Sofía y Nathan siempre fueron mejores amigos… hasta que una noche de impulso lo cambió todo. Ahora, atrapados entre secretos, rumores y un contrato absurdo que los obliga a casarse, deberán enfrentar emociones que nunca imaginaron.
NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No se lo digas a nadie
...CAPÍTULO 8...
...----------------...
...SOFÍA RÍOS...
No sabía qué era peor:
si el silencio tenso que había quedado entre Nathan y yo…o la idea de que acababa de descubrir lo único que juré mantener bajo llave.
Nathan seguía ahí, en medio de mi sala, sosteniendo las pruebas de embarazo como si fueran dinamita y él solo estuviera esperando el momento exacto en el que le explotaran en la cara.
Yo todavía tenía las manos temblorosas, apoyadas sobre la encimera de la cocina. Nunca, en todos los años que lo conocía, lo había visto así: tan serio, tan pálido, tan… callado.
—¿Por qué estabas escarbando en mis cosas? —le suelto.
Mi voz suena alterada, rota, demasiado alta.
—No estaba escarbando —dice, con la voz baja, firme, casi dolida—. Estaba buscando las toallas. Abrí el cajón… y estaban ahí.
Levanta ligeramente las dos pruebas positivas.
Pasan segundos antes de que pueda respirar.
—Sofía… —su mandíbula se tensa—. ¿Quién más lo sabe?
Me quedo quieta.
Quisiera irme corriendo, desaparecer, hacer como que nada de esto está pasando. Pero no puedo.
—Mi familia, las chicas… —respondo apenas audible.
Nathan aprieta los labios, como si tratara de procesar demasiadas cosas a la vez. Suspira y entonces, con la voz más baja, casi un murmullo que me revienta en el pecho, pregunta:
—Solo por curiosidad… y porque hay una probabilidad. Pequeña, pero la hay. Sofía… ¿de quién es?
Eso bastó. Las lágrimas simplemente caen y el entiendio de inmediato.
Lo veo cerrar los ojos, negar con la cabeza y pasarse las manos por el cabello en un gesto que conozco demasiado bien. Frustración y miedo…
—¿De verdad…? —su voz se quiebra un poco—.¿De verdad, Sofi?
No puedo responder.
Solo lo miré, llorando.
—No puedo creerlo —murmuró al fin, más para sí que para mí—. ¿Desde cuándo lo sabes, Sofía?
Me mordí la mejilla, evitando mirarlo directamente.
—Me enteré hace unos días.
Nathan soltó una risa corta, incrédula, casi amarga.
—¿Y cuándo pensabas decírmelo? —su pregunta no suena enfadada… suena herida.
—Nathan…
—No, en serio —interrumpió, subiendo la voz—¿En qué momento ibas a soltar esto? ¿Cuando el niño ya estuviera caminando? ¿O nunca?
Sentí la garganta cerrarse.
—No sabía cómo ibas a reaccionar. Precisamente por eso… y porque tengo novio, Nathan. No era algo que pudiera decir fácilmente.
Él se pasó las dos manos por el cabello, tirando un poco de las raíces.
—Claro. Tu novio. —Chasqueó la lengua—. ¿Sabes? Creí que ya habíamos pasado esa etapa de ocultarnos cosas. Pero parece que no.
La culpa me arrastró como una ola y ahí, cuando pensé que la situación no podía sentirse más pesada, llegó la pregunta que sabía que tarde o temprano soltaría.
Nathan levantó la vista, los ojos oscuros clavados en mí.
—Sofía… —traga duro—. ¿Estás segura?—Pauso y luego respiro—¿Segura de que es mío?
Mi corazón latió tan fuerte que pensé que se me iba a salir del pecho.
—Sí, Nathan. —Mi voz tembló—. Estoy completamente segura. Hice las cuentas. Esa noche… —bajé la mirada— fue justo después de que peleara con Alex. No habíamos… bueno, ya sabes… desde hacía semanas.
Nathan cerró los ojos un instante.
—Joder… —susurró, retrocediendo un paso—. No puede ser. No. No, no… Sofía, yo… yo apenas tengo veinte años. ¡Veinte! Estoy empezando la puta vida. Estamos empezando a vivir, Sofía. La banda está despegando. Estamos grabando un nuevo álbum, nos estamos moviendo por todo el país. Tenemos un contrato nuevo, la gira, los medios encima… ¿Sabes lo que esto puede significar?
Me abracé los codos.
—Lo sé… —dije bajito.
—¡No, no lo sabes! —soltó él, con la voz rota—. Maldita sea, Sofía… esto… esto no estaba en mis planes.
Me dolió escucharlo así, tan asustado, tan desbordado. Yo también estaba aterrada. Yo también estaba rota.
