En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."
En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".
Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.
En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.
¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?
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Capítulo 14
La mansión Volkov no era solo una estructura de hormigón y cristal; era un organismo vivo que respiraba al ritmo de la furia de sus dueñas. Tras el descubrimiento del archivo "Sustituta 01", el aire en los pasillos se había vuelto tan denso que los sirvientes caminaban pegados a las paredes, temiendo que una chispa desatara la combustión espontánea de las feromonas de Alessandra.
Fabiana estaba de pie en el centro de la habitación principal, con el pecho subiendo y bajando por la agitación. A sus pies, los papeles que revelaban su origen como un "objetivo genético" seguían esparcidos como cadáveres de una confianza que nunca terminó de nacer.
—¡Fuera! —gritó Fabiana, señalando la puerta con un dedo tembloroso—. No me importa quién seas, no me importa que seas la mujer más poderosa del mundo. Esta noche no duermes aquí. ¡Vete a la habitación de invitados, a la perrera o al infierno, pero fuera de mi vista!
Alessandra la miró con una mezcla de fascinación oscura y rabia contenida. Sus ojos grises, usualmente gélidos, centelleaban con una promesa de castigo, pero el llanto lejano de la pequeña Daniela en la cuna la hizo frenar.
—Soy la dueña de esta casa, Fabiana —dijo Alessandra, su voz era un trueno bajo—. No me echas de mi propia cama.
—Esta ya no es tu cama, es mi territorio —escupió Fabiana, acercándose hasta que su frente chocó con la barbilla de la Alpha—. Me usaste. Me cazaste como a un animal de laboratorio. Si quieres que este "contrato" siga adelante, vas a aprender que una Omega del Cinturón prefiere morir de hambre antes que dormir con su cazador. ¡Vete!
Con un gruñido que hizo vibrar los cristales de la suite, Alessandra dio media vuelta y salió, azotando la puerta con una fuerza que desprendió trozos de yeso del marco. Por primera vez en cuarenta y cinco años, la "Viuda de Hierro" había sido expulsada de su propio santuario.
Dos horas después, amparada por la oscuridad y usando un canal de comunicación encriptado que Ivanov le había facilitado, Fabiana se escabulló hacia el ala este, fingiendo que iba a revisar a la bebé. En realidad, se encerró en el baño de servicio y activó un dispositivo de realidad aumentada.
La figura de Ivanov apareció frente a ella, su rostro quemado brillando con una luz azulina.
—Sabía que vendrías a mí, Fabiana —siseó Ivanov—. ¿Duele saber que eres solo un experimento exitoso?
—Cierra la boca —respondió Fabiana con una frialdad que sorprendió al traidor—. Acepto. Trabajaré para ustedes. Les daré los códigos de acceso a las cuentas de energía de los Volkov y les entregaré la ubicación de los servidores privados. Pero quiero una garantía: si Alessandra cae, mi hija y yo nos quedamos con el 50% de los activos.
—Lo que quieras, pequeña rata —sonrió Ivanov—. Solo danos la entrada.
Lo que Ivanov no sabía era que Fabiana estaba grabando cada milisegundo de la conversación. No era lealtad a Alessandra lo que la movía, era su instinto de supervivencia. Sabía que Ivanov y Dante la desecharían en cuanto tuvieran el poder. Su plan era simple: fingir que los ayudaba, dejar que destruyeran las defensas de Alessandra, y luego usar las pruebas de su extorsión (amenazas de muerte contra Daniela que Ivanov ya había deslizado en mensajes previos) para entregarlos a la policía internacional y quedarse con el imperio limpio.
"Yo ser pobre, ni muerta", se repitió mentalmente. "Y mi hija no será el títere de nadie".
Al día siguiente, la tensión se multiplicó con la llegada de los parientes de Alessandra: los Volkov de la rama siberiana. Tres Alphas de pura sangre y una Omega anciana que controlaba los diamantes en el Este. Vinieron a conocer a Daniela, la nueva heredera, pero su verdadera intención era oler la debilidad.
La cena fue un campo de minas. Alessandra y Fabiana se sentaron en extremos opuestos de la mesa. La familia observaba.
—Alessandra —dijo el tío Boris, un hombre con cicatrices de oso en el cuello—, los rumores dicen que tu Omega te tiene durmiendo en el ala de invitados. ¿Has perdido los colmillos o es que el Cinturón tiene veneno?
