"...En un mundo dónde la magia es posible, hadas, dragones, brujas y magos. Dónde las princesas con bellos vestidos son felices al cuidado de su príncipe azul, existió un reino gobernado por una pareja de reyes que se amaban mutuamente.
La paz reinaba hasta que un día un malvado brujo de cabellos de plata quiso hacerse del reino y de la bellísima primera princesa..."
Fue una novela que Nick leyó para transformar su mundo por completo.
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Reina de Eclipse
Los dragones rugen en la montaña en celebración; sin embargo, no es una victoria completa, el Emperador Dragón está herido.
-Esta victoria es prueba de que los dragones somos superiores a cualquier criatura.- Khalerion declara con una voz imponente y se acerca a Brante. -Nuestra arma más letal ha sido herida.- Mantiene una sonrisa que enfurece al emperador.
-Por el momento estás a salvo jefe del consejo.- Susurra y se adentra a su palacio en espera de Argolux.
Desde las sombras de la habitación privada del emperador, Khalerion observa como el pequeño Argolux extiende sus manos, emanaban luz ambar y plateada, era el poder de la Reina de Eclipse.
-Aunque mi hermana está lejos no deja de cuidarnos junto a papá.- Dijo el niño mientras veía curar la carne chamuscada por la magia negra. -Descansa Padre.- El pequeño niño se recuesta en el nido de pieles junto a Brante buscando su calor.
El emperador era consciente de que el consejo cerró las fronteras, prohibiendo el paso a los médicos que mandó a llamar Obsidius el dragón, su único hombre de confianza en el palacio, pero era imposible parar a la magia de su familia en Luna de Plata.
-Si no fuera por ese brujo, este bastardo volvería a ser mi títere. Ahora mi problema es el heredero, no lo puedo tocar, si esto continúa así mis planes no saldrán como quiero. Inaceptable.- Khalerion desaparece en las sombras. No contaba con que el espíritu de búho lo vigilaba.
Brante y Argolux suspiraban aliviados al sentir la calidez de su familia lejana. En ese momento pudieron dormir.
Al día siguiente el jefe de consejo irrumpe en la cámara privada del emperador, con pasos agigantados y ojos de brasa se fijan en el resplandor que emana el niño de sus manos.
-Esa magia extranjera en el corazón de la montaña es un insulto.- Ruge Khalerion. -Si no retiras ese escudo del niño, yo mismo lo haré y no será lindo de ver.- Apunta al niño con sus uñas negras. -No permitiré que el Brujo trate de gobernarnos a través de tu hijo.-
De manera inmediata el dragón herido se levanta parándose frente al anciano. Su mirada de oro líquido brilla de tal manera que Khalerion no se lo esperaba.
-Te equivocas, esta no es magia de mi Brujo de Plata, es magia heredada por parte de sangre de plata y mercurio al comento de su nacimiento, además si le haces un solo rasguño, estarías atentando contra la línea sucesora de la montaña.
Kaito ya ha informado que gracias a esta magia su líder se recuperó y tuvo una pequeña ventaja en la batalla. Dime que hacías cuando una ballesta apuntaba a mi cabeza, sabes que gracias a esta magia sigo aquí.- Se acercó más a la cara del anciano. -Al consejo le gusta vivir de las apariencias. No lo olvides.-
-Únicamente por esta vez la política te respalda. No será así por siempre.-
A miles de kilómetros en Luna de Plata, Solana y Nick suspiraban en alivio.
-Esta batalla política aún no termina papá.- Solana apretaba los puños.
Dos años han pasado desde la batalla con el Rey Demonio, suficiente para que Brante hiciera cambios en Picos de Obsidiana.
Su heredero no solo restauró el linaje, sino que también se convirtió en un faro de luz para su estirpe.
Solana ya una mujer derrocha elegancia, piel y ojos como los de su padre el brujo, pero en su cabello delata la herencia del sol, su vestido tejido de con hilos de luna y plata que contrasta con la oscuridad del lugar. No es una guerrera en este momento sino la voz de un reino aliado. Junto a su comitiva avanza en el Palacio del Dragón, observando sus paredes de obsidiana pulida, puertas de hierro y acero que solo un dragón puede mover, techos de oro y el piso cubierto de alfombras carmesí qué la guían hasta el trono.
A ambos lados del pasillo, jóvenes dragones con armaduras de acero y oro en su forma híbrida. Al levantar su vista ve a su padre con una fuerza absoluta, ya no está cansado y a su lado el heredero, su hermano, su mirada ya posee autoridad y elegancia como quien ha sido educado para gobernar.
La visita de Solana es el inicio de la unión política entre el magnetismo lunar y el fuego dorado.
Luego de todo el protocolo diplomático y palabras vacías del consejo de dragones las puertas se cierran. Ahora se siente el aroma familiar del hogar.
-¡Solana mi hermanita!- un susurro cargado de anhelo.
La joven lo recibe en brazos haciendo que el tiempo se detenga, y apoya su cabeza en el hombro, igual que como cuando era un pequeño dragón.
-Has crecido mi bebé.- Solana acariciaba su cabello notando pequeñas escamas en su piel.
Brante los observaba en silencio con ojos enternecidos que antes eran dos brasas de autoridad. Se acerca haciendo vibrar el suelo.
-Hija mía... eres la luz que esta montaña necesita.- Argolux se aparta ligeramente aun sosteniendo la mano de Solana. El dragón mayor extiende sus brazos con delicadeza para recibir a su hija.
-Hueles a ceniza y tormenta. Te extrañé padre.- Solana vuelve a ser la pequeña chica que encontró refugio en Nick y esas dos bestias de fuego.
-Papá te ha enviado un mensaje.- El aire se vuelve pesado, cargado de electricidad estática, prisma emite la voz de Nick, directo y conciso.
-Mi Emperador de escamas y fuego, el concejo de dragones sabe que no puede controlar nuestra unión y por eso utilizan tu corona como cadenas. Declaro la guerra al consejo. Voy a luchar por un mundo dónde nuestra familia no tenga que pedir perdón por existir. Espérame mi amor porque voy a quemar el mundo.-
Al terminar el mensaje el prisma estalla en centellas plata-azulada.
-Este mundo cruel no merece el corazón tan puro de ese necio. Él ya viene por nosotros.- Finalmente habla el emperador.
-Él está dispuesto a todo por nuestra familia.- Dice Argolux. -Si papá está dispuesto a derribar las columnas del consejo, yo me encargo de que nadie recoja los escombros.-
-Hija mía dile a tu padre que mi fuego está listo para fundirse en su plata.- Declara Brante.
-Solo ha sido un teatro montado todo sobre la embajada, es hora de la revolución familiar.- Sentencia La Reina de Eclipse.
que le isieron ?