La lluvia caía suavemente sobre los ventanales de la mansión Torres.
Liliana Pérez estaba sentada en la sala principal, con las manos entrelazadas sobre su regazo. La luz tenue de la lámpara iluminaba su rostro tranquilo, aunque por dentro su corazón latía con fuerza.
Habían pasado cinco años desde que se convirtió en Liliana Torre..
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Encuentro inesperado...
La luz del sol entraba por las enormes ventanas del salón, iluminando las nuevas cortinas y las plantas que Liliana había colocado el día anterior.
La casa ya no parecía un lugar vacío.
Ahora parecía… habitada.
Liliana estaba en la cocina preparando café.
Todavía no se acostumbraba a la idea de vivir allí.
Cada vez que caminaba por los pasillos enormes sentía que estaba dentro de la casa de otra persona.
Y, en cierto modo, así era.
Escuchó pasos detrás de ella.
Dominic apareció en la puerta de la cocina.
Llevaba una camisa blanca y el cabello ligeramente húmedo.
Liliana levantó la mirada.
—Buenos días.
Dominic se acercó a la barra.
—Buenos días.
Liliana sirvió café en dos tazas.
—No sabía si tomabas café.
Dominic tomó la taza.
—Tomo demasiado.
Liliana sonrió levemente.
—Eso explica por qué trabajas tanto.
Dominic no respondió.
Pero la observó.
Había algo extraño en verla en su cocina.
Algo que todavía no terminaba de entender.
Nunca había compartido su espacio con nadie.
Nunca.
Y sin embargo, ahora esa mujer caminaba por su casa como si siempre hubiera estado allí.
—Tengo que salir hoy —dijo Dominic. _ Liliana asintió.
—Yo también. _ Dominic levantó una ceja.
—¿A dónde?
Liliana bebió un poco de café.
—A comprar algunas cosas para terminar de decorar.
Dominic apoyó la taza.
—Puedo enviar a alguien.
Liliana negó.
—Prefiero hacerlo yo.
Dominic la miró unos segundos.
Luego asintió.
—Bien.
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Horas después…
Liliana caminaba por un elegante centro comercial.
Tenía varias bolsas en las manos.
Había comprado cuadros, velas y algunos detalles para el jardín.
Estaba distraída observando un escaparate cuando escuchó una voz familiar detrás de ella.
—¿Liliana? _ Haciento que lentamente se gire.
Y lo vio.
Miguel.
Estaba a pocos metros de ella.
Sus ojos estaban abiertos por la sorpresa.
—Liliana… —repitió.
Liliana sintió un pequeño nudo en el pecho.
Habían pasado dos años.
Dos años desde la última vez que se vieron.
Miguel se acercó lentamente.
—No pensé que volvería a verte.
Liliana intentó mantener la calma.
—Hola, Miguel.
Él la observó con atención.
Como si quisiera confirmar que realmente era ella.
—Estás… diferente.
Liliana sonrió ligeramente.
—Han pasado dos años.
Miguel bajó la mirada hacia las bolsas que llevaba.
—¿Vives cerca?
Liliana dudó un segundo.
—Sí.
Miguel asintió lentamente.
—Yo también.
Un silencio incómodo apareció entre ellos.
Miguel parecía querer decir algo más.
Pero no sabía cómo empezar.
—Liliana… yo…
En ese momento el teléfono de Liliana vibró.
Miró la pantalla.
Dominic.
Su corazón dio un pequeño salto.
Miguel notó el nombre.
Sus ojos se estrecharon ligeramente.
—¿Dominic?
Liliana levantó la mirada rápidamente.
—Sí… trabajo con él.
Miguel frunció el ceño.
—¿Con Dominic?
Liliana asintió.
—Sí.
Miguel parecía sorprendido.
—No sabía que ustedes se hablaban.
Liliana forzó una pequeña sonrisa.
—Las cosas cambian.
El teléfono seguía vibrando.
Liliana lo contestó.
—¿Sí?
La voz de Dominic fue tranquila.
Pero directa.
—¿Dónde estás?
Liliana se apartó un poco.
—En el centro comercial.
—Voy a recogerte.
Liliana miró rápidamente a Miguel.
—No es necesario.
Dominic respondió.
—En diez minutos estoy allí.
La llamada terminó.
Liliana suspiró.
Miguel la observaba con atención.
—¿Dominic viene?
—Sí.
Miguel se quedó pensativo.
—Eso es… raro.
Liliana sintió que su corazón empezaba a acelerarse.
—¿Por qué?
Miguel respondió con sinceridad.
—Porque mi hermano no recoge a nadie.
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Diez minutos después
Un auto negro se detuvo frente al centro comercial.
Dominic bajó.
Su mirada recorrió el lugar… hasta encontrarla.
Pero no estaba sola.
Dominic vio a Miguel de inmediato.
Su expresión no cambió.
Pero algo en su mirada se volvió más frío.
Caminó hacia ellos.
Miguel levantó la vista.
—Dominic.
Dominic se detuvo frente a Liliana.
Primero la miró a ella.
Luego a Miguel.
—Hermano.
El ambiente se volvió pesado.
Liliana sintió la tensión entre ellos.
Miguel habló primero.
—No sabía que ustedes trabajaban juntos.
Dominic respondió con calma.
—Hay muchas cosas que no sabes.
Miguel frunció ligeramente el ceño.
—Parece que sí.
Dominic tomó algunas de las bolsas de Liliana.
El gesto fue natural.
Demasiado natural.
Miguel lo notó.
—No sabía que ayudabas a tus empleadas con las compras.
Dominic lo miró fijamente.
—Liliana no es una empleada cualquiera.
Miguel se quedó en silencio.
Algo en su interior comenzó a incomodarlo.
Había algo extraño en esa escena.
Algo que no encajaba.
Pero aún no podía entender qué era.
Dominic abrió la puerta del auto.
—Sube.
Liliana obedeció.
Miguel observó todo.
Cuando el auto se alejó, Miguel seguía mirando la calle.
Su mente no dejaba de repetir la misma pregunta.
¿Por qué Dominic actuaba de esa manera con Liliana?
Porque si había algo que él sabía con certeza…
era que su hermano nunca había soportado a esa mujer.
Pero ahora…
todo parecía diferente.
Y Miguel comenzaba a sospechar que algo muy importante estaba ocurriendo…
a sus espaldas.