariencias, pero quien las conociera lo suficiente habría notado el brillo cómplice en sus miradas.

Una vez concluidas las felicitaciones, el grupo se dispersó.

El duque Magnus fue rápidamente abordado por otros nobles interesados en conversación y política. Darían, con una sonrisa relajada, se excusó para ir en busca de una bebida.

Y Elyria quedó sola.

O eso parecía.

Con paso tranquilo, comenzó a recorrer el salón, observando a los invitados, los vestidos, las miradas que se cruzaban… y aquellas que se posaban en ella más tiempo del debido.

Mientras avanzaba por el salón, Elyria sintió una mirada fija, intensa, clavándosele en la nuca como una caricia peligrosa.

Sonrió apenas.

No necesitaba girarse para saber quién era.

La música cambió y, con ella, el ambiente del salón. El primer baile fue anunciado y no tardaron en acercarse varios jóvenes nobles, uno tras otro, con sonrisas ensayadas y reverencias cuidadas.

—Lady Montclair, ¿me concedería este baile?

—Sería un honor…

Elyria los rechazó a todos con elegancia impecable.

—Me temo que el primer baile está reservado —respondió finalmente, girándose hacia su padre—. Si no os molesta, padre.

El duque Magnus alzó una ceja, sorprendido… y claramente complacido.

—Jamás me molestaría —dijo, ofreciéndole el brazo.

Bailaron entre comentarios suaves y sonrisas discretas. Elyria se movía con naturalidad, segura, consciente de cada mirada que se posaba sobre ella. Al terminar, fue Darían quien tomó su lugar. Con él, el baile fue más relajado, casi divertido, arrancándole una risa sincera que no pasó desapercibida.

Cuando la música cesó y Elyria volvió a quedarse sola, alzó la vista justo a tiempo para ver al Archiduque Blackthorn avanzar hacia ella.

Su expresión era ilegible, pero sus ojos…

Oh, sus ojos prometían problemas.

Sin embargo, antes de que Alaric pudiera llegar hasta ella, una figura se interpuso con absoluta naturalidad.

—Lady Elyria —dijo el príncipe heredero, inclinándose levemente—. ¿Me concedería este baile?

La pregunta fue directa. Clara. Imposible de esquivar sin levantar rumores.

Elyria sostuvo su mirada por un segundo y luego sonrió.

—Será un placer, alteza.

La música volvió a llenar el salón y ambos se unieron al baile. El príncipe era un excelente bailarín: atento, respetuoso, con una conversación ligera que hacía fácil moverse a su ritmo.

—No suelo verte en el centro de tantas miradas —comentó él con una sonrisa suave.

—Tal vez porque hoy decidí no esconderme —respondió ella, sin bajar la guardia.

Las miradas no tardaron en concentrarse en ellos. Algunas damas murmuraban entre sí, otras observaban con abierta desaprobación. Elyria lo notaba todo… pero había algo más.

Una presión constante.

Un peso invisible.

Al alzar la vista, se encontró con unos ojos grises que la atravesaban sin pudor alguno.

Alaric.

Si las miradas mataran, el salón ya estaría cubierto de cadáveres.

Elyria sostuvo su mirada apenas un segundo más de lo necesario, con una calma provocadora, antes de volver su atención al príncipe.

No llegaron a terminar el baile.

De pronto, una mano firme se posó sobre la de Elyria.

—Creo que ya es suficiente, alteza —dijo una voz grave, cargada de autoridad.

Alaric estaba allí.

Había llegado tan cerca que Elyria pudo sentir su presencia incluso antes de verlo. El príncipe heredero alzó la vista, sorprendido, pero no molesto.

—Archiduque —saludó con calma.

—Con su permiso —continuó Alaric, sin apartar los ojos de Elyria—. Tomaré el siguiente baile.

No fue una petición.

Fue una afirmación.

Y antes de que nadie pudiera objetar nada, Alaric ya la había atraído hacia él, casi arrebatándosela de las manos al príncipe.

El murmullo del salón creció.

Elyria, en cambio, solo alzó una ceja… y sonrió.

La noche prometía volverse interesante.

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Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
que el Richard ese tratara de vengar a su zorrita y terminará sin cabeza, y que esos dos ya se declaren jajajja ellos se ve que derrochan amor 😻
Johann
❤️❤️❤️❤️👏👏👏👏
Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios cada capítulo se vuelve mejor que el anterior que emoción aaaaah.
autora preguntaaa: la prota se está cuidando verdad? no queremos bebé todavía o si?? 👀👀👀👀
Juna: Aaa muchas gracias 🥹💖 de verdad me hace muy feliz leer esto.
total 4 replies
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
espere todo el día por esta hermosa historia jajjaj no me arrepiento de nada 😻😻
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
jajajajjaja celos de tus ojos cuando miras a otro chico, tengo celos, celos de tí 👀🎵🎶🎶🎵🎵 ajjajajajja
Flor R
Amelia solita está buscando su tumba
Mauge Albornoz Diaz
me encanta cada capítulo mejor q el anterior
Mauge Albornoz Diaz
está muy buena la historia me encanta
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
autora eso no es justo, como nos vas a dejar asiii 😭😭😭😭😭😂😂😂😂😂
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios, que albino más hermoso, precioso, divino, papasito, está como el pan, bien bueno 🫦🫦🫦🫦😻😻😻/Drool//Drool//Drool/
Johann
👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰
Lena
La protagonista de esa novela: la mosquita muerta esa
Flor R
sus modos son explosivos pero ya encontrarán un punto intermedio ☺️☺️☺️☺️😊
Nella Reyes
yo me apunto para madrastra... ese duque esta para soñar
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
dejame decirte autora, q me encanta la historia, la manera en la que relatas y escribes es impresionante a pesar de que mencionaste de q está era la primera historia que te animabas a escribir 📖✨❤️📚
Johann
👏👏👏👏
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