Antonio Kühne llega a la ciudad con un único propósito firmar un contrato con la familia Blackmore.
Émily Blackmore, universitaria, hija del empresario Joseph Blackmore. Creció con el amor de sus padres, pero con la llegada del nuevo socio de su padre todo cambiara.
secretos muy oscuros seran revelados, infidelidades, surgirá un amor netamente prohibido.
NovelToon tiene autorización de stefy.R para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 8
— Emily — me gritan desde lejos.
Yo volteo rápidamente, y veo que es una chica bajita que va a clases de cálculo conmigo, pero no me sé su nombre, solo la reconozco por su carita tímida y la forma nerviosa en la que siempre carga sus cuadernos.
— Dime — me doy la vuelta y le pregunto extrañada, porque jamás me ha buscado.
— Mira… yo había escuchado que a ti te gustaría — dice agitada, respirando como si hubiera corrido — entrar a la empresa BUV.
Mi tío trabaja ahí, y pues… yo no soy capaz por ahora, además tengo menos semestres que tú.
Tú sí puedes hacer prácticas — me explica, y me da ternura su voz dulce, tan delicada, como si me entregara un secreto importante.
Sería una gran oportunidad para mí, para mi futuro, para todo lo que quiero lograr.
— Perfecto, dime qué tengo que hacer — pregunto acercándome más a ella, sintiendo que el corazón me late fuerte.
— ¡Sí! — grita con emoción, casi saltando.
Muchas personas le tienen miedo a esa empresa por los jefes; dicen que son pesados, estrictos, y que cada rato despiden gente. Pero yo quiero probarme, ver de qué estoy hecha, demostrarme que puedo manejar cualquier parte donde me pongan, así sea la más difícil.
— Este es el número. Ellos miran tu hoja de vida, los jefes te harán algunas preguntas y ya. Enseguida te dicen si quedas o no — me dice entregándome un papelito.
— Listo, gracias por la oportunidad, de verdad te lo agradezco mucho — le doy un abrazo — ¿cómo te llamas?
— Me llamo Jessica — dice respirando hondo, como si le diera pena.
Qué emoción tengo ahora, siento como si todo estuviera empezando a moverse.
Llego a mi casa lista para contar la noticia.
Encuentro a toda mi familia almorzando y me siento en una de las sillas vacías, justo al lado de Elaya.
Pruebo el primer bocado y qué delicia, mi madre cocina increíble, todo lo hace con un amor que se siente.
— Les tengo una muy buena noticia — respiro hondo — la empresa BUV está necesitando empleados al parecer.
Ojalá que sí quede. Me pasaron un contacto y las entrevistas, por lo que leí, son el lunes — digo emocionada.
— Felicitaciones, hija — me dice mi madre con una sonrisa tierna.
— Ya era hora de que trabajaras — dicen mis hermanos al mismo tiempo, como si lo hubieran ensayado.
Ruedo los ojos, los miro mal y le meto un codazo a Elaya mientras actúo como si nada.
Él me devuelve la mirada, y ya se les acabó el chiste. Ahora está molesto.
Él es tan fácil de molestar, es hasta divertido.
— No — habla mi padre con ese tono seco.
— A esa empresa no vas a entrar. Busca otra — su mirada era fría, dura, como si algo se activara dentro de él.
¿Desde cuándo él me dice qué hacer a mí? ¿Qué le pasa?
— ¿Perdón? Estoy lo suficientemente grande como para saber dónde puedo trabajar. Además, es solo un trabajo, ¿qué podría pasarme, papá? — me levanto furiosa de la silla sin terminar de comer.
— Es mi vida — grito subiendo las escaleras.
— Emily, ya dije que no y punto — se levanta golpeando la mesa.
No digo nada.
Lo ignoro por completo y entro a mi cuarto. Voy a entrar a esa empresa, voy a cumplir mis sueños, y nadie me va a decir qué hacer, ni siquiera mi propio padre.
Se comporta tan raro… No sé qué tiene, qué oculta o qué pasa por su cabeza. Ha estado tan amargado últimamente.
Me miro al espejo y trato de suavizar mi rostro. Me voy a arrugar si sigo agarrando rabia.
Me tiro en la cama, busco mi hoja de vida y todo lo necesario.
Escribo al número de WhatsApp que me dieron, me mandan un correo, envío todo ordenadamente, como dice el mensaje, y aviso que ya lo envié.
“Listo, señora Emily. El lunes recibirá un mensaje con la hora que le corresponde. Que tenga buen día.”
Perfecto. Cierro el computador, lo pongo en su sitio y me dejo caer en la cama, deseando que todo salga bien.
Cierro los ojos y mi mente viaja sola, recordando ese día, ese lugar, esa hora… donde nos besamos.
Era el socio de mi padre, ¿cómo no conocerlo? Ese día había hombres deslumbrantes, pero él fue el que más me desequilibró.
Sus labios y lo atrevida que fui no tienen comparación. Me encanta ese hombre.
Pero jamás lo voy a admitir.
Se nota que es de los típicos: “te follo y te dejo”.
Y ahora resulta que es el dueño de la empresa donde quiero entrar.
Aunque no creo que vaya a verlo, seguramente quedaré en un puesto muy bajo.
Lo cual sería excelente, la verdad no me importa el puesto.
Al día siguiente.
Entro, como de costumbre, a la universidad y voy directo al comedor.
Me cancelaron las clases y no vi el mensaje, así que me quedaré hasta la siguiente clase.
Llamo a Magnus y a Joset para que me acompañen; ellos siempre llegan tarde a todo.
Al cabo de unos treinta y cinco minutos llegan.
— Víbora — me saludan y se sientan en frente mío.
— Le dije a mi padre que iba a entrar a la empresa BUV y curiosamente no quiere — les confieso.
— Pero ya te conocemos, y ni él te va a decir qué hacer — recalca Magnus, imitando mi voz exageradamente.
— ¿Qué haces tanto en el celular, Joset? — le arranco el celular de las manos y chismoseo.
Le veo los primeros chats y todas son mujeres.
— Ya andas haciendo promesas falsas, pero por tres — me burlo.
Estos nunca van a cambiar, y lo curioso es que me da rabia que sean así, pero no les puedo decir nada.
Eso sí, si llego a tener un hijo, lo voy a criar como se debe.
— Si Dios quiere, promesas falsas por cinco — levanto la ceja.
— Ustedes no tienen arreglo — los miro con frustración.
Magnus es igual, solo un poquito menos que Joset, pero al final los dos son la misma joyita encantada.
— ¿Cómo van las cosas con tu papá? — pregunto a Magnus, concentrándome en él.
— Por ahora todo está normal, pero no me dirige la palabra casi.
Creo que me mudaré cuando consiga trabajo o cuando esté haciendo las prácticas — dice, y Joset deja el celular para escucharlo.
— Creo que sería lo mejor, pero cuentas conmigo para lo que necesites, Magnus — acerco mi mano a él — cualquier cosa que necesites, estaré contigo.
— Estaremos — agrega Joset — conmigo cuentas igual. En mi casa hay un cuarto, no te cobraré. Piénsalo bien.
— Gracias — dice simplemente. Ellos no demuestran afecto con palabras, son más de acciones.