Morí una vez por ser quien era.
Reencarné en una historia donde el villano estaba destinado a caer.
El héroe eligió al omega correcto.
El mundo celebró.
Yo elegí al villano.
Sethiel, un omega que recuerda su vida pasada, decide quedarse al lado del hombre condenado por amar demasiado.
Un BL omegaverse oscuro sobre obsesión, elección y destino reescrito.
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CAPÍTULO 15 Cubierto de sangre
El error fue creer que Sethiel Raviel caminaba solo.
El segundo error fue creer que, incluso si lo hacía, retrocedería.
La noche había caído espesa sobre Blackthorne. No era una oscuridad amable, sino de esas que parecían pegarse a la piel, ralentizar los pasos y hacer que los sonidos viajaran más lejos de lo habitual. Sethiel avanzaba por uno de los corredores exteriores, regresando del patio oculto donde había entrenado hasta que los músculos le ardieron.
La camisa aún estaba húmeda de sudor.
La espada, envainada, pesaba con una familiaridad tranquilizadora.
No iba distraído.
Nunca lo estaba.
El primer movimiento fue casi imperceptible: una alteración mínima en el aire, un cambio en el ritmo de los pasos detrás de él. Sethiel se detuvo.
No se giró de inmediato.
—Salgan —dijo con calma—. Ya los noté.
El silencio duró un segundo de más.
Luego, tres figuras emergieron de la sombra. No llevaban emblemas visibles. No gritaban amenazas. Eran hombres acostumbrados a hacer el trabajo sucio sin testigos.
—No queremos hacer ruido —dijo uno—. Solo acompáñanos.
Sethiel giró lentamente.
—No —respondió.
Uno de ellos sonrió.
—Eres un omega —dijo—. No hagas esto más difícil.
Sethiel suspiró, casi con cansancio.
—Ese fue su tercer error.
La primera hoja se movió rápido. Demasiado rápido para alguien que esperaba miedo.
Sethiel reaccionó sin pensar. La espada salió de la vaina con un sonido limpio. No retrocedió. Avanzó.
El choque del metal resonó seco en el corredor. El atacante no esperaba resistencia frontal. Sethiel sí.
Desvió la hoja, giró el cuerpo y golpeó con el pomo en la sien del segundo hombre. El impacto fue preciso. Calculado. El cuerpo cayó sin ruido innecesario.
El tercero dudó.
Ese instante fue suficiente.
Sethiel no gritó. No pidió ayuda. El mundo se redujo a distancia, peso y respiración. La espada describió un arco corto, eficiente. Sangre caliente salpicó la piedra.
El primer hombre retrocedió, malherido.
—¡Mátalo! —escupió—. ¡Es solo un omega!
Sethiel avanzó.
—No —dijo—.
—Soy una decisión que no supieron medir.
La estocada final fue rápida. Definitiva.
Cuando el silencio volvió a instalarse, dos cuerpos yacían inmóviles. El tercero respiraba con dificultad, la vida escapándosele a borbotones. Sethiel lo observó un segundo más de lo necesario.
—Dile a quien te envió —dijo—
—que eligió mal.
La hoja descendió.
La sangre cubrió sus manos, su ropa, su cuello. Manchó la camisa clara, volviéndola oscura, pesada. El olor metálico llenó el aire. Sethiel respiraba agitado, pero firme. No había temblor en sus dedos.
No había arrepentimiento.
Draven llegó segundos después.
No corriendo.
No gritando órdenes.
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La escena se grabó en su mente con violencia brutal: Sethiel de pie, espada en mano, cubierto de sangre ajena, el pecho subiendo y bajando bajo la tela empapada, la mirada clara. Vivo. Intacto.
Hermoso.
Terrible.
—¿Estás herido? —preguntó Draven.
La voz fue baja. Controlada.
—No —respondió Sethiel—.
Miró los cuerpos.
—Ellos sí.
Draven avanzó despacio. No miró a los muertos. Miró a Sethiel.
—Te atacaron por mí —dijo.
—Me atacaron porque me subestimaron —corrigió Sethiel—.
—Eso habría pasado igual.
Draven levantó una mano. Dudó un segundo… y luego tocó.
No la sangre.
No la espada.
El rostro de Sethiel.
El pulgar se deslizó con cuidado por su mejilla, retirando una línea oscura. El contraste fue violento: piel caliente, gesto sorprendentemente delicado.
—Esto cambia las cosas —murmuró Draven.
—Siempre lo hizo —respondió Sethiel—.
—Solo ahora lo ves.
Draven apoyó la frente contra la suya, respirando el mismo aire cargado de hierro y sudor.
—No debí dejarte solo.
Sethiel negó despacio.
—No me dejaste —dijo—.
—Me respetaste.
El silencio que siguió fue distinto a todos los anteriores. No había tensión contenida. Había certeza.
—Van a intentarlo de nuevo —dijo Draven.
—Lo sé.
—Y la próxima vez no vendrán mal preparados.
Sethiel sonrió, cansado, feroz.
—Entonces será más interesante.
Draven cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, la decisión ya estaba tomada.
—No volverás a caminar sin que el mundo entienda lo que eres —dijo—.
Sethiel alzó la barbilla.
—Nunca quise ser ocultado.
—No —respondió Draven—.
—Serás reconocido.
Draven tomó la muñeca de Sethiel con firmeza y la bajó lentamente, alejando la espada. No fue una orden. Fue un gesto íntimo, cargado de significado.
—Ven —dijo—.
—Esto no termina aquí.
Mientras se alejaban, dejando atrás la sangre y los cuerpos, Draven entendió algo con una claridad brutal:
No deseaba a Sethiel Raviel a pesar de su violencia.
Lo deseaba por él.
Porque no había belleza más peligrosa
que un omega masculino que sabía matar
y aun así elegía quedarse.
lo mas importante es quererte amarte a ti mismo tal cual eres y aceptarte con tus defectos y virtudes con altas y bajas que nada es perfecto que solo se trata de ser feliz por cada decisión cada día cada noche que dios te sabiduría y convicción /Scream//Scream//Scream//Scream/por que soy una persona que ah dado todo y arriesgase por un amor y que es lo que es recibido decepción desamor tristeza con el Alma rota y no confiar en nadie mas /Blush//Blush//Blush//Blush/