¿Alguna vez te ha gustado tanto una persona que no puedes aguantar las ganas de verla y la tienes presente en tu mente todo el día?
Ese es el caso de Amanda. Desde que conoció a Mauricio; personal de mantenimiento en su casa, quedó flechada instantáneamente con su voluptuoso cuerpo y forma de ser. No obstante, tratará de conquistarlo cueste lo que le cueste. Pero muchas veces no todo lo que se quiere se puede tener... ¿O tal vez sí?
¿Será que su amor será correspondido algún día?
¿A qué se deberá enfrentar Amanda para ganar su corazón?
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TODO DE TI
—¿Qué dices, Amanda? Aún eres muy joven para estar pensando en esas cosas.
Me siento de vuelta en la mesa, en busca de descansar un poco.
—Si el que no quieres eres tú, no tienes que dar la excusa de mi edad, puedes simplemente decir: no me interesa — sonrío.
—No confundamos las cosas. Lo que acaba de pasar entre los dos ha sido algo del momento. No mezcles la atracción física con el amor, porque no es lo mismo.
—¿Y qué te hace pensar que solamente es una atracción física? Es cierto que me gusta tu apariencia, incluso lo que acaba de pasar, pero también hay más cosas. Si fuera solamente algo momentáneo o una simple atracción, no estaría pidiéndote eso.
—Amanda, yo ya estuve casado y para serte honesto, no tengo interés en volver a estarlo.
—Por ahí debiste comenzar. Lo comprendo, no te preocupes — me bajo de la mesa en busca de mi traje de baño.
—¿Estás molesta?
—No, no estoy molesta — me pongo ambas piezas del traje de baño y camino hacia la puerta de la casita—. Gracias por haber hecho mi sueño realidad, Mau. Estoy feliz de haberte tenido, aunque haya sido solo por un corto tiempo — sonrío, antes de salir y caminar hacia la piscina.
Sabía que solo me ve como una adolescente con las hormonas revueltas y por eso no toma en serio mis palabras. Independientemente de la atracción física que siento por él, hay más cosas que me atraen. Se supone que esté feliz porque al menos pude estar con él, pero la felicidad me ha durado muy poco. Supongo que debo atesorar y guardar únicamente en mi memoria lo que sucedió.
El resto de la tarde la pasé sola en la piscina, no quise ir a mi cuarto porque Mau estaba allá y no quiero interrumpirlo. Ya conoce mis sentimientos, así que debo al menos agradecerle a mi amiga porque, gracias a sus consejos tuve esa gran oportunidad. Ya va a ser hora de la comida, será mejor que la prepare.
Entro a la casa a preparar comida, luego de haberme secado lo más que pude con la toalla. Llevo la comida a la mesa y llamo a Mau para que se una.
—Buen provecho.
—No me gusta verte así, Amanda.
—¿Así como? ¿En traje de baño?
—Con ese ánimo.
—Estoy bien. Solo me duele un poco el cuello y las piernas, pero no es tu culpa. Bueno sí lo es, pero sarna con gusto no pica — sonrío, centrando la mirada en la comida.
Son de esos dolores que vale la pena soportar.
—No quiero que pienses que solo jugué contigo.
—Será mejor dejar el tema ahí y no mencionarlo más. Solo puedo disculparme por haber dañado el momento con mi estúpido pedido. Ya sé que no me crees una sola palabra porque para tus ojos no soy más que una adolescente con hormonas revueltas; una chica incapaz de hablar en serio y enamorarse.
—Yo en ningún momento dije eso.
—Tal vez tienes razón en que soy una niña inmadura que apenas se está enfrentando a la vida, pero esta niña también tiene sentimientos. No te estoy pidiendo que me veas de la misma manera que yo te veo, pero al menos no dudes de lo que siento, porque eso duele más que el haber sido rechazada.
—Lo siento.
—No te disculpes. Ya todo pasó. Come, no dejes que se enfríe la comida.
—Tienes que saber que no soy un chico de tu edad, tengo mis responsabilidades y no estoy solo, tengo una pequeña que necesita de mí. Eres una chica muy hermosa, capaz de encontrar a un hombre sin compromisos, sin responsabilidades, mucho más joven, que vele por ti y te haga feliz.
—Estoy consciente de eso, créeme. Pero jamás he visto todo eso como un impedimento. Siempre me has gustado aun sabiendo todo eso y no por esa razón mis sentimientos van a cambiar. Come, olvidemos esto.
—Tú me gustas mucho, Amanda. Es solo que es difícil y no sé si esté preparado para las consecuencias que esto pueda traer consigo. No quisiera involucrarme sentimentalmente de nuevo con alguien y que esta vez suceda lo mismo.
—¿Yo gustarte? — cuestiono sin poder creer lo que dice.
—¿Crees que si no me gustaras, estaría disculpándome y tratando de arreglar las cosas contigo? ¿Crees que si no me gustaras, te hubiera hecho todo lo que te hice allá atrás?
—Qué rico. Pero espera, ¿yo gustarte? — vuelvo a preguntar, tras la sorpresa.
—¿No se me nota?
—Yo… no sé qué decir. No puedo creer lo que escucho.
—No entiendo por qué no puedes creerlo.
—Entonces si es así, con más razón debes casarte conmigo.
—Eres una mujer muy extraña — controla la risa—. ¿Qué mujer le pediría matrimonio a un hombre?
—No es la primera vez que escucho ese término, pero insisto. Si me gustas, yo te gusto y nos gustamos, entonces quiero que como prueba de lo que dices, me dejes estrujar mi cara en tu panza.
Me mira sorprendido por unos instantes y sonríe nervioso.
—¿Por qué me parece que de momento te has puesto extrañamente energética y emocionada con la idea? Falta el rabo para que lo muevas de un lado para otro. Tus confesiones y pedidos me ponen nervioso. ¿Qué traes tú con esto?
—Hoy no tuve oportunidad de hacerlo, así que me gustaría contar con tu permiso.
—¿Es eso una fantasía?
—Sí, me gusta todo de ti, Mau, Mau — sonrío ladeado.