Valeria sobrevive a un matrimonio gélido refugiándose en un cuarto secreto, donde plasma en lienzos los sueños húmedos que tiene con un hombre desconocido que la adora. Tras descubrir la cínica traición de su esposo, el dolor se transforma en una sed de venganza diseñada con la precisión de una obra de arte. En esta batalla por su amor propio, la línea entre la fantasía y la realidad se rompe cuando el hombre de sus pinturas aparece frente a ella, desatando un deseo prohibido que podría ser su salvación o su ruina.
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el plan en la sombrdc
Capítulo 23:
Julián terminó de organizar los papeles en su escritorio. Se sentía distinto; después de hablar con el contador y ver las cuentas en Rusia, sentía que tenía un arma poderosa en sus manos. Salió de la oficina con el rostro serio, caminando con paso firme. Al pasar por el escritorio de la secretaria nueva, la miró un segundo, pero no le dijo nada, ni siquiera un "hasta luego". Ella lo observó de arriba abajo, pero él simplemente siguió de largo hacia el ascensor.
Mientras bajaba, Julián se miró en el espejo. Se arregló el saco, se pasó la mano por la cara y trató de quitarse el cansancio de los ojos. Al llegar abajo, salió caminando rápido. El portero ya tenía su auto listo y le entregó las llaves. Julián se subió, prendió el motor y salió a las calles de la gran ciudad. Nueva York estaba llena de gente, de luces y de ruido, pero él solo podía pensar en una cosa: su encuentro con Beatriz.
Llegó al hotel y subió directo a la habitación. Beatriz ya estaba ahí, esperándolo. Estaba sentada en un mueble cerca de una mesa que servía de bar. Se veía muy elegante, como siempre, tomando un vino de los más caros y fumando con mucha calma. Pero detrás de ese humo, su cabeza no paraba de trabajar. Beatriz pensaba en lo que le había dicho esa persona misteriosa sobre el divorcio y cómo ella debía terminar casada con Adrián, pero ver entrar a Julián la sacó de sus pensamientos.
Al escuchar que la puerta se abría, Beatriz se levantó despacio. Se acercó a él y le dio un beso romántico, pero sintió algo que la dejó helada. Julián traía una tranquilidad que daba miedo. Se sentaron y Julián le contó lo que había pasado en la empresa.
—Valeria me quiere sacar de la casa y me pidió el divorcio —dijo Julián mirándola a los ojos dijo beatriz—.acuerdaste del plan Hay un fraude millonario con cuentas en Rusia. Mi plan principal es culparla a ella de todo. Si logro meterla a la cárcel por fraude, ella pierde el control de todo y tú queda con la herencia de la empresa mientras ella se pudre tras las rejas.
Julián se quedó callado, analizando la jugada mientras le quitó el cigarrillo y lo fumabs soltaba el humo del cigarrillo.
—Es una buena jugada, beatriz—respondió el con voz fría—. Pero escúchame: por ahora, dejemos ese plan como el número uno. Pero si no logramos meterla presa, si algo sale mal con las pruebas, entonces pasamos al pkan dos : el accidente. Si no la encerramos, la eliminamos. De cualquier forma, tú te quedas con los bienes y con la empresa.
Julián asintió. Le gustaba tener ese respaldo. Si la justicia no la quitaba del camino, lo haría el destino que él mismo iba a fabricar.
Mientras tanto, en un lugar mucho más tranquilo, Valeria y Adrián estaban terminando de vivir un momento que ella no quería que se acabara nunca. Después de haber estado juntos, de haber hecho el amor sin necesidad de decirse nada, Valeria se sentía protegida. Estar en los brazos de Adrián era lo único que le daba paz en medio de tanto desastre con Julián.
Sin embargo, la realidad siempre llama a la puerta. Valeria sabía que no se podía quedar ahí para siempre. Tenía que volver a su mansión. Cuando salieron de la cabaña, Adrián la tomó por los hombros y le dio un beso de esos que parece que no quieren soltar nunca. Él quería que ella se quedara, pero los dos sabían que todavía no era el momento.
Valeria se subió a su auto y manejó de regreso a la mansión. Al llegar, todo estaba en silencio. La muchacha que trabaja en la casa salió a recibirla.
—Buenas noches, señora Valeria. ¿Ya llegó el señor Julián? —pregunto Valeria.
—No, no ha llegado —respondió la muchacha del servicio y le dijo
—¿Quiere que le caliente la cena?
—No, gracias. Contesto Valeria Solo quiero dormir.
Valeria subió las escaleras, pero entró al cuarto de visitas para no estar donde Julián. Se metió a bañar, se hizo su aseo personal, se peinó y se puso una pijama cómoda. En cuanto tocó la cama, se quedó profundamente dormida, sin sospechar que su esposo ya estaba decidiendo si su futuro sería una celda o un ataúd.
Tres semanas para el final
De vuelta en el hotel, Julián y Beatriz seguían puliendo los detalles.
—No te puedes ir de la casa todavía —le advirtió Beatriz—. Si te vas ahora, no vas a poder sembrar las pruebas del fraude ni vigilar con quién habla. Tienes que quedarte ahí para controlar cada movimiento de ella.
Julián asintió. Tenía razón.
—Mañana voy a hablar con ella. Le voy a decir que no me puedo ir así de rápido, que me dé por lo menos tres semanas para organizar mis cosas. Le voy a llorar un poco, a decirle que estoy destrozado por el divorcio para que baje la guardia. Ella siempre ha sido blanda y me va a decir que sí.
Beatriz sonrió de lado. Esas tres semanas serían el tiempo perfecto para preparar los documentos del fraude ruso y, por si acaso, planear ese "accidente" como segunda opción. Julián se terminó su trago, se despidió de Beatriz y salió del hotel. Mientras manejaba de regreso a la mansión, se sentía poderoso.
Llegó a la mansión y entró con cuidado. Subió los escalones despacio, saboreando el silencio. En su mente, esas tres semanas ya habían empezado a correr. Cada día sería un paso más cerca de ver a Valeria tras las rejas o bajo tierra. Se acostó en otro cuarto, pensando en la actuación que daría mañana. El plan estaba en marcha y Julián ya se sentía el dueño de la vida y el futuro de Valeria.