—Nathan… tampoco la agarres conmigo. Yo estoy en las mismas o peor que tú en esta situación y no sé qué hacer —le dije—Yo tampoco sé qué hacer.
—Ah, ¿no? —preguntó él con ironía—. Pero bien que no pensaste en lo que hacías cuando decidimos que era una excelente idea acostarnos. Tú y yo. Los mejores amigos de toda la vida ¡Claramente el mejor plan!
Me mordí la lengua, herida.
—No tienes porque hablarme así. Ambos aceptamos. Esto fue mutuo —le dije con voz temblorosa
—Sí, claro. —Se rió sin humor—. Y ambos jodimos todo juntos. Fantástico.
Lo vi sacar un cigarrillo del bolsillo y prenderlo con las manos ansiosas.
—Nathan… aquí no —susurré.
—Lo siento, Sofía —escupió—, pero la situación lo amerita.
Me abrazaba el vientre plano.
Sentía el corazón golpeándome los oídos.
—Estaba pensando en… en abortar —dije finalmente—. Tal vez es lo más sensato. Para todos.
Nathan me miró como si le hubiera dicho la peor blasfemia del mundo. Sus ojos se abrieron, se endurecieron, se llenaron de fuego.
—No —dijo, tajante.
—Nathan…
—¡No! —repitió, avanzando hacia mí—. Estás loca si crees que voy a permitir que mates a nuestro hijo por los errores estúpidos que cometimos.
Sus palabras me atravesaron.
—Yo no dije que quisiera hacerlo, solo dije que…
—Que es una salida rápida —me interrumpió, dolido—. Y tú no eres así. Yo te conozco.
—Yo… no sé qué hacer —mi voz se quebró—. No quiero lastimar a Alex, Nathan. Él no merece esto.
Él soltó una carcajada amarga.
—Ay, por favor, Sofía… —me mira con sarcasmo—. Ya lo lastimaste. Eso lo hiciste desde el primer día en que nos insinuamos como algo más que simples mejores amigos. el día que tú y yo decidimos que era una súper idea acostarnos ¿O ya se te olvidó eso también?
—¡Basta! —grité, sintiendo cómo se me quebraba todo adentro—. ¡Basta, Nathan! ¡No me hables como si yo hubiera querido que todo esto pasara!
Él se quedó mirándome, respirando fuerte.
—Hay que asumir lo que hicimos —dijo finalmente, más bajo, más humano—No vamos a repetir ese maldito ciclo de huir cuando la cagamos. ¿Te das cuenta del desastre que puede ser esto? Hay que asumir la responsabilidad. Y la primera es hablar con Alex.
—No puedo —susurré—. No puedo…
Las lágrimas me caían sin control.
No podía respirar.
No podía pensar.
Nathan me miró largo rato. Luego se acercó, apagó el cigarrillo en la ventana y volvió hacia mí.
Se agachó un poco para quedar a mi altura.
—Sofía… —su voz se suavizó, pero su expresión seguía tensa—. Sé que estás asustada. Yo también lo estoy. Estoy cag*do de miedo, ¿ok?—Tragó saliva—Pero no estás sola. Aunque solo me consideres un amigo. Aunque no estes enamorada de mi. Yo… no te voy a dejar sola en esto.
Y entonces me tomó del rostro con ambas manos. Sus dedos estaban fríos. Los míos, temblando.
—Solo prométeme que no vas a hacer nada sin hablarlo conmigo antes —susurró—. Dame…dame tiempo para procesar esto. Es la mejor… la peor… no sé, mierda… es una noticia enorme, Sofía.
Yo solo lloré más fuerte.
—No se lo digas a nadie —logré decir—. Por favor. Nadie más. No puedo… no estoy lista.
Nathan asintió, aunque sus ojos brillaban de mil emociones.
—Está bien —dijo con un suspiro profundo—. Es tú tiempo… y lo respeto.
Y entonces, despacio, me acarició la mejilla con el pulgar. Su rostro mostraba miedo, confusión…Luego, después de unos minutos en silencio, más despacio, más humano, murmuró:
—Mírame, Sofi.
No pude.
—Sofía… —se acercó un poco más—. Mírame.
Levanté la cabeza despacio. Sus ojos estaban rojos, pero firmes. Como si ya hubiera tomado una decisión dentro de él.
—No voy a dejarte sola en esto —dijo en voz baja, pero segura—. No voy a desaparecer. No voy a huir. A pesar de todo esto… es la mejor noticia que podría haber recibido. Aunque tenga miedo, aunque no sepa qué carajos estoy haciendo… quiero estar aquí.
Su mano rozó mi brazo, apenas.
—Quiero estar para ese bebé. Y… para ti. Como sea. Como pueda.