Alessandra apretó su copa de vino hasta que el cristal crujió.
—Fabiana está pasando por un proceso de adaptación postparto —mintió Alessandra, aunque su mirada se clavó en la de su esposa—. Pero no te equivoques, Boris. Lo que es mío, sigue siendo mío.
Fabiana no se quedó callada. Levantó su copa, luciendo el anillo de diamantes negros.
—Lo que es suyo, Boris, es lo que yo le permito tener. En esta casa, el apellido es Volkov, pero la estrategia es mía.
Victoria Thorne, que estaba invitada a la cena junto a Lucía para mantener las apariencias, intercambió una mirada de preocupación con Alessandra. Eran mejores amigas desde la infancia, y Victoria sabía que Alessandra estaba al borde del colapso.
—Alessandra —susurró Victoria cuando se quedaron solas en el balcón mientras los demás conocían a la bebé—, ten cuidado. Lucía me ha dicho que Fabiana ha estado muy tensa. Hay algo que no nos está contando.
—Ella sabe lo del archivo —confesó Alessandra, mirando hacia la ciudad—. Me odia, Victoria. Y lo peor es que ese odio me hace desearla más que cuando creía que la controlaba.
—Protégela, pero vigílala —advirtió Victoria—. Lucía es mi prioridad, y si el imperio Volkov cae, se llevará a mi Omega con él. No dejaré que eso pase.
Tras la cena, la familia se retiró a sus suites. Fabiana entró en su habitación, encontrando a Alessandra esperándola en las sombras. No hubo palabras. El aire se saturó de inmediato con el olor a tormenta y vainilla agria.
Alessandra caminó hacia ella y la acorraló contra la puerta. Sus manos, grandes y ásperas, subieron por los muslos de Fabiana, levantando el vestido de seda.
—Me humillaste frente a mi familia —gruñó Alessandra, hundiendo sus dientes en la marca del cuello de Fabiana, no con suavidad, sino con un reclamo salvaje.
—Te di lo que mereces —respondió Fabiana, aunque sus piernas se envolvieron instintivamente alrededor de la cintura de la Alpha.
El encuentro fue una batalla de voluntades. Alessandra la llevó hacia la cama, pero Fabiana la empujó, obligándola a quedar de espaldas contra el colchón mientras ella tomaba el control. Fue una noche de seducción agresiva; besos húmedos que eran castigos, nalgadas que marcaban la piel blanca de la Omega y mordidas posesivas en los hombros.
—Dime que no estás planeando algo —jadeó Alessandra, mientras sus dedos se enredaban en el cabello de Fabiana, tirando con fuerza hacia atrás para exponer su garganta—. Dime que no me vas a traicionar.
Fabiana la miró a los ojos, su respiración entrecortada por la pasión salvaje que las unía.
—Si te traiciono, Alessandra, será porque tú me enseñaste que en este mundo no se ama... se conquista.
Se entregaron el uno al otro con una fascinación destructiva. En ese momento, mientras Alessandra la poseía con una urgencia que rayaba en la desesperación, Fabiana sintió una punzada de culpa. Pero luego recordó el rostro de Daniela y la amenaza de Ivanov. Tenía que seguir con el juego. Tenía que ser la villana para salvar a su familia.
Mientras tanto, en un apartamento elegante pero frío en el centro de la ciudad, Elena y Roberto vivían su propio calvario. La relación era insoportable. Roberto no podía olvidar que Lucía no era suya biológicamente, y Elena no podía dejar de sentirse una extraña en esa vida de lujos pagada por la mujer que le robó el pasado.
—Deberíamos irnos —dijo Roberto, cojeando hacia la ventana—. Volvamos al Cinturón. Allí las mentiras eran más sencillas.
—No podemos, Roberto —respondió Elena, con los ojos llenos de tristeza—. Fabiana está en peligro. Y Lucía... Lucía es la heredera de un imperio que se está cayendo a pedazos. No podemos dejarlas solas ahora.
La trampa estaba lista. Fabiana fingía traicionar a Alessandra. Ivanov creía que tenía a la Omega perfecta. Y Alessandra empezaba a sospechar que su esposa era mucho más peligrosa de lo que sus experimentos genéticos jamás predijeron.
Continuará.....🔥
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